El veterano inversor Jeremy Grantham, conocido por anticipar la burbuja de las puntocom y el colapso inmobiliario de 2008, ha vuelto a mostrar su escepticismo hacia el mundo cripto. En una entrevista en Squawk Box de CNBC el pasado 26 de junio, calificó a Bitcoin como ‘un mecanismo especulativo inútil’ y predijo que se desvanecerá a lo largo de los próximos años. La criptomoneda cotiza ahora en torno a los 60.500 dólares, un 50% por debajo de su máximo histórico de 126.000 dólares alcanzado en octubre de 2025.
Grantham no se guardó nada. ‘Una proof-of-work innecesaria no debería valer ni un cubo de saliva caliente’, dijo, en una frase que ya ha dado la vuelta al sector. La declaración, recogida en la cuenta oficial del programa, revela un escepticismo profundo sobre la utilidad real de la criptomoneda, incluso en comparación con el crash de las puntocom, donde al menos había activos con flujo de caja.
Las tres críticas de Grantham al bitcoin
El inversor basa su argumento en tres fallos. Primero, Bitcoin no paga ningún rendimiento. A diferencia de las acciones, que ofrecen dividendos, o de los bonos, que pagan cupones, la criptomoneda no genera flujo de caja. Esto, según Grantham, la convierte en un objeto exclusivamente especulativo, cuyo precio depende solo de la fe del que compra.
Segundo, Bitcoin no mantiene un valor estable. Su elevada volatilidad la hace inútil como unidad de pago: ¿cuántas personas pagan el café con una moneda que puede moverse un 10% en un día? Tampoco funciona como reserva de valor fiable a largo plazo, argumento que el propio mercado ha puesto a prueba con la caída reciente.
Tercero, y más filosófico, el mecanismo de consenso Proof-of-Work consume enormes cantidades de energía sin aportar un beneficio productivo. Grantham lo resume con su metáfora más gráfica: ‘no vale ni un cubo de saliva caliente’. Para él, un sistema que no mejora nada en la economía real no tiene legitimidad para aspirar a ser dinero.
El momento de las críticas no es casual. Los fondos cotizados en bolsa (ETF) de bitcoin al contado en Estados Unidos han registrado salidas de 6.350 millones de dólares en los últimos 30 días hasta mediados de junio, una señal de menor apetito institucional. La corrección del 50% desde máximos de 2025 ha devuelto a muchos inversores (especialmente los que compraron cerca del pico) pérdidas considerables. Brian Armstrong, CEO de Coinbase, también señaló recientemente que los gastos en infraestructura de inteligencia artificial están desviando capital que de otra manera podría fluir hacia las criptomonedas.
La combinación de salidas récord de los ETF con un precio que se ha partido por la mitad convierte la advertencia de Grantham en algo más que ruido.
Un profeta con aciertos y adelantos
Jeremy Grantham no es un cualquiera. Su firma GMO advirtió sobre la burbuja de las puntocom antes del estallido en 2000 y sobre la crisis de las hipotecas subprime en 2007. En 2021, alertó de una burbuja épica en las acciones estadounidenses, un aviso que llegó un año antes de la corrección de 2022. Su historial le otorga credibilidad aunque también le ha pasado factura: sus llamadas a menudo llegan con meses o años de antelación.
Sin embargo, Bitcoin ya ha sobrevivido a profetas del apocalipsis. Peter Schiff, economista y conocido bajista, lleva años prediciendo un colapso que no llega. Y, aunque Grantham acierte a largo plazo, el análisis histórico muestra que los mercados pueden irracionalizar más tiempo del que un corto puede aguantar. La pregunta es si esta vez el contexto macroeconómico –con tipos de interés aún altos y competencia de la IA– acelera el declive. Además, la competencia de la IA podría acelerar el cambio de ciclo.

Análisis: ¿por qué importa lo que diga Grantham?
El ataque de una figura tan respetada tiene peso por dos razones. La primera, porque pone palabras a una intuición compartida por muchos inversores tradicionales: la criptomoneda sigue sin demostrar un caso de uso más allá de la especulación. La segunda, porque el momento de mercado le da más munición. Con los ETF perdiendo flujos y el precio a la baja, es fácil construir un relato bajista.
Pero Bitcoin ha demostrado una resiliencia casi tozuda. Ha pasado por prohibiciones en China, colapsos como el de FTX y ciclos bajistas del 80% sin desaparecer. El argumento de la ‘prueba de nada’ choca con la realidad de una red que lleva funcionando sin interrupciones desde 2009. Aunque no sirva para pagar el café, su limitada oferta de 21 millones de unidades le da propiedades de oro digital que algunos inversores institucionales valoran como cobertura frente a la inflación. De hecho, el mercado de ETFs al contado, pese a las salidas, gestiona aún decenas de miles de millones de dólares. Asimismo, la ausencia de rendimientos no impide que instituciones como MicroStrategy mantengan posiciones millonarias. Eso no encaja con la idea de un activo ‘inútil’ que se desvanece.
Por otro lado, las críticas de Grantham ponen el dedo en la llaga de la sostenibilidad energética. Si el sector no resuelve el problema de consumo con fuentes renovables o migra hacia sistemas más eficientes como la Prueba de Participación, la presión regulatoria y social irá a más. No es casualidad que Ethereum ya diera ese paso y que otros proyectos lo estén considerando.
El tercer trimestre de 2026 se presenta como un examen clave. Si Bitcoin logra mantener soportes importantes—como los 55.000 dólares—y las salidas de ETF se moderan, la tesis fatalista de Grantham perderá fuelle por el momento. En caso contrario, quienes llevan años advirtiendo del ‘gran desvanecimiento’ tendrán más argumentos para su cause. Mientras, el inversor de a pie hará bien en recordar que ni siquiera los profetas más reputados aciertan en el timing. Lo que está claro es que el debate no se resolverá en unos meses, sino en años.




