El País Vasco estrena tasa turística este verano, San Sebastián será la primera ciudad en cobrarla hasta 7,50 euros por noche

San Sebastián se convierte este verano en la primera ciudad del País Vasco en cobrar el nuevo impuesto turístico, con tarifas de hasta 7,50 euros por persona y noche en hoteles de lujo. Una medida que puede generar hasta 8,5 millones de euros anuales y que Bilbao ya prepara para antes de que acabe 2026.

Si tienes una reserva en un hotel de cinco estrellas en San Sebastián este verano, prepárate para ver una línea extra en la factura. El País Vasco ha dado el paso que muchos esperaban desde hace años: la nueva tasa turística ya es una realidad, y Donostia ha pasado a la historia como la primera ciudad vasca en activarla. El impuesto puede alcanzar los 7,50 euros por persona y noche en los establecimientos más lujosos, lo que coloca a la ciudad al nivel de las grandes capitales europeas que ya cobran por el derecho a dormir en ellas.

Las tres Diputaciones Forales —Álava, Bizkaia y Gipuzkoa— aprobaron a principios de 2026 una normativa homogénea para todo Euskadi, algo inédito en el sistema foral vasco. Los ayuntamientos disponen de un plazo máximo de seis meses desde la entrada en vigor de la Norma Foral para adaptar sus ordenanzas fiscales, lo que explica el despliegue escalonado: San Sebastián primera, Bilbao antes de que acabe el año, y plena vigencia en todos los municipios del País Vasco prevista para 2027.

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Cuánto pagarás en el País Vasco: la escala de tarifas

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La horquilla del impuesto va de los 0,75 euros por noche en los alojamientos más básicos hasta los 5 euros fijados por la Diputación de Gipuzkoa como tarifa máxima base. Sin embargo, los municipios con más de 750 plazas turísticas pueden sumar un recargo del 50%, lo que en el caso de San Sebastián eleva la cifra a los 7,50 euros en hoteles de lujo. En el extremo opuesto, los municipios pequeños con 25 plazas o menos pueden aplicar una bonificación del 100% —es decir, no cobrar nada.

El impuesto tiene además un tope claro: se aplica sobre un máximo de cinco noches por estancia. A partir de la sexta, el contador se detiene. Están exentos los menores de 18 años —el umbral más alto de España—, las personas con discapacidad reconocida del 65% o superior, quienes viajan por motivos de salud y sus acompañantes, así como quienes están de paso por programas de estudios o de talento organizados por administraciones públicas de Euskadi.

El País Vasco y el modelo Donostia: un impuesto finalista y negociado

El ejemplo de País Vasco y el papel de Donostia dentro de ese modelo merecen una lectura detenida. Lo que diferencia al nuevo impuesto donostiarra del que existe en otras ciudades españolas es su carácter finalista y negociado con el sector: el dinero recaudado debe revertir en mejoras concretas para la ciudad. Una propuesta que ha estado sobre la mesa es ampliar la frecuencia del transporte público en los horarios en que los trabajadores del sector terminan sus turnos. No es un impuesto más; es, al menos sobre el papel, un pacto entre la ciudad y su industria turística.

El alcalde de Donostia, Eneko Goia, ha insistido en que la recaudación tiene que servir para mejorar servicios y calidad de vida, sin cerrar la puerta a que una parte revierta también en el propio sector turístico. Con una estimación de hasta 8,5 millones de euros anuales, la cifra no es menor para una ciudad de tamaño medio que ha visto cómo el turismo se convertía en uno de sus principales activos económicos y también en una fuente creciente de tensión con los residentes.

Bilbao prepara su propia tasa turística

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Bilbao ha dejado claro que no quiere quedarse atrás. La capital vizcaína prepara su propio modelo de tasa turística con el objetivo de tenerlo operativo antes del cierre de 2026. La ciudad del Guggenheim y de la gastronomía de primer nivel recibe millones de visitantes al año y su potencial recaudatorio no se aleja demasiado del de San Sebastián. El modelo foral permite que cada territorio ajuste los detalles, aunque el marco normativo es común para las tres diputaciones.

La diferencia vasca respecto a otras comunidades como Cataluña o Baleares está en la arquitectura foral: es la diputación de cada territorio quien fija el marco, no el gobierno autonómico, lo que añade una capa de variación que gestores y viajeros habituales con estancias en más de un territorio vasco deberán tener en cuenta. Con la incorporación del País Vasco en 2026, ya son cuatro las comunidades autónomas españolas con este impuesto en vigor.

Quién paga y quién queda exento

El turista, no el hotel

El impuesto lo paga el visitante, pero es el establecimiento el responsable de cobrarlo en el momento del alojamiento y de liquidarlo ante la Hacienda Foral correspondiente. La tasa se devengará al inicio de la estancia y aparecerá desglosada en la factura final. Ignorar esa línea no la elimina: los establecimientos que no apliquen el impuesto se exponen a sanciones.

Reservas antiguas y reservas nuevas

Las reservas formalizadas antes del 5 de febrero de 2026 —fecha en que arrancó la fase de alegaciones de la Norma Foral— quedaron libres del pago. La medida busca evitar reclamaciones sobre contratos cerrados antes de que el impuesto fuera de conocimiento público. Para todo lo reservado a partir de esa fecha, la tasa aplica con normalidad desde que el ayuntamiento correspondiente active su ordenanza.

Por qué el País Vasco apuesta por este modelo y qué viene después

El debate lleva años sobre la mesa en Euskadi. El sector turístico tardó en aceptarlo, pero el proceso negociado y colaborativo impulsado desde el Gobierno Vasco y las diputaciones terminó por generar un consenso difícil de cuestionar. La clave fue diseñar un impuesto progresivo —más estrellas, más euros— y con destino claro: los ingresos van directamente a los ayuntamientos para que repercutan en los residentes y en la mejora de infraestructuras y servicios.

La hoja de ruta a partir de aquí es clara. Donostia abre el camino este verano, Bilbao se suma antes de que acabe el año y todos los municipios del País Vasco operarán bajo la misma norma en 2027. Las ciudades que han logrado que sus vecinos convivan con el turismo masivo son las que han sabido demostrar que ese dinero vuelve al barrio. Donostia, con su historia de consensos difíciles tejidos desde la política local, tiene las condiciones para convertirse en un referente de gestión turística responsable que otras ciudades del norte de España ya observan con atención.


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