La demanda que Alibaba ha presentado hoy ante un tribunal de California por su inclusión en la lista negra de compañías militares chinas marca un nuevo episodio en la erosión de la tregua comercial entre Pekín y Washington. He seguido de cerca el deterioro del pacto alcanzado hace meses por Trump y Xi Jinping, y lo que veo ahora es una dinámica en la que ambas potencias, lejos de desescalar, se enzarzan en un pulso de sanciones selectivas que debilita la confianza empresarial.
El gigante del comercio electrónico chino acusa al Gobierno estadounidense de haberla calificado de forma “arbitraria, caprichosa y sin ninguna base” como “colaborador militar-civil de la industria de Defensa china”. La compañía, que ya había adelantado que no descartaría acciones legales, sostiene que esa etiqueta le ha causado un “daño irreparable” y pide al tribunal que revoque la decisión. La demanda, que también señala al Secretario de Guerra, Pete Hegseth, se ha presentado apenas dos semanas después de que el Pentágono actualizara su lista negra de empresas con presuntos vínculos militares, una relación que ha pasado de 134 a 188 firmas en el último año y que ahora incluye a pesos pesados como BYD, Baidu o Tencent.
“Etiquetarla como una compañía militar china equivale a señalarla como un instrumento del Ejército chino y una amenaza a la seguridad nacional de Estados Unidos. Eso ataca directamente a su reputación y siembre la duda sobre cualquier relación comercial que nuestra compañía mantiene con Estados Unidos”. — Demanda de Alibaba presentada ante el tribunal de California, 27 de junio de 2026
La inclusión en la lista no conlleva multas ni congelación de bienes, pero sí ata las operaciones comerciales. La ley estadounidense prohíbe al Pentágono cerrar acuerdos con las compañías señaladas a partir de este mismo mes y, desde 2027, también a través de terceros. Aún más crítico: la prohibición alcanza a cualquier contratista estadounidense que comparta firmas de abogados o grupos de presión con las empresas marcadas. Para Alibaba, principal puerta de entrada al mercado chino para miles de negocios estadounidenses, el bloqueo funcional sería devastador.
La respuesta de Pekín
El contraataque chino era cuestión de tiempo. Esta semana Pekín ha hecho pública su propia lista negra con 46 compañías estadounidenses vinculadas a defensa, drones, tecnología aeroespacial y tierras raras, a las que la administración pública china no podrá comprar bienes. Además, ha incluido otras diez empresas en el listado de control de exportaciones. La justificación oficial habla de una “respuesta firme y contundente” ante lo que Pekín considera un castigo indiscriminado. La prensa estatal china insiste estos días en el contraste: unas sanciones “arbitrarias e indiscriminadas” —las estadounidenses— frente a las “justificadas y quirúrgicas” —las chinas—, aplicadas solo contra firmas con acreditados vínculos militares.
El intercambio de golpes se produce apenas unas semanas después de que Trump y Xi Jinping prorrogaran en Pekín la tregua que sellaron el año pasado en Corea del Sur. De aquella cumbre salieron acuerdos comerciales, pero no frenó los roces en materia tecnológica ni la tensión sobre Taiwán. Las listas negras, que empezaron a engordar en 2021, se han convertido en el instrumento preferido para presionar sin disparar el cañón de los aranceles, pero el daño reputacional y operativo es creciente.
La fragilidad de una tregua sin confianza
Lo que me parece más relevante de esta escalada es la consolidación de un criterio que ya parece asentado en Washington: toda gran tecnológica china contribuye, de un modo u otro, al desarrollo del Ejército de Liberación Popular. La demanda de Alibaba desnuda la lógica administrativa de un proceso que, más que calibrar evidencias, aplica una presunción casi automática. Si la justicia estadounidense da la razón a la compañía china, se abriría un precedente incómodo para futuras inclusiones. Pero si la avala, Pekín podría intensificar las represalias con listas cada vez más amplias, lo que amenazaría a las cadenas de suministro globales.
La tregua comercial Trump-Xi se vende en Washington como un éxito diplomático, pero los hechos muestran un statu quo frágil. Los aranceles se han detenido, pero los vetos administrativos crecen y la judicialización del conflicto lo alarga. La siguiente cita clave será la fecha límite de 2027, cuando entre en vigor la prohibición de que el Pentágono adquiera productos de las empresas listadas a través de terceros; hasta entonces, el espacio para nuevas fricciones es amplio.
🌍 El impacto en España y Europa
Para el tejido empresarial europeo, esta escalada en las listas negras añade una capa adicional de incertidumbre a las ya tensas relaciones comerciales transatlánticas. Cualquier compañía con filiales o acuerdos de colaboración en China o Estados Unidos que dependan de asesorías compartidas puede verse salpicada por las restricciones: firmas de consultoría, despachos de abogados o agencias de lobbying tendrán que elegir bando si la tendencia se consolida. Aunque el impacto directo sobre el Euríbor es limitado, la volatilidad que generan estos pulsos geopolíticos suele traducirse en movimientos erráticos de las yields de la deuda, lo que indirectamente puede influir en las revisiones de las hipotecas variables. Mientras, la Comisión Europea observa con cautela: la experiencia con Alibaba y BYD recuerda que el criterio de “seguridad nacional” puede ser tan expansivo como se desee, y Bruselas no quiere ser la siguiente en la diana.




