Negocios TV: Antonio Alonso avisa de que Putin usará armas nucleares si es necesario

El analista Antonio Alonso desgrana en Negocios TV el riesgo de que Rusia recurra a su arsenal atómico si el conflicto ucraniano recuerda cada vez más al desastre afgano soviético.

Lo reconozco: cuando escucho a analistas como Antonio Alonso hablar sin tapujos sobre el riesgo nuclear, siento que el tablero geopolítico se ha vuelto más imprevisible que nunca. En su última intervención en Negocios TV, Alonso lanzó una advertencia que debería quitarnos el sueño: Vladímir Putin podría recurrir a las armas nucleares si percibe que es la única forma de evitar que la guerra en Ucrania acabe con Rusia como el conflicto afgano acabó con la Unión Soviética. Una tesis, cuanto menos, inquietante.

El eco de Afganistán y la lógica del último recurso

Alonso traza un paralelismo histórico que, a mí juicio, explica muchas cosas. La guerra de desgaste que ahora libra Moscú se parece cada vez más a la que hundió al imperio soviético en los años ochenta. Según el analista, si el Kremlin llega al convencimiento de que una derrota estratégica es inevitable, la tentación de usar su arsenal atómico —el más grande del mundo— pasará de ser una amenaza retórica a una opción real. No se trata de fanfarronería, insiste Alonso: en la Duma estatal ya se lo piden públicamente a Putin para que «se deje de sensibilidades y pegue un puñetazo sobre la mesa».

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Pero hay un matiz que me parece crucial. El arma nuclear, recuerda el experto, es una herramienta de última ratio: una vez utilizada, no hay marcha atrás. Y en un conflicto donde la asimetría de poder es tan acusada, la mera amenaza de emplearla puede estar funcionando como estrategia disuasoria mientras Rusia intenta aguantar el chaparrón económico y militar.

La economía de guerra, bajo presión por los ataques en profundidad

Porque el verdadero peligro para Rusia, subraya Alonso, ya no está solo en el frente de batalla. Ucrania ha cambiado de táctica y ahora golpea en profundidad refinerías y fábricas de armamento con drones —tecnología financiada en buena medida por Occidente—, lo que está provocando daños estructurales en la maquinaria energética rusa. Durante el programa de Negocios TV se mencionó que ya se ven colas kilométricas en Siberia por falta de suministro y que Rusia se ha visto obligada a vender crudo más barato porque no puede refinarlo.

Este deterioro económico no es anecdótico. Alonso recuerda que el nombramiento de Andréi Beloúsov como ministro de Defensa —un economista, no un militar— fue una señal inequívoca de que el Kremlin prioriza la sostenibilidad financiera de la guerra. La pregunta que yo me hago es: ¿hasta cuándo podrá Putin mantener el tipo si los ingresos energéticos se desploman y la industria armamentística empieza a flaquear? La respuesta, por desgracia, puede incluir la escalada nuclear que tanto tememos.

«Putin usará armas nucleares si es la única forma de evitar que acaben con Rusia».

— Antonio Alonso, en Negocios TV

Cuando Ucrania ya no es solo Ucrania

Otro de los puntos que más me ha hecho reflexionar es la afirmación de Alonso de que Ucrania, como Estado, prácticamente no existe. Según su análisis, el país no tiene dinero para pagar pensiones ni escuelas, ni capacidad para producir armamento propio. Todo lo que recibe —fondos, misiles, inteligencia— proviene de la OTAN y de la Unión Europea. «Al final te estás convirtiendo en una de las partes», advierte, y ese es el gran riesgo: un enfrentamiento abierto entre la Alianza Atlántica y Rusia que dejaría a Moscú en una posición muy complicada, obligándole quizá a hacer lo impensable.

Me parece significativo que en el mismo programa se mencionara la declaración del portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, sobre la importación de gas por primera vez desde la caída de la URSS. Es un síntoma de que algo se resquebraja en la fortaleza energética rusa, y que la guerra de desgaste también está pasando factura al gigante euroasiático.

Lecciones asimétricas desde Oriente Medio

El análisis de Negocios TV también dedicó un espacio a la tensión en el Golfo y al supuesto interés negociador de Trump con Irán. Alonso fue contundente: las supuestas conversaciones no son más que una cortina de humo, ya que la Casa Blanca sigue sin tener una estrategia clara, mientras Irán se ha consolidado como la cuarta potencia regional y ha demostrado que su verdadera bomba nuclear no es un misil, sino el estrecho de Ormuz, capaz de estrangular la economía mundial con un solo movimiento.

Aquí hay una lección de asimetría que se puede aplicar al tablero ucraniano. Como recordó otro de los contertulios, los actores más débiles no necesitan victorias militares aplastantes; les basta con aguantar y erosionar al adversario. Eso es precisamente lo que está haciendo Ucrania, apoyada por medio mundo, mientras Rusia ve cómo se agrieta su maquinaria bélica.

El factor judicial que complica a Trump

En una jornada de vértigo, además, el Tribunal Supremo de Estados Unidos asestó un duro revés a Donald Trump al bloquear sus limitaciones a la ciudadanía por derecho de nacimiento. Un dato que, aunque puede parecer ajeno, yo creo que refuerza la imagen de un presidente acorralado, más ocupado en su agenda doméstica que en construir una salida diplomática para los conflictos que avivan el riesgo nuclear.

Las próximas semanas, con la cumbre de la OTAN a la vuelta de la esquina y amenazas como las de Starmer hablando de disuasión nuclear, van a ser decisivas. Mientras tanto, el mensaje de analistas como Antonio Alonso no puede ser más claro: la escalada nuclear ya no es una hipótesis de ciencia ficción, sino un escenario que debemos tomar muy en serio. Y yo, sinceramente, creo que aún no somos del todo conscientes del precipicio al que nos asomamos.

Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de Negocios TV:

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