Han pasado apenas dos semanas desde que SpaceX protagonizó la salida a bolsa más grande de la historia. Su valoración ha bailado entre los 2 y los 3 billones de dólares, y este carrusel financiero, según The Economist, es la señal más clara de que el entusiasmo por la inteligencia artificial ha entrado en una fase maníaca. El analista Josh, desde el canal, desmenuza las implicaciones de este terremoto bursátil que afecta tanto a grandes inversores como a cualquier persona con un plan de pensiones.
La montaña rusa bursatil de SpaceX
La compañía de cohetes se estrenó en bolsa con una valoración cercana a los 2 billones de dólares. En cuestión de días, la acción se disparó más de un 60% respecto al precio de la OPV, situando a SpaceX por encima de los 3 billones de dólares. Después, todo cambió: el valor llegó a desplomarse un tercio antes de seguir dando bandazos. Josh, el presentador de The Economist, sostiene que esta volatilidad extrema refleja un frenesí inversor que ya se ha visto en otros episodios de moda tecnológica, solo que esta vez la escala es astronómica.
¿Quién ganó dinero con la salida a bolsa?
Hay un ganador indiscutible: Elon Musk se convirtió en el primer billonario del planeta. Pero la historia es más compleja. El 20% de las acciones se reservaron a inversores minoristas, gente común que podía comprar títulos desde su bróker habitual. Los que vendieron al primer repunte (un 20% el primer día, otro 20% el segundo) se embolsaron plusvalías inmediatas. Sin embargo, muchos se arrepintieron al ver que la acción siguió subiendo durante las jornadas siguientes. Al final, quienes compraron en el pico y no vendieron a tiempo acumularon pérdidas cercanas a un tercio de su inversión. The Economist recuerda que, aunque la OPV fue un éxito de titulares, la montaña rusa ha repartido tanto euforia como vértigo.
El efecto dominó en los mercados globales
Una salida a bolsa tan mastodóntica no se queda en anécdota. SpaceX, inmediatamente después, emitió 25.000 millones de dólares en bonos. Otras grandes tecnológicas están siguiendo la estela con sus propias ampliaciones de capital y emisiones de deuda. Según explica Josh en el análisis de The Economist, este aluvión de nuevos activos está cambiando la dinámica: los mercados que antes generaban efectivo gracias a los enormes beneficios de las big tech ahora se están convirtiendo en sumideros de liquidez. Es un giro radical que puede tensar las valoraciones de todo el sector.
‘Un mercado que antes arrojaba efectivo ahora lo está succionando’, advierte The Economist, señalando un cambio sísmico en la dinámica de los activos tecnológicos.
— The Economist
Apuestas arriesgadas: de centros de datos en órbita a Marte
Hay un dato que suele perderse entre los volúmenes astronómicos: SpaceX nunca ha tenido beneficios. El año pasado facturó 20.000 millones de dólares, pero perdió 5.000 millones. El analista de The Economist subraya que los inversores están comprando una narrativa de futuro basada en proyectos todavía no probados: desde la inteligencia artificial de XAI (que espera monetizar centros de datos en el espacio) hasta los cohetes que algún día podrían llevar humanos a Marte. Nada de eso tiene hoy un camino comercial claro. Como ironiza Josh, hay que ser muy optimista para no calificarlo de inversión de alto riesgo.
El factor Elon Musk: ¿showman o creador de mercados?
La valoración de casi 3 billones no surgió de un roadshow tradicional. Normalmente, la empresa y sus banqueros tantean a los grandes fondos para fijar un precio. En este caso, Elon Musk anunció semanas antes que las acciones cotizarían a 135 dólares cada una, y el mercado aceptó ese número sin rechistar, incluso añadiendo una prima. Para Josh, hay dos lecturas: o bien hubo un sondeo previo no público, o bien nos encontramos ante la capacidad única de Musk de hacer que los mercados funcionen a su antojo. La segunda opción, admite el presentador, le resulta más convincente tras lo visto.
Cuando todos seremos accionistas de SpaceX sin saberlo
Aunque mucha gente piense que esta historia no va con ellos, lo cierto es que los grandes índices ya están empezando a incluir SpaceX en sus cestas. Algunos proveedores de índices aplican un período de sazonamiento de solo cinco o quince días; el S&P 500 esperará un año antes de sumarla. Pero una vez que SpaceX sea parte de los índices más seguidos, los fondos indexados —instrumentos omnipresentes en planes de pensiones y carteras de ahorro— comprarán sus acciones de forma automática. Como señala The Economist, a menos que hagamos un esfuerzo muy consciente por evitarlo, prácticamente todos tendremos una pequeña participación en la visión de Musk sobre el futuro de la tecnología espacial.
Ahora la pregunta no es si SpaceX irá a Marte, sino si su cotización aguantará otro zarandeo antes de que la realidad empresarial alcance al mito bursátil. Mientras los índices la acogen con los brazos abiertos, el inversor de a pie haría bien en recordar que hasta las coheteras más ambiciosas necesitan, antes o después, levantar el vuelo de los números rojos.
Puedes ver el análisis completo en el siguiente vídeo de The Economist:





