La apuesta televisiva de Paramount al hacerse con el control de Warner Bros. Discovery es más que clara. El estudio ha tenido grandes problemas para competir en la guerra del streaming, arrollado tanto por Netflix como por competidores más recientes como Disney+ o HBO Max; sin embargo, ahora ha iniciado su nueva estrategia y espera no solo alcanzar a los competidores más cercanos, sino también al gran gigante del sector.
Por eso ha empezado el proceso de absorber e integrar sus servicios más pequeños en Estados Unidos —como Pluto TV y BET+, la plataforma dedicada a la cultura afroamericana— en Paramount+. Es un paso que no solo incrementa el número de usuarios en su principal plataforma —que hasta ahora ha sido un agujero por el que se escapan sus ganancias—, sino que también facilita a los suscriptores actuales el acceso unificado a los contenidos, lo que contribuye a crear una plataforma que sea más atractiva para el público internacional.
Mientras tanto, sigue dando pasos para completar la fusión con Warner Bros. Discovery. Ya se ven mejor posicionados ante los reguladores norteamericanos, aunque es posible que deban vender sus dos estudios de contenido infantil: Nickelodeon —responsable de Bob Esponja o Avatar: el último maestro aire— y Cartoon Network, parte de la estructura de la empresa que dirige David Zaslav. Con todo, la presión ahora viene de Europa, que sigue viendo con malos ojos un estudio y una plataforma de streaming de este tamaño.

Pero incluso cediendo estos espacios, la fusión de la reforzada Paramount+ con HBO Max daría lugar a un gigante difícil de enfrentar para sus rivales. La empresa tendría un servicio con más de 200 millones de suscriptores, una cifra que lo mantendría por detrás de los 350 millones de Netflix, pero que le permitiría acercarse mucho de un solo golpe; asimismo, fusionaría dos catálogos de contenido atractivos para convencer a esos 150 millones de usuarios que faltan para igualar la competición.
El reto europeo de la fusión
El problema al que sigue enfrentándose Paramount en esta fusión son los organismos reguladores. El propio consejero delegado y dueño de la compañía, David Ellison, llegó a acusar a Netflix de «envenenar» las opiniones sobre la operación ante las instituciones que la pueden detener. De momento, los directivos muestran confianza respecto a las decisiones en Estados Unidos —donde el directivo y su familia han conseguido mantener una relación cercana con la Administración de Donald Trump—, pero mantienen sus reservas sobre lo que pueda pasar en Europa.
Según ha revelado Bloomberg, la Comisión Europea ha fijado el 14 de julio como fecha límite para decidir si intensifica o no su investigación sobre las subvenciones en el acuerdo. Según la Ley de Subvenciones Extranjeras del bloque, la Unión Europea tiene la potestad de examinar las ayudas que puedan obstaculizar los mercados europeos, por lo que podría imponer multas, suspender licitaciones e incluso bloquear adquisiciones si se demuestra que hay fondos públicos de algún Estado.
Sobre esto, Paramount simplemente se ha limitado a insistir en que prefiere no hablar de procedimientos regulatorios que no han terminado. «Como hemos dicho antes, nos hemos comprometido con todos los organismos reguladores y de aplicación de la ley de forma constructiva y transparente, y seguiremos haciéndolo», han sentenciado. El problema es que, además del aval de Larry Ellison (padre de David), la oferta incluye también capital del Fondo de Inversión Pública de Arabia Saudita y de la Autoridad de Inversión de Catar; un hecho suficiente para que Europa considere peligrosa la fusión.
¿Una victoria pírrica para Paramount?
Parte del problema al que se enfrenta Paramount es que la inversión ha sido tan grande que, en caso de no ser capaz de completar la fusión, la deuda podría ser muy difícil de asumir. El préstamo que ha tenido que solicitar a los bancos norteamericanos ya alcanza los 30.000 millones de dólares, una deuda que se suma a la que ya tenía el estudio que controla HBO y que asciende a los 70.000 millones.

No es una cifra pequeña, por lo que se convierte en un peso para la nueva empresa. Lo cierto es que los nuevos dueños de Warner se enfrentan a una carrera contra el reloj para sanear estas cuentas y, aunque tienen la ventaja de haber adquirido la firma en un momento especialmente dulce para la casa de DC Comics —que el año pasado fue responsable de tres de las películas más taquilleras y bien recibidas del periodo: Superman, Una batalla tras otra y Pecadores—, el crecimiento de su plataforma de streaming, HBO Max, ha dejado al estudio en una posición potente, pero siempre complicada de mantener.
El sueño de un nuevo gigante en el mundo del streaming
Si bien en Hollywood y Europa siguen mostrando su incomodidad con la posible fusión, la realidad es que la empresa que dirigen los Ellison tiene el objetivo muy claro y ha dado los pasos necesarios para conseguirlo. Es cierto que el modelo de Netflix, así como el hecho de haber llegado primero, hacen que sea complicado alcanzarla en el número de usuarios a nivel internacional; de hecho, en España duplica el total de su rival más cercano, Amazon Prime Video.
Pero la fusión sería un paso clave. Es cierto que la operación no ha estado exenta de controversias, pero de momento parece encaminada a buen puerto, aunque esto no guste demasiado en algunos sectores del mundo del entretenimiento.




