Molins ha comprado la cementera portuguesa Secil por 1.081 millones de euros, descontando sus filiales de Túnez y Angola. La operación, que crea un grupo ibérico con ingresos proyectados de 1.638 millones de euros, se anuncia en paralelo a la pacificación total del consejo de administración y al inminente salto de la compañía al mercado continuo en julio.
Los términos de la adquisición de Secil
La compra de Secil convierte a Cementos Molins en el segundo operador del mercado ibérico del cemento, por detrás de Cimpor. El precio pagado —1.081 millones de euros— excluye las filiales tunecina y angoleña, lo que aligera el perímetro de la operación. Según las cuentas facilitadas por la compañía, Secil facturó 740 millones en los últimos doce meses y suma 2.900 empleados, mientras que Molins cerró 2025 con unos ingresos de 1.368 millones y un beneficio neto de 186 millones de euros. La entidad resultante, controlada desde Barcelona, alcanzará una cifra de negocio consolidada de 1.638 millones en las previsiones a cierre del ejercicio 2025.
| Concepto | Molins (2025) | Secil (12 meses) | Grupo combinado |
|---|---|---|---|
| Ingresos (mill. €) | 1.368 | 740 | 1.638 |
| Beneficio neto (mill. €) | 186 | n.d. | n.d. |
| Empleados | n.d. | 2.900 | n.d. |
La compañía cifra en 23 millones de euros las sinergias anuales previstas al tercer año, un argumento central que explica una transacción cuya magnitud cuadruplica el beneficio neto de Molins.
Una financiación a dos bandas
Para abordar la adquisición, Molins ha recurrido a una fórmula mixta: una emisión de bonos por importe de 500 millones en Luxemburgo, con un cupón del 5,5 %, asesorada por Banco Santander y JP Morgan, y un crédito sindicado de 680 millones suscrito por seis entidades financieras. El elevado apalancamiento temporal será compensado con la generación de caja del grupo combinado, aunque la compañía no ha detallado el ratio deuda/EBITDA post operación.
La elección de Luxemburgo no es casual: Molins lleva años explorando el mercado de deuda internacional para diversificar sus fuentes de financiación y alargar plazos. La participación de Santander y JP Morgan como colocadores añade un sello de calidad a la emisión, que se ha cerrado con una sobredemanda moderada según fuentes del mercado.

Pacificación del consejo y relevo generacional
La operación llega después de años de tensiones internas entre las tres ramas familiares que controlan el capital: los Molins Amat (31,5 %), los Molins López Rodó (33,6 %) y los Molins Gil (25,2 %). El primer gesto de apaciguamiento fue la devolución de la sede social a Cataluña en 2024, impulsada por Jordi Molins. El conflicto se había agudizado con la pretensión de varias ramas de desplazar a Joan Molins de la presidencia ejecutiva.
La junta celebrada este viernes en Sant Vicenç dels Horts escenificó la reconciliación. Joan Molins, Joaquim Molins Gil y un representante de los López Rodó tomaron la palabra en un tono emotivo. A continuación, se aprobó el relevo: el abogado penalista Pau Molins, de la rama Amat, entra en el consejo; Jackie Molins, principal accionista, sale y queda representado por Ignacio Monfort, persona de su confianza. Además, se modificó la configuración del órgano para reducir fricciones, delegando en el consejo la facultad de designar a un presidente ejecutivo independiente de los apellidos familiares.
La reconciliación de las tres ramas familiares elimina el principal foco de incertidumbre que pesaba sobre la gobernanza de la cementera y despeja el camino para su transformación.
El salto al mercado continuo: el final de una era
La junta también facultó al consejo para ejecutar, a lo largo de julio, el pase de la cotización de Molins desde los corros de la Bolsa de Barcelona al mercado continuo. El motivo es doble: los corros, donde aún cotiza junto a Damm, van a ser clausurados por BME (propiedad de SIX) en una decisión que ya era conocida; pero, sobre todo, la compañía necesita liquidez para convertirse en un valor atractivo. Con una capitalización de 2.400 millones de euros, Molins está a solo 400 millones de Solaria, la empresa más pequeña del Ibex 35.
El paso al continuo, además, supone el cierre definitivo de los corros barceloneses, un mercado que existe desde hace más de un siglo y que perderá a su mayor valor. La liquidez de Molins sigue siendo muy estrecha —el free float es mínimo porque ninguna de las tres ramas quiere vender—, pero el simple traslado al SIBE abre la puerta a una mayor presencia de inversores institucionales y a una futura consideración para el selectivo español.
Un giro estratégico que redefine el capitalismo catalán
La operación de Molins recuerda a otros hitos del capitalismo familiar catalán que pasaron desapercibidos en su momento: la fusión de Fluidra con Zodiac en pleno procés o la exclusión de Damm en 2015. En ambos casos, las empresas salieron fortalecidas. Ahora, Molins da un salto de escala al adquirir un activo ibérico que la convierte en un grupo de 1.638 millones de ingresos, con presencia en dos países y una estructura de capital más profesionalizada.
Más allá de la integración industrial, la pacificación accionarial y el salto al continuo son las dos palancas que pueden transformar a Molins en una empresa de primera división. La clave estará en si la familia, ahora en paz, acepta una mayor liquidez y una potencial dilución controlada para atraer inversores. El mercado, con el precio ya descontando en parte la operación, vigilará de cerca el ritmo de captura de las sinergias y el aterrizaje en el nuevo entorno bursátil.
📊 Las Claves para el Inversor
- Qué vigilar: La fecha exacta del debut en el SIBE, previsto para julio, y el contenido del primer folleto de admisión, que detallará las condiciones de la nueva cotización.
- Reacción del valor: La acción, que se ha movido en los corros con nula liquidez, podría revalorizarse al abrirse a un universo más amplio de inversores, aunque el estrechísimo free float pone un techo inmediato a la subida.
- Precedente sectorial: La compra de Secil remite a operaciones como la de Cimpor, pero el contexto de una empresa familiar pacificada que da el salto al continuo sin vender acciones marca una senda singular en el capitalismo ibérico.




