Por primera vez en la historia, un equipo de científicos ha logrado que una célula sintética —construida pieza a pieza a partir de componentes no vivos— crezca, copie su ADN y se divida. El hallazgo, liderado por la bióloga sintética Kate Adamala en la Universidad de Minnesota, se describe en un estudio aún pendiente de revisión por pares, pero supone uno de los pasos más ambiciosos hacia la vida artificial.
La célula, bautizada como SpudCell (en honor a las patatas, spuds en inglés, una broma del equipo), no está viva en ningún sentido estricto. Necesita un suministro constante de ribosomas y nutrientes externos, carece de defensas y no gestiona sus residuos. Aun así, demuestra que es posible ensamblar sistemas moleculares que imitan las funciones básicas de un ciclo celular. “Es un paso impresionante”, declaró Jack Szostak, estudioso del origen de la vida en la Universidad de Chicago y ajeno a la investigación, en declaraciones recogidas por Quanta Magazine.
El camino hacia esta proeza técnica comenzó en 2016, cuando Adamala imaginó una célula sintética completa. Para construirla, su equipo tomó como modelo lo que tienen en común todas las células vivas: crecen, replican su material genético, se dividen y evolucionan. Todo, dentro de una membrana lipídica que mantiene los componentes confinados.
Un cóctel de moléculas que imita el ciclo celular
Los investigadores desarrollaron un genoma sintético mínimo y prepararon “paquetes de suministro” con lípidos, azúcares, enzimas, ARN de transferencia y ribosomas, elementos esenciales para traducir las instrucciones genéticas en proteínas. La membrana celular se modificó con proteínas capaces de atraer estas vesículas y fusionarse con ellas, liberando el contenido en el interior. Tras meses de ajustes, la célula empezó a crecer y a replicar su ADN. Funcionaba.
Conseguir que una célula sintética copie su genoma y se parta en dos sitúa a la humanidad ante la posibilidad de fabricar vida desde cero.
El mecanismo que forzó a la célula a partirse en dos
Pero la división celular era otro cantar. Los investigadores anteriores habían conseguido alimentar y hacer crecer a las células sintéticas, pero dividirlas se resistía. “La biología sintética estaba atascada ahí”, reconoce el equipo. Para resolverlo, Adamala se inspiró en un trabajo del biólogo Reinhard Lipowsky, que demostró cómo etiquetar proteínas en la membrana puede atraer a otras proteínas que empujan y doblan la membrana hasta partirla. Modificaron una proteína de la SpudCell y, tras varios intentos, la célula se dividió. “Fue como: ‘¿De verdad he fabricado una célula que se divide?’”, rememoró la investigadora en un encuentro con Quanta.

El logro técnico es colosal. “Combinar todos estos sistemas es una proeza que puede marcar un antes y un después en la biología sintética”, afirmó John Glass, del Instituto J. Craig Venter, que no participó en el estudio. Aun así, las SpudCells no generan sus propios ribosomas, su genoma es diminuto y todavía dependen de un flujo artificial de nutrientes.
Entre el brillo y la cautela: ¿cuánto nos acerca a la vida artificial?
El siguiente reto es la evolución. Los científicos manipularon el ADN de la célula para inducir variabilidad genética y observaron que las células más grandes producían más descendencia. Un esbozo de selección en la población. Sin embargo, la enzima que copia el ADN era demasiado precisa: no introducía mutaciones significativas. Para que surja una auténtica evolución, se necesita una enzima con una tasa de error equilibrada, “al filo del caos”, como diría el bioquímico Stuart Kauffman. Sin esa mutabilidad natural, la célula no puede avanzar por sí sola hacia la complejidad biológica.
Además, la ausencia de un citoesqueleto limita la eficiencia de la división: la célula invierte mucha energía en reclutar proteínas para partirse. “Es un primer prototipo, como el avión de los hermanos Wright comparado con un Boeing 787”, explicó Adamala. Pero es justo esa versatilidad la que abre un horizonte inmenso. El equipo ha creado la organización sin ánimo de lucro Biotic para compartir sus herramientas y protocolos, con la esperanza de que, en décadas, estas células sintéticas sirvan para fabricar plásticos sin combustibles fósiles, fertilizantes o medicamentos.
La investigación, pendiente de la revisión por pares, deja claras sus fronteras. “Nadie ha construido ni de lejos una célula viva moderna”, advierte el texto. Aun así, cada paso —crecer, copiar, dividir— desmonta la frontera entre la química y la biología. Y, de paso, invita a preguntarse qué más puede hacer la biología.
🔬 Ficha del Descubrimiento
- Qué se ha descubierto: Una célula sintética construida completamente a partir de componentes no vivos que logra crecer, duplicar su ADN y dividirse.
- Dónde: Laboratorio de Kate Adamala en la Universidad de Minnesota (EE.UU.).
- Institución responsable: Universidad de Minnesota; estudio pendiente de revisión por pares.
- Cuándo: Anunciado el 1 de julio de 2026 en Quanta Magazine.
- Impacto a futuro: Abre la vía para fabricar plásticos, fertilizantes y fármacos sin depender de organismos vivos, además de permitir explorar cómo surgió la vida en la Tierra.




