China incrementa un 60% sus importaciones de metales críticos y estrecha el cerco sobre los semiconductores globales

La demanda china de minerales clave para chips y defensa se disparó en el primer semestre, mientras Pekín mantiene férreos controles a la exportación. El Viejo Continente, dependiente en un 80% de estas importaciones, busca alternativas urgentes.

He seguido con atención los datos de aduanas recién publicados por Nikkei Asia: en el primer semestre de 2026, China ha incrementado sus compras de galio, germanio y tierras raras en un 60% respecto al mismo período del año pasado. La intención es clara: acumular reservas de estos metales estratégicos mientras mantiene cerrados los grifos de la exportación. El mensaje geopolítico es contundente. Pekín está comprando no para usar hoy, sino para negar el acceso a Occidente mañana.

La acumulación estratégica de Pekín

El análisis de Nikkei Asia, basado en estadísticas de comercio exterior chino, detalla las partidas que están engordando los almacenes del gigante asiático:

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  • Galio y germanio: Las importaciones de estos semiconductores y compuestos para fibra óptica se duplicaron en el arranque de 2026, con flujos significativos desde proveedores menores como Kazajistán y Rusia.
  • Tierras raras: El volumen comprado subió un 45%, con un peso creciente de las compras a Myanmar y a nuevos yacimientos en África.
  • Wolframio norcoreano: Los envíos de tungsteno desde Corea del Norte se triplicaron en el último año fiscal, según los mismos datos, evidenciando la cooperación mineral entre regímenes sancionados.

No es un simple acopio. Pekín se está blindando ante las restricciones tecnológicas lideradas por Washington, mientras afila su propia arma: desde julio de 2023, la Administración General de Aduanas de China somete a licencias previas la salida de galio, germanio y varios derivados. Ahora, los compradores europeos y americanos enfrentan un doble estrangulamiento: menos producto disponible en el mercado y precios que se disparan.

¿Por qué ahora? La geopolítica de los minerales críticos

Lo que veo aquí es una aceleración del pulso entre dos bloques. Estados Unidos y sus aliados llevan tres años vetando la exportación de chips avanzados y equipos de litografía a China. Pekín responde con la misma moneda, pero en el subsuelo. La ley de minerales críticos que el Partido Comunista aprobó en 2025 confiere al Estado la última palabra sobre qué yacimientos se explotan y hacia dónde fluye su producción.

“China está ejerciendo sus derechos legítimos para gestionar recursos estratégicos y contribuir a la estabilidad de la cadena de suministro global, sin discriminar a ningún socio comercial.” — Portavoz del Ministerio de Comercio chino, rueda de prensa del 15 de junio de 2026

La excusa oficial es el autoabastecimiento. Pero los números cantan: una economía que ya controla el 80% de las tierras raras y el 60% del germanio mundiales no necesita comprar un 60% más si no es para drenar el mercado. Los inventarios occidentales de galio de alta pureza, indispensable para los amplificadores de los radares AESA de los cazas modernos, están en mínimos históricos. El Pentágono lo sabe; Bruselas también.

🌐 El efecto dominó en Occidente

El impacto en las fábricas europeas podría ser inmediato. Los contratos de suministro de galio para la próxima temporada de semiconductores se firmaron ya con primas del 30% sobre 2025, según fuentes del sector. Para el consumidor español, el canal aún es indirecto, pero el riesgo se concentra en dos frentes:

  • Precios de chips: Un encarecimiento del 10-15% en los componentes de automoción afectaría a las líneas de SEAT y Volkswagen en Martorell y Landaben.
  • Presión desinflacionista artificial: Si Pekín vuelca parte de ese stock en su mercado interno para abaratar su propia industria, la deflación de bienes tecnológicos se exportará a la eurozona, complicando los cálculos del BCE sobre el Euríbor.

La respuesta de Bruselas es la Ley de Materias Primas Críticas, que obliga a levantar un 10% de la capacidad de procesamiento en suelo europeo para 2030. Pero es un plazo lejano. Mientras, la maniobra china deja a la cadena de suministro occidental en una peligrosa dependencia de inventarios prestados.


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