Empresas murcianas en Shanghái: la misión comercial que busca negocios e inversión en China

La Comunidad Autónoma organiza un viaje con nueve pymes tecnológicas para tantear el mercado y atraer capital. El gigante asiático aspira a convertirse en el principal laboratorio de innovación global.

Nueve empresas de la Región de Murcia han aterrizado esta semana en Shanghái en el marco de una misión comercial organizada por la Comunidad Autónoma para explorar el ecosistema tecnológico chino, considerado uno de los grandes laboratorios de innovación del mundo. El viaje, que se prolongará durante varios días, busca abrir una puerta que hasta ahora pocas pymes murcianas se habían atrevido a empujar: la del mercado asiático y su capacidad para hacer escalar un negocio a velocidades desconocidas en Europa.

Detrás de la iniciativa está la Consejería de Empresa a través del Instituto de Fomento, que ha seleccionado un grupo de compañías tecnológicas con perfiles complementarios — desde soluciones de inteligencia artificial aplicada a la industria hasta biotecnología y economía digital — para facilitarles reuniones con potenciales socios, inversores y centros de I+D chinos. No es la primera misión de este tipo que organiza la CARM, pero sí una de las más ambiciosas por el destino elegido.

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El primer paso: nueve pymes en Shanghái

Shanghái no es Pekín ni Cantón. Es la capital financiera de China y la sede de algunos de los gigantes tecnológicos que más están invirtiendo en sectores como la microelectrónica, la robótica o los servicios en la nube. Para las empresas murcianas, el atractivo es doble: por un lado, acceder a una fuente de innovación que rara vez se ve en Europa; por otro, tantear los mecanismos de entrada a un mercado de 1.400 millones de consumidores con una clase media en expansión.

Durante la estancia, los responsables de las nueve compañías visitarán el distrito de Zhangjiang, conocido como el Silicon Valley chino, y mantendrán encuentros con fondos de capital riesgo especializados en tecnología que han mostrado interés en proyectos europeos. Las agendas bilaterales, cuidadosamente diseñadas por los técnicos de la CARM, intentan evitar el mayor error de este tipo de misiones: el turismo comercial sin objetivos medibles.

¿Qué busca Murcia en el gigante asiático?

El gobierno regional no oculta que la misión persigue dos objetivos muy distintos. El primero es puramente comercial: que las empresas murcianas logren alianzas tecnológicas que les permitan mejorar sus productos o acelerar sus procesos de digitalización. El segundo, casi más importante, es atraer inversión extranjera directa hacia la Región, un flujo que en los últimos años se ha concentrado en Madrid, Cataluña y el País Vasco y que Murcia necesita diversificar.

“Queremos que las empresas chinas vean en Murcia un socio fiable para sus planes europeos”, explicó una portavoz de la consejería antes del viaje. La estrategia pasa por presentar las ventajas competitivas de la Región: costes laborales inferiores a la media europea, suelo industrial disponible y un ecosistema de proveedores locales que ya ha demostrado su músculo en sectores como el agroalimentario o la logística.

misión comercial China

Sin embargo, el aterrizaje en China no está exento de riesgos. Las barreras culturales, la protección de la propiedad intelectual y la complejidad regulatoria son obstáculos que han hecho naufragar proyectos de empresas mucho más grandes. De hecho, el informe de la Cámara de Comercio Europea en China correspondiente al último ejercicio señala que solo el 35% de las pymes europeas que intentan entrar en el mercado chino consiguen resultados comerciales en los primeros dos años. El viaje es un primer paso, pero el camino es largo.

Entrar en China no depende del tamaño del catálogo, sino de la capacidad de moverse a la velocidad que impone su ecosistema tecnológico.

Análisis: La internacionalización de la pyme murciana, una jugada necesaria

Llevamos años escuchando que las pymes españolas deben salir fuera, pero la realidad es tozuda: el 78% de las exportaciones murcianas sigue concentrado en Europa y el norte de África. China, Corea del Sur o Japón aparecen como destinos anecdóticos en los informes del ICEX cuando se habla de pequeñas y medianas empresas. Por eso, la misión a Shanghái tiene un valor estratégico que va más allá del resultado inmediato de las reuniones.

Creo que el acierto de la CARM es no plantear esto como un simple viaje de prospección, sino como un programa piloto de conexión con un ecosistema que se mueve a otra velocidad. Si una sola de esas nueve empresas consigue establecer una alianza duradera con un socio chino, el retorno fiscal y reputacional para la Región puede multiplicar con creces el coste de la misión. El riesgo, por supuesto, es que se quede en un intercambio de tarjetas sin continuidad; demasiadas misiones institucionales acaban así.

Desde el punto de vista sectorial, la presencia de empresas vinculadas a la inteligencia artificial y la biotecnología es especialmente relevante. Mientras en Europa debatimos sobre la regulación de estas tecnologías, China lleva años creando las condiciones para que sus startups escalen hasta convertirse en líderes globales. Copiar algunos de esos mecanismos —aceleración de trámites, concentración de talento, inversión pública paciente— sería un aprendizaje tan valioso como cualquier contrato firmado. A mi juicio, ahí está la verdadera oportunidad de este tipo de misiones.

La pregunta incómoda es si las pymes murcianas están preparadas para competir en un entorno donde la cultura de los negocios exige una velocidad de ejecución que rara vez se practica en el tejido empresarial español. Los procesos de decisión en muchas de nuestras compañías son demasiado lentos para los estándares chinos, y la falta de experiencia internacional puede jugar en contra en las negociaciones cara a cara. No obstante, misiones como esta ayudan a reducir esa brecha: el simple hecho de sentarse en una mesa con un inversor de Shanghái ya es una forma de aprendizaje que ningún informe de consultoría puede sustituir.

Habrá que esperar a que las nueve empresas regresen con —o sin— protocolos de intenciones firmados. De eso depende que el viaje no se quede en una anécdota bien intencionada y se convierta en el germen de una relación duradera entre Murcia y uno de los grandes laboratorios tecnológicos del mundo.


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