Juan Ramón Rallo alerta: la UE quiere movilizar 10 billones de ahorros europeos hacia la inversión

Rallo desgrana el plan de Bruselas para los ahorros europeos y advierte: detrás de una cuenta fiscalmente bonificada inspirada en Suecia se esconde un intento de canalizar el dinero privado hacia la defensa y la transición energética.

Hay ideas que, vestidas con el traje de la sensatez, logran colarse en el debate público sin demasiada resistencia. La última propuesta de la Comisión Europea para movilizar el ahorro de las familias es una de ellas. Juan Ramón Rallo, en su análisis más reciente, desmenuza la letra pequeña de un plan que promete rentabilizar los 10 billones de euros que los europeos tienen aparcados en cuentas bancarias, y encuentra algo más que buenas intenciones.

10 billones de euros que pierden valor cada año

Rallo parte de un diagnóstico que comparte: el ahorro europeo está mal gestionado. Las familias mantienen en depósitos bancarios alrededor de 10 billones de euros que, año tras año, obtienen una rentabilidad que ni siquiera cubre la pérdida de poder adquisitivo. La inflación devora esos ahorros de forma silenciosa mientras los bancos, como único canal de intermediación disponible para la mayoría, no están diseñados para financiar proyectos empresariales de alto riesgo o startups que queman caja para crecer.

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Esta dependencia del canal bancario perjudica por partida doble: los ahorradores ven cómo su dinero se devalúa y las empresas europeas quedan rehenes de una financiación cara y poco ajustada a sus necesidades. El problema es real, insiste Rallo, y Bruselas ha entrado como elefante en cacharrería con intenciones declaradas que suenan razonables.

La ISK sueca: un modelo de éxito al que todos miran

La Comisión Europea plantea crear una cuenta de ahorro fiscalmente bonificada inspirada en la ISK sueca, un instrumento que funciona desde 2012. Rallo explica su mecánica con un ejemplo clarificador: si tienes 100.000 euros en acciones dentro de esta cuenta, el sistema sueco te imputa una rentabilidad hipotética basada en el tipo de interés de la deuda pública más un punto porcentual. Sobre esa rentabilidad ficticia —no sobre la real— pagas un 30% de impuestos.

En la práctica, esto significa que unas ganancias bursátiles que en España te costarían entre 7.000 y 9.000 euros en impuestos, bajo el paraguas sueco se quedan en poco más de 1.000. No es casualidad, señala Rallo, que este vehículo se haya convertido en una de las principales herramientas de ahorro de las familias suecas. Trasladar algo así a toda Europa sería, en principio, una buena noticia para los ahorradores. Pero el diablo, como suele ocurrir con las propuestas legislativas, está en los detalles.

No eres tú ni es el mercado quien decide qué sectores son los más rentables. Es el burócrata de Bruselas o el burócrata de Madrid quien determina qué sectores quiere hipertrofiar y cuáles quiere atrofiar.

— Juan Ramón Rallo

El diablo está en los detalles de la propuesta europea

Al leer el documento que la Comisión ha enviado a los Estados miembros, Rallo encuentra la primera trampa: lo que Bruselas exige no es replicar el modelo sueco, sino crear una cuenta con el régimen fiscal más favorable de cada jurisdicción. En España, ese régimen podría ser las bonificaciones a los planes de pensiones, que han quedado reducidas a apenas 1.500 euros de deducción anual. Vamos, que no hay que hacerse ilusiones con que el gobierno español vaya a crear una cuenta tan ventajosa como la sueca. Puede cumplir con Bruselas con un producto totalmente descafeinado que no movilice ni un euro de los depósitos bancarios.

Pero lo más inquietante, advierte Rallo, es otro punto de la propuesta. La Comisión recomienda a los Estados que dentro de esas cuentas bonificadas se otorgue una ventaja fiscal adicional a quienes inviertan en activos considerados «estratégicos». Dos sectores aparecen señalados con claridad: la industria de la defensa y la inversión verde. Y aquí es donde las buenas intenciones empiezan a camuflar lo que Rallo califica sin rodeos como una estrategia de canalización forzosa del ahorro privado.

Defensa y transición verde: los sectores que Bruselas elige por ti

Los Estados europeos quieren rearmarse e impulsar la transición energética, pero no tienen recursos para financiarlo. Su gasto público está absorbido por las pensiones y su nivel de endeudamiento les deja poco margen para emitir más deuda. La solución que se les ha ocurrido, sostiene Rallo, es utilizar el ahorro de las familias como combustible para estos proyectos. Que sea tu dinero, no el del Estado, el que financie las fábricas de drones o los bonos verdes que los burócratas han elegido como prioritarios.

Rallo cita textualmente el plan ReArmar Europa, que contempla activar cláusulas de flexibilidad fiscal, instrumentos de préstamo por 150.000 millones de euros y, de forma explícita, acelerar la Unión de Ahorros e Inversiones para que la industria de defensa «no dependa únicamente de la inversión pública». Si compras acciones de una empresa de defensa o bonos de una energética renovable, sostiene Rallo, tus rendimientos podrían estar bonificados al 50, al 60 o al 90%. Esto introduce un sesgo deliberado: no se trata de que el ahorrador decida libremente, sino de que el Estado oriente la inversión hacia los sectores que considera estratégicos, creando además un entramado de cercanía entre esas empresas y el propio gobierno.

Cuando la fiscalidad discriminatoria se disfraza de oportunidad

Rallo contrapone esta propuesta con el modelo sueco original, que es fiscalmente neutral: el ciudadano elige dónde invertir sin privilegios ni penalizaciones por escoger unos activos sobre otros. La cuenta europea, tal como la plantea Bruselas, introduce una fiscalidad discriminatoria que premia determinadas decisiones de inversión y castiga otras. El mercado deja de ser el mecanismo que asigna el capital a los proyectos más rentables y pasa a ser el burócrata quien hipertrofia unos sectores mientras atrofia otros.

La advertencia final de Rallo es contundente: la próxima vez que un político asegure haber tenido una buena idea para los ahorradores, conviene mirar dos veces. Detrás de un vehículo de ahorro aparentemente beneficioso puede esconderse un mecanismo para dirigir el dinero privado hacia los fines que el Estado no puede pagar con recursos públicos. El infierno, como recuerda el dicho que él mismo cita, está empedrado de buenas intenciones.

Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de Juan Ramón Rallo:


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