Sabrine Boudella, directora de calificaciones corporativas de Scope Ratings, revisa en Merca2 la actualidad del sector farmacéutico.
La oncología continúa siendo una de las áreas más arriesgadas de la industria farmacéutica, pero también la más importante y con mayor potencial de crecimiento. La compra de Nuvalent por GSK indica que las grandes farmacéuticas consideran que las oportunidades de innovación y rentabilidad a largo plazo justifican asumir un mayor riesgo, siempre que exista una estrategia selectiva y disciplinada.
- La adquisición de Nuvalent refleja una nueva visión sobre la oncología
- El beneficio potencial de los tratamientos oncológicos ha aumentado significativamente
- La innovación tecnológica está mejorando las perspectivas del sector

El sector farmacéutico innovador es, por naturaleza, un sector de alto riesgo y alta rentabilidad, con elevadas tasas de abandono en todas las fases de desarrollo. Entonces, ¿por qué GSK acaba de arriesgar 10.600 millones de dólares por un segmento especialmente complejo —la oncología— al adquirir Nuvalent?
Al fin y al cabo, se estima que alrededor del 80 % de las moléculas fracasan entre el ensayo de fase I y la comercialización, lo que refleja la complejidad científica y los obstáculos normativos que conlleva el desarrollo de fármacos. Dentro de este universo de riesgo, la oncología destaca como un segmento aún más desafiante, normalmente asociado a plazos de desarrollo más largos, mayores costes de ensayos clínicos y elevadas tasas de fracaso.
En este contexto, algunas grandes empresas farmacéuticas han reducido o reequilibrado, en ocasiones, su exposición al sector oncológico como parte de unos esfuerzos más amplios por optimizar sus carteras de medicamentos (Gráfico 1). La propia GSK vendió su cartera oncológica a Novartis en 2014 por unos 16.000 millones de dólares.
El acuerdo alcanzado por GSK para la adquisición de Nuvalent, la incorporación más significativa de la empresa británica a su renovada línea de tratamiento contra el cáncer, podría indicar un cambio más amplio en el sector, lo que sugiere que el cálculo de riesgo-beneficio en el ámbito de la oncología está cambiando.
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La oncología ofrece ventajas claras en términos de escalabilidad e innovación. Los activos oncológicos de éxito pueden ampliarse a múltiples tipos de tumores y líneas terapéuticas, mientras que los enfoques combinados y las tecnologías de plataforma crean vías adicionales de crecimiento y prolongación del ciclo de vida.
Buenos ejemplos de ello son los mega éxitos de ventas como Keytruda, de Merck, que generó alrededor de 31.700 millones de dólares en 2025, y Darzalex, de Johnson & Johnson, con unas ventas que superaron los 10.000 millones de dólares. Ambos tratamientos han pasado de tener una única indicación a convertirse en amplias plataformas terapéuticas que abarcan múltiples líneas de tratamiento. Su éxito en diferentes tipos de tumores, en líneas de tratamiento más tempranas y en regímenes combinados demuestra cómo los medicamentos oncológicos pueden alcanzar una amplitud comercial y una longevidad excepcionales, lo que refuerza la atractiva dinámica de riesgo-beneficio del sector a pesar del riesgo de desarrollo intrínsecamente elevado.
Entonces, ¿qué ha cambiado? La respuesta no radica tanto en una reducción del riesgo, sino más bien en un aumento del beneficio potencial. En el pasado, reducir la exposición a la oncología permitía a las empresas farmacéuticas reducir el riesgo de ejecución al limitar la I+D de alto riesgo y evitar acuerdos costosos y destructivos para el valor en un segmento altamente competitivo. También favoreció un giro hacia áreas terapéuticas con rendimientos más predecibles y plazos de desarrollo más cortos. Sin embargo, a medida que han aumentado las ventajas derivadas de la innovación exitosa en oncología, esta compensación se ha vuelto menos favorable.
Gráfico 1. GSK parece estar recuperando terreno en oncología con su última adquisición. Ingresos por oncología de una selección de empresas farmacéuticas líderes (miles de millones de euros, 2025)

Es probable que las técnicas de I+D impulsadas por la IA, contribuyan al atractivo de la inversión en oncología
Es probable que la reevaluación actual refleje la evolución de los modelos de I+D, con un cambio gradual que se aleja de los enfoques mayoritariamente empíricos de «prueba y error» hacia estrategias más específicas, como el desarrollo basado en biomarcadores y la medicina de precisión. Una mejor selección de los pacientes aptos y unos ensayos mejor diseñados, especialmente en oncología, están mejorando las tasas de éxito, aunque estas sigan siendo estructuralmente bajas y haya mucha incertidumbre en todas las fases de desarrollo.
Paralelamente, muchos en el sector esperan que los avances en el análisis de datos y la inteligencia artificial respalden el descubrimiento y el desarrollo de fármacos, aunque aún no haya pruebas convincentes de su impacto en la productividad y las tasas de éxito.
La oncología es la categoría terapéutica más importante del sector en términos de ingresos
Cabe recordar que la oncología ha adquirido una importancia estratégica cada vez mayor, ya que representa entre 215.000 y 250.000 millones de dólares en ventas anuales y aproximadamente entre el 18 % y el 20 % de los ingresos farmacéuticos totales a nivel mundial, lo que la convierte en la categoría terapéutica más importante.
En comparación, otras áreas terapéuticas importantes, como la inmunología, la diabetes, el sistema nervioso central y las enfermedades cardiovasculares, son más pequeñas, a menudo más fragmentadas o están sujetas a mayores presiones competitivas y de precios.
En este contexto, el equilibrio entre reducir el riesgo y aprovechar el crecimiento se ha vuelto menos sencillo para las grandes empresas farmacéuticas. Limitar la exposición a la oncología puede seguir favoreciendo la visibilidad y la disciplina a corto plazo, pero también puede restringir el acceso a una de las principales fuentes de innovación y expansión a largo plazo del sector. Aumentar la exposición puede ayudar a completar las carteras de I+D y mejorar las perspectivas de crecimiento, aunque con un mayor riesgo de ejecución de la I+D, tanto a nivel interno como externo.
El mercado oncológico está muy consolidado y sigue siendo difícil lograr una participación significativa. En nuestra opinión, el reto estratégico no requiere necesariamente una escala absoluta ni una presencia en todos los tipos de tumores. Por el contrario, se basa en una comprensión clara de dónde puede una empresa crear valor diferenciado, junto con la disciplina necesaria para aprovechar oportunidades de forma selectiva a lo largo de ciclos de innovación a largo plazo.
A medida que cambia el equilibrio entre riesgo y beneficio en las distintas áreas terapéuticas, el posicionamiento estratégico en oncología se convierte cada vez más en una cuestión de calibración, más que en una elección binaria.




