Dos ETFs con dividendos mensuales de baja volatilidad que los especialistas recomiendan en silencio

Los fondos JEPI y XYLD reparten cupones cada mes y acumulan años de fidelidad entre los inversores sénior. La combinación de ingresos recurrentes y menor riesgo atrae a quienes buscan complementar su pensión.

Hay dos fondos cotizados que llevan años funcionando como un secreto a voces entre los jubilados que prefieren la inversión pasiva. No salen en los titulares, no tienen el glamour de las tecnológicas y casi nunca aparecen en los debates encendidos de las redes sociales. Sin embargo, pagan dividendos cada mes y mantienen una volatilidad notablemente baja, lo que los convierte en una especie de ingreso extra silencioso.

JEPI y XYLD: dos pesos pesados del dividendo mensual

El JPMorgan Equity Premium Income ETF (JEPI) es el primero de la lista. Gestiona de forma activa una cartera de acciones estadounidenses de gran capitalización y vende opciones de compra (covered calls) sobre el S&P 500 para generar primas adicionales. La idea es sencilla: el inversor recibe mes a mes los ingresos por esas primas más los dividendos de las acciones, mientras la estrategia limita las caídas en las fases bajistas. En los últimos doce meses, la rentabilidad por dividendo de JEPI ha rondado entre el 7% y el 9%, con un coeficiente beta cercano a 0,6: se mueve bastante menos que el mercado.

Publicidad

El segundo es el Global X S&P 500 Covered Call ETF (XYLD), que sigue una receta parecida pero con un enfoque más mecánico. También lanza opciones de compra sobre el índice, pero renuncia casi por completo a la revalorización del capital a cambio de un cupón mensual que suele superar el 9% de rentabilidad anualizada. Su beta histórica es similar, alrededor de 0,5, lo que lo emparenta con la idea de que el inversor no busca batir al mercado, sino cobrar un sueldo periódico.

Ambos ETF cotizan en dólares, son muy líquidos y arrastran comisiones por debajo del 0,7%, una rareza en productos de ingresos activos. Quizás por eso, en los foros de jubilados estadounidenses los mencionan casi con el mismo cariño que a un buen plan de pensiones.

Por qué los jubilados los valoran en silencio

La jubilación cambia las reglas del juego. El ahorrador pasa de acumular a desacumular, y cada sacudida de los mercados le duele el doble porque no tiene tiempo para esperar la recuperación. A la vez, necesita que el dinero trabaje y genere flujo de caja recurrente. Los dividendos mensuales encajan en ese puzzle como un guante: convierten la cartera en una especie de nómina alternativa.

En un entorno de tipos de interés todavía elevados, la renta fija clásica ha vuelto a ser atractiva, pero la inflación sigue ahí. Eso hace que muchos jubilados busquen una tercera vía: productos que pagan más que un bono sin asumir la volatilidad de un fondo puramente bursátil. JEPI y XYLD se cuelan precisamente en ese hueco.

En un mercado donde los jubilados temen resacas repentinas, estos ETF funcionan como un pacto de caballeros: te entrego ingresos predecibles y tú aceptas renunciar a las grandes subidas.

No es casualidad que las mayores posiciones en estos fondos estén en cuentas de inversores particulares y asesores de jubilación. Los institucionales apenas se asoman: para ellos, la baja volatilidad no es un activo, es una limitación. Para un jubilado, es justo lo contrario.

Análisis: ¿son realmente seguros en un entorno de tipos elevados?

Ha llegado el momento de poner el punto de fricción. Yo creo que estos ETF funcionan, y bien, como complemento de una cartera de jubilación bien diversificada, pero no comulgo con la narrativa de que son un refugio total. La cobertura de opciones limita las caídas, no las elimina: en 2022, con el S&P 500 perdiendo un 19%, JEPI aguantó bastante mejor (alrededor del -3%), pero XYLD cayó más porque su estrategia es menos dinámica. Si el mercado se da la vuelta con fuerza, la protección no es un airbag, es un cojín.

Hay otro riesgo que a menudo se olvida: la renuncia al crecimiento. En un año de mercado alcista, estos fondos se quedarán muy rezagados porque las primas de las opciones comen toda la subida por encima del precio de ejercicio. Un jubilado que estire mucho la estrategia podría ver cómo su poder adquisitivo se erosiona si la inflación persiste y el capital apenas se revaloriza. No es una crítica, sino una condición del producto que conviene tener clara.

Con los tipos de interés altos, la tentación es compararlos con un bono corporativo de grado de inversión. Pero no son bonos: son acciones con un derivado encima. La rentabilidad no está garantizada y el tratamiento fiscal en España (ganancia patrimonial, no rendimiento de capital mobiliario en la mayor parte del reparto) obliga a mirar la letra pequeña. Aun así, la fórmula ha demostrado ser resilente en los últimos cinco años, y los inversores sénior la han adoptado como quien cambia un depósito por algo con más chispa pero sin perder el sueño.

Mi reflexión final es que el verdadero valor de estos ETF no está en la cifra del dividendo, sino en la disciplina psicológica que imponen. Al pagar cada mes, evitan que el inversor venda en pánico. Si los próximos recortes de la Fed presionan las valoraciones, podría ser el momento de sumarlos con cabeza y comprobar si el dividendo aguanta. Pero, como siempre, sin poner todos los huevos en la misma cesta.


Publicidad