¿Cómo captura el carbono del cemento una cementera noruega? Así almacena 400,000 toneladas bajo el mar

La planta de Brevik, en Noruega, es la primera cementera del mundo que captura y almacena CO₂ bajo el mar. Con una inversión de 400 millones de euros, financiada en un 80% por el Estado noruego, el proyecto aspira a neutralizar la mitad de sus emisiones.

Noruega, tierra de fiordos y ahora también de una revolución industrial verde. La cementera de Brevik, a 150 kilómetros de Oslo, produce más de un millón de toneladas de cemento anuales y se ha convertido en la primera del mundo en capturar el CO₂ que emite y neutralizarlo bajo el fondo marino. DW Español nos adentra en sus instalaciones para comprender una tecnología que, aunque costosa, podría redefinir el futuro de la construcción.

La paradoja del cemento: imprescindible y altamente contaminante

Para fabricar cemento se necesita piedra caliza, abundante bajo tierra en las inmediaciones de la planta. El reportaje de DW Español muestra cómo se extrae a 300 metros de profundidad, se tritura y se transporta al horno rotatorio de 67 metros. Muy pocas veces las camaras pueden acceder al interior del horno, que ahora se está reacondicionando. Allí, la piedra se calcina a temperaturas que superan los 1.450 grados en el centro del horno. De este proceso no solo sale clínker para el cemento: también se libera el CO₂ atrapado en la roca. La mitad del peso de la caliza es dióxido de carbono, y al calentarla a 900 grados, ese gas se escapa. Las emisiones totales se agravan porque el horno funciona con gas, carbón y residuos, generando aún más contaminación.

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Las cifras marean: solo esta planta emite cientos de miles de toneladas de CO₂ cada año. Las cementeras son responsables de aproximadamente el 7% de las emisiones globales, un dato que DW Español contextualiza para subrayar la urgencia de buscar soluciones.

La apuesta noruega por la captura de carbono

En 2025 se inauguró un enorme sistema de filtrado que cambia las reglas del juego. Con una inversión de 400 millones de euros financiada al 80% por el Estado noruego, la instalación separa el CO₂ de los gases del horno antes de que lleguen a la atmósfera. Heidelberg Materials, el gigante cementero dueño de la planta, aportó el 20% restante. Según el reportaje, la empresa opera 130 cementeras en todo el mundo y ve en Brevik un laboratorio a escala real. Un portavoz sostiene que para lograr el cero neto era indispensable trabajar en la captura de carbono y que en Noruega encontraron un socio igual de ambicioso.

No obstante, el sistema solo captura alrededor de la mitad de las emisiones. La tecnología es aún imperfecta, pero la compañía investiga nuevos métodos de combustión y alternativas a la piedra caliza para reducir el resto. El CO₂ atrapado se almacena en tanques gigantes que, en apenas cuatro días, están listos para ser evacuados.

‘Para alcanzar el objetivo de cero emisiones netas era indispensable trabajar en la captura de dióxido de carbono’, explica un representante de Heidelberg Materials.

— DW Español

Del puerto de Brevik a las profundidades del mar del Norte

El viaje del dióxido de carbono continúa en barco. La carga viaja hasta la estación de bombeo de Høy Garden, a unos 700 kilómetros de la planta. Allí, el consorcio Northern Lights (participado por TotalEnergies, Air Liquide y Shell) se encarga de inyectar el gas, mediante tuberías, a 2.600 metros bajo el lecho marino. DW Español recoge que el buque Northern Pattern puede transportar hasta 8.000 toneladas de CO₂ y que la flota se ampliará con tres barcos más para atender a clientes en Suecia, Dinamarca y los Países Bajos.

La infraestructura de bombeo y almacenamiento costó 1.500 millones de euros, de nuevo con un 80% de dinero público noruego. Para un país que es el cuarto proveedor mundial de gas y uno de los principales exportadores de petróleo, la apuesta por la captura y almacenamiento de carbono (CCS) no es solo climática: también es estratégica.

La paradoja de las petroleras: invierten en CCS mientras siguen extrayendo hidrocarburos

Northern Lights reúne a grandes compañías de petróleo y gas. TotalEnergies, por ejemplo, emite anualmente decenas de millones de toneladas de CO₂, aunque ha reducido de 40 a 33 millones en los últimos años. En el vídeo, un portavoz de la energética admite que la CCS todavía no forma parte de ese esfuerzo de reducción, pero se integrará en el futuro. Esta visión, señala DW Español, dibuja una realidad incómoda: quienes invierten en enterrar carbono siguen, mientras tanto, extrayendo recursos fósiles.

¿Un cemento ‘verde’ para el bolsillo? El coste de las emisiones

El contexto regulatorio empuja la rueda. La Unión Europea cobra a los grandes emisores unos 70 euros por tonelada de CO₂, una tasa que subirá por encima de los 100 euros en 2030. Por eso, aserías, centrales térmicas y otras cementeras europeas se interesan ya por la CCS. Los costes, sin embargo, son altos, y el cemento capturado en carbono será más caro. ‘El cemento se encarece si se produce con menos emisiones de CO₂’, reconoce la propia Heidelberg Materials, que explora qué valor están dispuestos a pagar los clientes por una construcción neutra en carbono.

La planta de Brevik es un espejo de lo que está por venir. Tecnologías como la CCS no son una varita mágica, pero ofrecen un camino mientras se desarrollan alternativas más limpias. La pregunta flota en el aire: ¿estamos dispuestos a pagar más por un cemento que no hipoteque el clima?

Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de DW Español:


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