La NASA ha probado con éxito un acoplador criogénico diseñado para repostar naves en órbita terrestre, una tecnología que hasta ahora solo existía en los planos de las misiones a la Luna y Marte. El dispositivo, desarrollado junto a L3Harris, soporta temperaturas de -196 grados Celsius y es capaz de acoplarse de forma autónoma aunque las naves no estén perfectamente alineadas. Los detalles de las pruebas, completadas a finales de junio de 2026, aparecen recogidos en la página oficial de la NASA.
El reto de transferir combustible a -196 °C en el vacío
Los propelentes criogénicos, como el hidrógeno y el oxígeno líquidos, deben mantenerse a cientos de grados bajo cero para no evaporarse. Cualquier fuga o calentamiento inutiliza la carga. Por eso los acopladores que se usan en tierra para llenar el cohete SLS no sirven: están pensados para desconectarse rápido durante el lanzamiento y no para funcionar en el espacio o para reconectarse automáticamente. La solución, según explica Travis Belcher, director del proyecto en el Centro Marshall de la NASA, pasa por un cryocoupler que pueda acoplarse y desacoplarse repetidamente sin intervención humana.
«Nadie ha conseguido aún hacer un repostaje criogénico en órbita entre dos naves», afirma Belcher. «Sigue siendo uno de los desafíos de ingeniería más difíciles de la astronáutica». El acoplador probado ahora está pensado para unir un depósito de combustible en órbita con una nave que llegue a repostar, algo así como una manguera de gasolinera que debe funcionar en condiciones de vacío, microgravedad y temperaturas extremas.
Brazo robótico y nitrógeno líquido: las pruebas en tierra
Los ingenieros de Marshall y L3Harris sometieron el prototipo a dos baterías de ensayos. En la primera, hicieron circular nitrógeno líquido a -196 °C mientras el acoplador se conectaba y desconectaba varias veces. Querían observar cómo afectaban las contracciones térmicas y el flujo a los materiales. En la segunda, montaron una de las mitades del acoplador en una mesa robótica que podía moverse en cualquier dirección, simulando desalineaciones de hasta varios centímetros. El sistema toleró esos desplazamientos sin pérdida de propelente, lo que demuestra que el diseño es robusto para las condiciones reales de acoplamiento en órbita.
Por qué un acoplador criogénico cambia los planes de exploración
Hasta ahora, toda nave que sale de la Tierra lleva consigo el combustible que necesita para su misión completa. Eso encarece cada lanzamiento y limita el tamaño de las cargas. Repostar en órbita significaría que un vehículo podría despegar con los tanques parcialmente vacíos, llenarlos en una estación de servicio espacial y continuar viaje con combustible fresco. La NASA contempla esa arquitectura tanto para las misiones Artemis a la superficie lunar como para los futuros viajes tripulados a Marte, donde el margen de masa es aún más crítico.
El repostaje en órbita es uno de los desafíos de ingeniería más difíciles de la astronáutica, y con esta prueba la NASA da un primer paso real hacia las gasolineras espaciales.
Belcher reconoce que el acoplador está en una fase muy temprana. Las pruebas actuales solo han verificado la funcionalidad básica, y aún quedan campañas más exigentes adaptadas a misiones concretas. No se ha fijado una fecha para un vuelo de demostración, y la tecnología debe escalarse desde un prototipo de laboratorio a un sistema certificado para vuelo. Aun así, la propia NASA describe el repostaje criogénico como uno de los hitos imprescindibles para las misiones de larga duración y, con este ensayo, se ha pasado de la teoría a la mesa de pruebas.
🔬 Ficha del Descubrimiento
- Qué se ha probado: un acoplador criogénico (cryocoupler) para transferir propelentes ultrafríos entre naves en órbita.
- Dónde: Centro Marshall de Vuelos Espaciales de la NASA, en Huntsville, Alabama.
- Institución responsable: NASA (programa de Gestión de Fluidos Criogénicos) y L3Harris.
- Cuándo: pruebas realizadas hasta junio de 2026, anunciadas el 26 de junio de 2026.
- Impacto a futuro: allana el camino para las estaciones de servicio orbitales que necesitarán las misiones Artemis y los viajes a Marte, reduciendo la masa de combustible que debe lanzarse desde la Tierra.




