Ayer, jueves 11 de junio, la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) declaró oficialmente el inicio de El Niño. He estado revisando el comunicado y lo que me preocupa es ese 63% de probabilidad de que el evento sea muy fuerte entre noviembre de este año y enero de 2027: un nivel que lo situaría entre los mayores registrados desde 1950. La advertencia no es menor para Europa, porque los precios de los alimentos llevan meses contenidos y este shock climático puede cambiar la ecuación inflacionaria.
La NOAA declara El Niño 2026 con un 63% de probabilidad histórica
Según el comunicado, las temperaturas de la superficie del mar en el Pacífico ecuatorial central y oriental han aumentado de forma consistente durante el último mes, señalando que «las condiciones de El Niño se han desarrollado». El dato clave —y el que los mercados de materias primas no deberían pasar por alto— es esa probabilidad de evento extremo. En paralelo, el Servicio de Cambio Climático Copernicus de la UE ya había anticipado esta posibilidad el miércoles. Carlo Buontempo, su director, fue contundente:
«Las probabilidades están fuertemente a favor de un evento moderado a fuerte, o probablemente fuerte con posibilidad de batir récords en esta etapa.» — Carlo Buontempo, director del Servicio de Cambio Climático Copernicus
La NOAA, en su aviso, subraya que «hay un 63% de probabilidad de un El Niño muy fuerte durante noviembre-enero que se clasificaría entre los mayores eventos en el registro histórico». Y los precedentes no son tranquilizadores: cada episodio grave de El Niño ha alterado los patrones de lluvia en Asia, con efectos dominó sobre los precios de los alimentos.
Por qué El Niño 2026 golpea justo donde duele: la cadena alimentaria asiática
Lo que veo en los modelos es una amenaza que, de cumplirse, afectaría a los principales graneros de Asia en plena temporada clave:
- India: los monzones de verano, esenciales para el arroz y la caña de azúcar, suelen debilitarse durante El Niño. Con un 63% de intensidad extrema, la producción de arroz podría caer un 10%, disparando los precios internos y limitando las exportaciones.
- Sudeste asiático: la sequía asociada reduciría las cosechas de palma aceitera y caucho, encareciendo materias primas que Europa importa de Malasia e Indonesia.
- Australia: los episodios fuertes de El Niño suelen traer sequías que disminuyen las exportaciones de trigo y cebada hacia Asia y Oriente Medio, con un efecto indirecto de aumento de precios en los mercados internacionales de granos.
No es solo una cuestión de oferta. Mohamed Adow, director del think tank Power Shift Africa, resumió el drama con crudeza:
«Para millones de personas en todo el mundo no es solo otro pronóstico meteorológico. Es una sirena mortal a la que temer. Significa lluvias fallidas, cosechas moribundas, precios de los alimentos al alza y familias empujadas al límite una vez más.» — Mohamed Adow, director de Power Shift Africa
🌐 El efecto dominó en Occidente
El impacto en Europa no será inmediato, pero se filtrará en los costes de importación durante la segunda mitad del año. España, que importa una parte significativa de su arroz de India y sus grasas vegetales del sudeste asiático, podría ver cómo el IPC de alimentos vuelve a presionar justo cuando el BCE confiaba en una desinflación suave. Si el trigo y el arroz suben un 15% en los mercados asiáticos, el efecto sobre la cesta de la compra se notaría en el cuarto trimestre. Además, el repunte de materias primas alimentarias complicaría la narrativa de recortes de tipos del BCE: un factor que los mercados no están descontando con la suficiente atención.
Lo que estaré siguiendo con lupa es la próxima actualización de la NOAA en julio, cuando se afinará la previsión de intensidad. Si ese 63% sube al 80%, los seguros agrícolas y los hedge funds moverán ficha antes del verano. Y entonces, El Niño 2026 habrá pasado de ser una amenaza climática a un factor macroeconómico de primer orden.




