Urano y Neptuno llevan décadas luciendo la etiqueta de ‘gigantes de hielo’, una categoría planetaria que asumía un manto compuesto por agua, amoniaco y metano en estado sólido. Pero un nuevo estudio, publicado en Nature Astronomy, sugiere que ese manto nunca fue de hielo: en su lugar, bajo presiones extremas y temperaturas de miles de grados, se comporta como un océano de magma fundido.
Un modelo que nació de hipótesis, no de observación directa
Las únicas visitas cercanas que han recibido estos dos planetas gigantes datan de la década de 1980, cuando la sonda Voyager 2 de la NASA sobrevoló Urano en 1986 y Neptuno en 1989. Aquellos encuentros fugaces apenas permitieron medir sus campos gravitatorios y magnéticos, y nos dejaron las únicas imágenes in situ que tenemos. A partir de esos datos, los científicos construyeron modelos del interior basados en la densidad media y en la presunción de que los elementos volátiles —agua, amoniaco, metano— debían congelarse a gran profundidad.
Así nació el término ‘gigante de hielo’, para distinguirlos de los gigantes gaseosos como Júpiter y Saturno, compuestos principalmente por hidrógeno y helio. La estructura se imaginaba en capas: una atmósfera exterior de hidrógeno y helio, un manto de ‘hielos’ calientes pero sólidos, y un pequeño núcleo rocoso en el centro. El problema es que nadie había podido comprobar experimentalmente cómo se comportan esas mezclas bajo las condiciones reales del interior de Urano y Neptuno.
El experimento que aplastó la idea del hielo interior
El equipo de investigadores que firma el estudio en Nature Astronomy decidió recrear esas condiciones en el laboratorio. Para ello, introdujeron muestras sintéticas —combinaciones de agua, amoniaco y carbón— en el el interior de una celda de yunque de diamante, un dispositivo capaz de comprimir materiales entre dos puntas de diamante.
La presión alcanzada superó los 3 millones de atmósferas, equivalente a la fuerza que aplastaría una montaña hasta hacerla más fina que un folio, y la temperatura se elevó más allá de los 5.000 grados Kelvin, comparable a la superficie del Sol. A esas cifras, la mezcla no se convirtió en un sólido cristalino, como predecía la hipótesis del manto de hielo. En lugar de eso, fluyó como un denso fluido conductor de electricidad: un océano de magma en miniatura.
Los datos recogidos a la salida de la celda muestran que el material se comporta como un silicato fundido, no como hielo. Según los autores, este hallazgo indica que el manto profundo de Urano y Neptuno es más parecido a un mar de roca líquida que a una capa de hielo compacto. La diferencia no es solo de nombre: un océano de magma puede explicar fenómenos que el modelo de hielo no lograba resolver.
A 3 millones de atmósferas y 5.000 grados, el hielo se derrite y se convierte en un fluido más parecido a la lava que a un cubito de agua.
Por qué la clasificación de ‘gigante de hielo’ siempre fue incómoda
Desde hace años, los astrónomos y geofísicos planetarios han mantenido un debate soterrado sobre la idoneidad de este término. Las observaciones de la Voyager 2 revelaron un campo magnético extremadamente inclinado y desplazado con respecto al centro del planeta, algo muy distinto al dipolo ordenado de la Tierra. Ese caos magnético es más fácil de generar en un fluido conductor en movimiento que en un sólido estático.
Además, la emisión de calor propia de Urano es anómalamente baja, casi nula, mientras que Neptuno irradia más energía de la que recibe del Sol. Un manto de magma que se enfría lentamente podría explicar esa asimetría, al igual que las complejas corrientes de convección que levantan nubes en la atmósfera visible.
El estudio, sin embargo, no cierra todas las puertas. Hay que tomarlo como lo que es: un escalón más en la exploración de lo que no podemos tocar directamente. Los experimentos con celda de diamante solo alcanzan muestras microscópicas; extrapolar su comportamiento a la escala de un planeta exige asumir condiciones uniformes que quizá no se dan. Pero, por ahora, la balanza de la evidencia se inclina hacia el magma.
La redefinición no afecta solo a nuestro vecindario cósmico. En la última década, los telescopios espaciales como Kepler o TESS han identificado cientos de exoplanetas clasificados como ‘gigantes de hielo’ por su masa y densidad. Si el modelo de magma se consolida, buena parte de ese censo podría necesitar una revisión.
El trabajo también invita a reescribir la historia temprana del Sistema Solar. Urano y Neptuno se formaron en una región más externa y fría, donde los bloques de hielo eran abundantes. Saltar de esos ingredientes a un océano de magma exige un mecanismo de calentamiento potente, probablemente ligado a la acreción de material o a la desintegración de elementos radiactivos. Desentrañar esa evolución térmica será el siguiente paso.
La presión por enviar una misión a Urano se ha intensificado en los últimos años. La NASA incluyó un orbitador de Urano entre sus prioridades para la década de 2030, y la Agencia Espacial Europea ya colabora en estudios de concepto. Si el modelo de magma se confirma, la necesidad de datos directos se vuelve acuciante: ninguna sonda ha probado jamás la composición de estos planetas.
🔬 Ficha del Descubrimiento
- Qué se ha descubierto: Océanos de magma en el manto de Urano y Neptuno, en lugar de los mantos de hielo que postulaba la clasificación tradicional.
- Dónde: Interior de los planetas Urano y Neptuno, a profundidades de miles de kilómetros.
- Institución responsable: Estudio publicado en Nature Astronomy (equipo internacional de investigación, aún sin confirmación independiente de todos los miembros).
- Cuándo: Junio de 2026.
- Impacto a futuro: Obliga a revisar la clasificación de los gigantes de hielo y de cientos de exoplanetas similares, y puede explicar las anomalías en sus campos magnéticos.




