La yihad en ChatGPT: el uso de la inteligencia artificial por extremistas dispara las alertas de seguridad mundial

Grupos terroristas como Boko Haram han creado unidades especializadas en IA para mejorar tácticas de combate. La presión sobre las tecnológicas para reforzar la seguridad se intensifica mientras el riesgo de atentados se globaliza.

Los grupos yihadistas han pasado de experimentar con la inteligencia artificial a crear unidades especializadas que la integran en su cadena de mando. El uso de ChatGPT para planificar ataques ya no es una hipótesis académica: Boko Haram la empleó para aprender a saltar trincheras con motocicletas, provocando 18 muertos en el entrenamiento. Este salto cualitativo, revelado por una investigación de la Universidad de Cambridge, dispara las alertas de seguridad mundial y sitúa a las tecnológicas ante su mayor dilema reputacional.

Claves de la operación

  • Del ensayo y error a la optimización letal. Boko Haram usó ChatGPT para perfeccionar la técnica del salto con moto, acumulando 18 bajas antes de dominarla. El algoritmo acortó la curva de aprendizaje y redujo el coste humano de la experimentación.
  • Una unidad de IA propia, con estructura militar. La banda mantiene en el bosque de Sambisa una célula especializada de 23 miembros, alimentada con energía solar y al margen del combate directo. Instructores llegados de Libia, Irak, Afganistán y Francia la entrenaron.
  • La industria tecnológica, contra las cuerdas. Los grandes asistentes de IA (ChatGPT, Claude, Gemini, Grok, Meta AI y DeepSeek) son utilizados para fabricar explosivos, vigilar objetivos y diseñar ataques. Las empresas contactan a la investigadora, pero los controles actuales son fácilmente burlados.

El salto mortal: cómo un grupo terrorista convirtió a ChatGPT en instructor de combate

El informe ‘Alá nos ayudó, también lo hará la IA’, de la investigadora Antonia Juëlich (Universidad de Cambridge), rompe con la creencia de que los yihadistas solo empleaban la inteligencia artificial para propaganda. Tras entrevistar a 27 excombatientes de Boko Haram en Nigeria, ha documentado un salto operativo que ya es estructural.

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El testimonio más estremecedor: un excomandante detalla cómo, tras fracasar en un asalto a una base militar por culpa de las trincheras, recurrieron a ChatGPT. “Le dimos información como el tipo de motos que usamos y la distancia que necesitábamos saltar y nos dijo paso por paso lo que debíamos hacer”. Dieciocho combatientes murieron probando la técnica antes de que ocho la ejecutaran con éxito. La IA no sustituyó al mando humano, pero lo aceleró y profesionalizó. Cada intento fallido retroalimentaba al modelo en una espiral de aprendizaje acelerada.

El estudio revela que Boko Haram no se limitó a una consulta aislada. La organización ha creado una unidad especializada en IA, ubicada en la zona boscosa de Sambisa, que no participa en combates y depende directamente de la jerarquía. Esta célula, con 23 integrantes, dispone de un espacio alimentado por energía solar y se dedica a formar a los cabecillas en el uso de asistentes como ChatGPT, Claude, Gemini, Grok, Meta AI y DeepSeek. Sus tareas abarcan desde la fabricación de explosivos hasta la vigilancia defensiva y la generación de nuevas ideas para atentados. Ya no hablamos de terrorismo 2.0; hablamos de terrorismo con departamento de I+D.

La respuesta insuficiente de las tecnológicas

El sector lleva meses asegurando que sus modelos incorporan barreras para impedir usos dañinos. Sin embargo, el trabajo de Juëlich demuestra que los terroristas las sortean con facilidad. La propia investigadora asegura que, tras la publicación del informe, varias compañías de IA la han contactado para mejorar la seguridad. Pero el ritmo del enemigo es más rápido.

Tech Against Terrorism (TAT), organismo respaldado por la ONU, envió 2.300 preguntas de posible uso terrorista a 27 modelos de IA. Un tercio de las respuestas contenía información útil para realizar ataques, desde fabricar una bomba hasta planificar una masacre. Adam Harley, director de TAT, declaró: “Muchos modelos proporcionaron información valiosa para fabricar una bomba o planificar un ataque con numerosas víctimas. Esto es inaceptable […] El verdadero riesgo es que los desarrolladores de IA estén creando, sin darse cuenta, modelos que no pueden controlar”.

El fenómeno no se limita a África. Grupos del Sahel, como JNIM (Al Qaeda), ya modifican drones comerciales con IA para convertirlos en armas letales. Y la red de satélites Starlink, de Elon Musk, es utilizada por estas organizaciones para comunicarse en zonas sin cobertura, escapando al control estatal. El ecosistema tecnológico civil se ha convertido, de facto, en la base logística del nuevo yihadismo.

Dieciocho combatientes muertos para aprender a saltar una trinchera. La IA no falló: el proceso de ensayo y error se aceleró con algoritmos y se normalizó la experimentación con vidas humanas.

IA y terrorismo

España y la ciberseguridad: una oportunidad para la industria nacional

En esta redacción entendemos que la amenaza no es una abstracción geopolítica. España, que sufrió el mayor atentado yihadista en suelo europeo con el 11-M, mantiene un nivel de alerta antiterrorista elevado y cuenta con una comunidad de inteligencia que ya monitoriza el empleo dual de la IA. El Centro Nacional de Inteligencia (CNI) y la Policía Nacional han incorporado la detección de usos ilícitos de modelos generativos a sus protocolos, pero la capacidad de anticipación sigue siendo limitada.

Para la economía digital española, este escenario abre un doble frente. Por un lado, la presión sobre las tecnológicas globales amenaza la reputación de herramientas masivas como ChatGPT, cuyo uso por parte de yihadistas puede erosionar la confianza del consumidor y disparar las exigencias regulatorias. Por otro, surge una oportunidad de negocio para las empresas de ciberseguridad y defensa que ya operan en el IBEX 35. Indra, líder en sistemas de vigilancia y ciberdefensa, podría capturar contratos derivados de la necesidad de blindar las infraestructuras críticas frente a ataques asistidos por IA. Telefónica Tech, con su división de ciberseguridad, también está posicionada.

La regulación europea, a través de la AI Act —ya en vigor—, exige evaluaciones de riesgo para sistemas de IA de alto riesgo. Sin embargo, el reglamento no fue diseñado pensando en uso malicioso por parte de actores no estatales que no respetan fronteras normativas. Bruselas deberá acelerar la actualización de sus estándares técnicos si no quiere que la Directiva se convierta en papel mojado ante una amenaza que se mueve con la agilidad del software.

Consideramos que el verdadero punto de inflexión llegará cuando un ataque con sello de IA golpee suelo europeo. Los terroristas no esperarán a que la regulación sea perfecta. Y la industria tecnológica, que durante años ha priorizado la velocidad de lanzamiento sobre la seguridad, tiene ahora la responsabilidad de demostrar que sus modelos no son cómplices involuntarios. Si Madrid quiere consolidarse como polo europeo de ciberseguridad, este es el momento de pasar de la alerta al contrato.


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