Bancos españoles y Visa ejecutan las primeras compras reales con inteligencia artificial

BBVA, CaixaBank, Bankinter y Abanca estrenan con Visa una prueba piloto que automatiza pagos sin intervención humana, un hito en la banca europea. El proyecto sienta las bases para que los agentes de IA gestionen transacciones cotidianas de forma autónoma.

Cuatro gigantes de la banca española y Visa han materializado un hito que hasta hace poco parecía ciencia ficción: las primeras compras reales ejecutadas íntegramente por agentes de inteligencia artificial. BBVA, CaixaBank, Bankinter y Abanca, de la mano de la red de pagos, han cerrado con éxito una prueba piloto en la que un software autónomo gestionó transacciones sin intervención humana, marcando el pistoletazo de salida de los pagos delegados en Europa.

La operación inaugural, según ha podido confirmar esta redacción, fue ejecutada por Abanca y Visa. Un agente de IA —programado para seguir parámetros predefinidos como importe máximo, categoría de gasto y frecuencia— seleccionó y pagó un servicio digital de forma completamente autónoma. Las entidades no han desglosado el importe exacto, pero el piloto ha validado la viabilidad técnica del proceso de extremo a extremo.

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La tecnología que sustenta este ensayo se apoya en modelos de lenguaje avanzados integrados con las APIs de Visa. Los agentes de IA reciben una instrucción del usuario —por ejemplo, “compra material de oficina por menos de 50 euros cada mes”— y ejecutan la operación tras verificar identidad, fondos y cumplimiento normativo. El sistema no requiere la intervención humana en el momento del pago, aunque el titular mantiene el control para establecer límites y revocar autorizaciones.

El movimiento de la banca española se alinea con los planes de Visa, que en los últimos meses ha intensificado su apuesta por los pagos autónomos. La compañía anunció en 2025 una hoja de ruta para integrar agentes de IA en su infraestructura de pagos, y este piloto europeo es la primera ejecución real de esa visión. Mientras, gigantes como Mastercard también avanzan en pilotos similares con comercios en Estados Unidos.

Fuentes cercanas a la iniciativa señalan que el piloto se extenderá a otros comercios y escenarios durante el tercer trimestre, con la participación de más entidades financieras. El objetivo es evaluar la aceptación de los consumidores y perfeccionar los mecanismos de seguridad antes de un eventual lanzamiento comercial en 2027.

El verdadero salto no es que una máquina pague sola, sino que lo haga respetando los límites, las normas y la voluntad del usuario sin que este tenga que pulsar un botón.

Una alianza que redefine los roles en la banca minorista

La colaboración entre estas cuatro entidades y Visa no es casual: cada una de ellas lleva tiempo explorando la automatización de procesos de pago. BBVA y CaixaBank han invertido cientos de millones de euros en plataformas de inteligencia artificial generativa, mientras que Bankinter y Abanca han apostado por digitalizar la relación con el cliente de forma acelerada. El ensamblaje común con Visa permite estandarizar un protocolo que, hasta ahora, era terreno de pocos actores tecnológicos globales.

El impacto potencial sobre el negocio de las tarjetas es profundo. Si los agentes de IA gestionan los pagos recurrentes y las compras cotidianas, los bancos podrían liberar al consumidor de la carga operativa, pero también corren el riesgo de diluir su papel como intermediarios visibles. La clave estará en quién controla la relación con el cliente y en cómo se reparte el valor de las transacciones. Por el momento, Visa refuerza su posición como infraestructura de orquestación, y los bancos buscan mantener el front de la relación digital.

El camino hacia los pagos totalmente autónomos: luces y sombras regulatorias

Desde un punto de vista regulatorio, el despliegue de agentes de IA en pagos plantea interrogantes que el supervisor europeo todavía no ha resuelto. La normativa de servicios de pago (PSD3), cuya entrada en vigor está prevista para 2027, introduce la figura del “intermediario de datos” y establece nuevas exigencias de autenticación fuerte, pero no aborda explícitamente la delegación de decisiones de compra a un agente software. Los bancos implicados en el piloto han asegurado que los agentes operan bajo el paraguas de la autorización explícita del cliente, pero el debate sobre la responsabilidad en caso de error o fraude está lejos de cerrarse.

En paralelo, el desarrollo de los agentes de IA plantea un reto de confianza. Una encuesta reciente de Accenture revela que el 68% de los consumidores europeos desconfía de delegar decisiones de gasto en una máquina, incluso con salvaguardas. La experiencia del piloto en España será observada con lupa por el resto de la banca continental. Si los resultados son positivos y la regulación acompaña, podríamos asistir en en menos de una década a un ecosistema donde los pagos se ejecutan silenciosamente en segundo plano, como ya ocurre con las domiciliaciones, pero con un nivel de personalización y complejidad muy superior.

Eso sí, la verdadera prueba de fuego no será técnica sino cultural. Los bancos necesitarán demostrar que un agente de IA puede respetar los límites de gasto sin errores y que el usuario confía lo suficiente como para delegar. El piloto español es un primer paso sólido, pero el recorrido completo pasará por explicar, formar y —sobre todo— no fallar.


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