Las actas Fed suben los tipos: 3 gobernadores presionaron para subir en junio

El tono restrictivo gana adeptos dentro del FOMC, aunque el mercado laboral mantiene la cautela. Los bonos españoles y el euro descuentan ya un alivio monetario más lento en la zona euro.

La Reserva Federal se ha quitado la máscara. Las actas de la última reunión del Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC) de junio desvelan un debate interno más agrio de lo previsto: tres gobernadores votaron a favor de subir los tipos de interés en 25 puntos básicos, rompiendo la aparente unanimidad que se daba por descontada en el mercado. La cifra no es menor. En un comité donde el consenso suele imperar, el disenso explícito de tres de los siete miembros con derecho a voto refleja hasta qué punto el ala dura ha ganado terreno.

Las minutas, publicadas ayer con el retraso habitual de tres semanas, muestran que la mayoría del FOMC sigue dispuesta a mantener los tipos en el rango actual del 5,25% al 5,50%, pero con un asterisco enorme: si la inflación no cede —y los últimos datos de precios al consumo lo ponen en duda—, nuevas subidas están sobre la mesa. Varios participantes subrayaron que, si la economía evoluciona según lo previsto, sería apropiado endurecer la política monetaria antes de lo que se pensaba’, recogen las actas. Traducción libre: el ‘pivot’ hacia los recortes, ese que los mercados llevaban meses anticipando, sigue sin fecha.

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El fantasma de la inflación y un mercado laboral tozudo

La resistencia del mercado de trabajo estadounidense es el mejor argumento de los halcones. En mayo, la tasa de paro se mantuvo en el 3,7%, y los salarios repuntaron un 0,4% intermensual. A eso se suma un IPC subyacente que apenas se movió del 3,6% en mayo, muy por encima del objetivo del 2%. Con esos mimbres, los tres gobernadores —cuyos nombres las actas no desvelan— llevaron al pleno de la reunión su convicción de que la economía necesita un freno adicional. Perdieron la votación, pero el mensaje ha calado.

De hecho, el tono de las actas es más restrictivo que el comunicado oficial posterior a la reunión. Se mencionan riesgos alcistas para la inflación, incluidos los precios de la energía y la posibilidad de que las tensiones geopolíticas vuelvan a tensar las cadenas de suministro. El propio presidente Jerome Powell, que mantiene un perfil más prudente, reconoció en la rueda de prensa posterior que ‘no podemos descartar ninguna opción’.

El BCE ajusta su discurso al compás de Washington

Las repercusiones no se han hecho esperar al otro lado del Atlántico. El euro, que había repuntado en las últimas semanas, se depreció ligeramente tras la publicación de las actas, y la rentabilidad de los bonos españoles a diez años subió hasta el 3,45%, su nivel más alto desde marzo. La razón es tan sencilla como inquietante: si la Fed mantiene o incluso sube los tipos, el margen de maniobra del Banco Central Europeo para recortar se reduce drásticamente.

Christine Lagarde ya insinuó en la última reunión del BCE que la pausa en las subidas no significa que los recortes estén cerca. ‘Dependemos de los datos’, repitió. Pero los datos que importan ahora no son solo los de la inflación europea —que cae a trompicones—, sino también los que emanan del otro lado. Un diferencial de tipos excesivamente favorable a Estados Unidos debilitaría al euro y encarecería las importaciones de energía, justo lo contrario de lo que Fráncfort necesita para bajar los precios sin dañar el crecimiento.

El mercado ya no descuenta recortes en 2026, sino que asigna una probabilidad creciente a una nueva subida antes de fin de año.

Esa sensación se ha trasladado al mercado de deuda corporativa español. Las emisiones de bonos de empresas como Telefónica, Iberdrola o Santander se han encarecido ligeramente en las últimas sesiones, y los tesoreros comienzan a cubrirse ante un escenario de tipos altos durante más tiempo. ‘El coste de financiación para las empresas españolas será entre 50 y 80 puntos básicos más alto del que presupuestaban a comienzos de año si la Fed no afloja’, comentaba esta mañana un responsable de deuda de una gran energética.

Más sombras que certezas para el segundo semestre

Visto lo visto, el debate en la Fed no es si hay que actuar, sino cuándo. La división interna revelada por las actas deja claro que el fiel de la balanza podría inclinarse por un endurecimiento adicional si los datos de empleo de julio no aflojan o si la inflación repunta en verano. Y aquí surge la gran paradoja: cuanto más tiempo se mantengan los tipos altos, más riesgo existe de que la economía se enfríe en exceso a final de año.

En mi opinión, las actas envían una señal inequívoca: el famoso ‘Fed put’ —esa red de seguridad que los mercados daban por hecho— se ha debilitado. La prioridad hoy es la credibilidad antiinflacionista. Quien apueste en en contra puede llevarse una sorpresa. Las próximas semanas, con la publicación de los datos de inflación de junio y el PIB del segundo trimestre, serán decisivas para ver hacia dónde se inclina el tablero. Mientras tanto, en España los inversores harían bien en revisar los costes financieros de sus carteras y no dar por seguro que el ciclo de subidas haya terminado.

Una cosa sí parece clara: la próxima reunión del FOMC, el 30 y 31 de julio, no será de trámite. Y quien espere ver a Powell bajando la guardia, haría bien en leer dos veces las actas de junio.


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