Las comunidades de Croacia frenan la macrogranja de pollos de MHP: 100 millones de aves al año

La empresa ha retirado la mitad del complejo industrial, que habría cuadruplicado la producción avícola del país. La presión vecinal consigue frenar un plan dividido astutamente en 24 lotes para eludir los controles ambientales de Bruselas.

La presión ciudadana ha logrado tumbar uno de los mayores proyectos de macrogranja avícola de Europa. La multinacional ucraniana MHP, uno de los gigantes del sector con más de 500 millones de pollos sacrificados al año, ha retirado su plan para construir un complejo industrial en el noreste de Croacia capaz de sacrificar anualmente a 100 millones de aves. Una victoria del activismo local que pone sobre la mesa el creciente rechazo social a la agroindustria intensiva y el impacto de sus emisiones y residuos sobre el territorio.

El proyecto, que habría cuadruplicado la producción avícola del país, fue astutamente fragmentado en 24 subproyectos para eludir las evaluaciones de impacto ambiental más estrictas que exige la normativa europea. De ellos, 12 estaban en manos de MHP. Tras meses de protestas masivas en Zagreb y Sisak, las autoridades locales han confirmado la cancelación de esos primeros 12 subproyectos. La letra pequeña, sin embargo, deja un frente abierto: los otros 12 lotes siguen adelante bajo otro inversor.

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El ‘Rey del Pollo’ se bate en retirada: de la fragmentación legal a la protesta en la calle

Para entender la magnitud del movimiento, hay que analizar la estructura con la que MHP intentó sortear la Directiva de Evaluación de Impacto Ambiental. Dividir una macroplanta en 24 proyectos menores no es una práctica nueva en la industria cárnica intensiva, pero en este caso la estrategia chocó con una resistencia ciudadana perfectamente documentada. Los vecinos de Sisak y Donja Dubrava no solo temían por la contaminación de sus acuíferos y suelos, sino por la nube tóxica de amoniaco y las partículas finas que generan estas instalaciones. Los datos de informes locales citados por la campaña alertaban de riesgos severos para las vías fluviales.

El propio CEO de MHP, conocido en el sector como el ‘Rey del Pollo’, admitió en una entrevista reciente que la compañía desistía únicamente por la intensa resistencia local. Es un reconocimiento tácito de que la presión social, cuando se organiza y se alía con entidades como Friends of the Earth Croacia (Zelena Akcija), Animal Friends Croatia y Greenpeace International, puede frenar proyectos que parecían imbatibles sobre el papel.

📊 Impacto de la cancelación

  • Producción evitada: 100 millones de pollos al año que MHP planeaba sacrificar en la región.
  • Subproyectos cancelados: 12 de los 24 lotes en que se fragmentó la macrogranja para eludir controles ambientales.
  • Superficie salvada: Varias hectáreas de suelo agrícola en el noreste de Croacia, con riesgo de contaminación de acuíferos por nitratos.
  • Movilización ciudadana: Grandes manifestaciones en Zagreb y Sisak, con respaldo de Greenpeace durante tres meses.
industria avícola intensiva

La letra pequeña: victoria parcial ante gigantes con 500 millones de sacrificios anuales

Vamos por partes. Que un gigante que sacrifica 500 millones de pollos al año detenga un proyecto por la oposición vecinal es una señal de que el modelo de agroindustria intensiva encuentra cada vez más rechazo social, pero no significa que el modelo esté en retirada. De hecho, la huella de carbono de la industria cárnica sigue creciendo a nivel global. En el caso croata, los 12 subproyectos restantes siguen adelante con otro inversor, Premium Chicken Company (PCC), que incluso ha amenazado con acciones legales a las ONG. Es la misma táctica de presión corporativa que se ha visto en otros países para acallar la disidencia.

La resistencia en Croacia no es un hecho aislado. Conecta con una corriente de fondo en Europa donde pequeñas comunidades luchan contra macrogranjas. La diferencia aquí es la implicación del equipo de campaña de Greenpeace Internacional, que sobre el terreno apoyó las protestas. La cancillería de la organización ya ha pedido a los gobiernos reglas vinculantes que frenen las nuevas granjas industriales y responsabilicen a las grandes corporaciones por contaminar entornos locales. En la práctica, esto supone un desafío directo a la Taxonomía Verde europea, que en su capítulo agrícola sigue debatiendo hasta qué punto la ganadería intensiva puede considerarse una inversión sostenible o no.

El efecto dominó es claro. Si una comunidad consigue detener 12 subproyectos de envergadura, el mensaje para futuros inversores es que el ‘permiso social’ ya no se da por sentado. Esto encarece cualquier plan de expansión avícola en la UE, que debe añadir a sus costes no solo las cada vez más exigentes normativas de emisiones, sino un posible largo proceso de litigios y oposición vecinal. El dato lo confirma el tiempo de lucha: tres meses de campaña sostenida han bastado para que MHP recogiera los planos de la mitad del proyecto.

La fragmentación de un macrocomplejo en piezas pequeñas para sortear la ley ya no es un atajo invisible: las comunidades locales tienen ahora herramientas de presión para señalarlo y detenerlo.

Cómo la sombra de la contaminación activó la alerta sanitaria local

El núcleo del rechazo no era solo una cuestión de bienestar animal, aunque la magnitud de 100 millones de pollos hacinados es difícil de asimilar. La alerta surgió por los riesgos de contaminación del suelo, el aire y los cursos de agua. Una macrogranja de estas dimensiones genera toneladas de purines y residuos nitrogenados que, sin una gestión impecable —y la fragmentación del proyecto hacía dudar de esa gestión—, se filtran a los acuíferos. La comarca de Sisak, una zona ya castigada industrialmente, vio en este proyecto una amenaza directa a su subsistencia.

Las autoridades locales, según la información de la campaña, habían advertido previamente de serias deficiencias y riesgos en los proyectos planificados. El hecho de que el Ministerio deba ahora suspender formalmente todos los procedimientos iniciados para los lotes de MHP es un paso administrativo crucial. Pero mientras los lotes de PCC sigan vivos, el riesgo ambiental no desaparece del todo. La presidenta de Animal Friends Croatia, Luka Oman, fue clara en su advertencia: «Allí donde llegan las megagranjas, no queda vida, ni para los animales ni para las personas».

Es en esta tensión entre desarrollo económico rural y protección ambiental donde se juega el futuro de la alimentación en Europa. La agricultura y ganadería intensiva son responsables de una porción significativa de las emisiones de gases de efecto invernadero, y el modelo de producción cárnica se encuentra en el punto de mira de los objetivos climáticos. En Croacia, la gente ha votado con sus pies en la calle.

🌍 El Impacto Real para el Futuro

  • Beneficio medible: Se evita la producción intensiva de 100 millones de pollos al año, con su correspondiente carga de residuos nitrogenados y emisiones de amoniaco en Croacia.
  • Modelo que cambia: La fragmentación artificial de grandes proyectos para eludir las evaluaciones de impacto ambiental encuentra una barrera en la presión ciudadana organizada.
  • Para las próximas generaciones: Se preservan acuíferos y suelos de la contaminación por macrogranjas, demostrando que el modelo agroindustrial no puede imponerse sin el consentimiento de las comunidades locales.

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