El FMI recorta al 3% el crecimiento mundial y avisa: la guerra en Oriente Próximo dispara la inflación

España mantiene un crecimiento del 2,1% y se consolida como uno de los motores de la eurozona, aunque los riesgos geopolíticos amenazan con descarrilar las previsiones. La reapertura del estrecho de Ormuz, ahora en duda tras las palabras de Trump, es clave para contener la inflac

El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha recortado su previsión de crecimiento mundial para 2026 hasta el 3%, una décima menos de lo que anticipaba en abril, y advierte de que la escalada de la guerra en Oriente Próximo puede disparar la inflación y lastrar la recuperación.

La nueva proyección supone medio punto menos que el avance registrado el año pasado (3,5%). Para 2027, sin embargo, mejora sus estimaciones al 3,4%, dos décimas más que en abril, confiando en que el conflicto en el Golfo Pérsico se disipe.

Publicidad

El informe del Panorama Económico Mundial (WEO) describe dos fuerzas contrapuestas sobre la economía global: la inestabilidad por la guerra y el impulso del ciclo tecnológico ligado a la inteligencia artificial. Los países exportadores de energía situados fuera de la zona de conflicto, como Estados Unidos, se benefician, mientras que los importadores con escasa participación en la cadena de valor tecnológica —muchas naciones de bajos ingresos— sufren una desaceleración más intensa.

España, puntal de la eurozona con un 2,1%

El FMI mantiene sin cambios las previsiones para España: un crecimiento del 2,1% en 2026 y del 1,8% en 2027. Estas cifras contrastan con la estimación más optimista del Gobierno de Pedro Sánchez, que la semana pasada elevó al 2,6% el PIB esperado para este año.

Petya Koeva Brooks, subdirectora del FMI, destacó que la elevada cuota de energías renovables ha contribuido a la resiliencia de España y de que de que la demanda interna seguirá impulsando la actividad. Aun así, advirtió de que los riesgos se inclinan a la baja, al igual que para Italia, por la dependencia energética y la debilidad de las exportaciones netas.

El factor Ormuz: la amenaza de una nueva escalada inflacionista

La publicación de las nuevas previsiones coincidió con unas declaraciones incendiarias de Trump desde la cumbre de la OTAN en Ankara. El presidente estadounidense dio por ‘terminado’ el alto el fuego con Irán y cargó contra el régimen de Teherán. Las palabras provocaron un desplome de las bolsas mundiales y un repunte del precio del crudo.

La estabilidad de los precios energéticos depende de un estrecho que, esta misma semana, ha vuelto a convertirse en el epicentro del riesgo geopolítico global.

El FMI advierte que un nuevo conflicto se propagaría a través de un aumento adicional de los precios de las materias primas. La reapertura del estrecho de Ormuz, prevista para mediados de julio según el escenario base del WEO, ahora está en el aire. Los precios de la energía son aproximadamente un 25% más altos que antes de la guerra, y las reservas de petróleo ‘se acercan a mínimos plurianuales’.

Con todo, el organismo prevé que la inflación global alcance el 4,7% este año, tres décimas más que en abril, para luego descender al 3,9% en 2027. El mensaje sobre la independencia de los bancos centrales y la necesidad de estabilizar los precios parece dirigido al nuevo presidente de la Reserva Federal, Kevin Warsh, partidario de tipos más bajos a pesar de las tensiones inflacionistas.

Análisis: entre la IA y los riesgos geopolíticos

El FMI deja un titular inquietante: la economía mundial se enfría mientras el planeta se calienta. La guerra en Oriente Próximo está actuando como un lastre, pero el auge de la inteligencia artificial introduce una dinámica contrapuesta que no beneficia a todos. La fragmentación entre países que abrazan la tecnología y los que quedan rezagados se amplía, y los más pobres pagan el precio más alto en términos de inflación y menor crecimiento.

La advertencia sobre una posible corrección del mercado por una reevaluación de la rentabilidad de la IA añade otra capa de incertidumbre. Si estalla una burbuja, el impulso que ahora compensa parcialmente la guerra desaparecería, dejando al descubierto una economía global mucho más frágil de lo que sugieren los fríos números del WEO.

Mientras, el tablero geopolítico sigue moviéndose. Las palabras de Trump dejan claro que el alto el fuego es papel mojado y que el estrecho de Ormuz continuará siendo un arma de presión. La hoja de ruta del FMI, basada en una normalización gradual del tráfico marítimo, parece cada vez más alejada de la realidad. Si el bloqueo se intensifica y las reservas de petróleo se agotan, la inflación energética se disparará, los bancos centrales tendrán que elegir entre suavizar aún más el golpe o mantener la disciplina, y los hogares notarán el impacto en sus bolsillos.

En ese escenario, la resiliencia española, sustentada en renovables y demanda interna, se pondrá a prueba. De momento, las previsiones se mantienen, pero el margen de error es mínimo. El próximo boletín del FMI, en octubre, tendrá que digerir las consecuencias de una semana que puede haber cambiado las reglas del juego.


Publicidad