La factura de la luz acaba de subir y el calor acaba de llegar: mala combinación. Desde el 1 de junio, el IVA de la electricidad volvió al 21% y el Impuesto Especial sobre la Electricidad escaló al 5,11%, lo que supone entre 15 y 20 euros más al mes para un hogar medio. Y eso es antes de encender el aire acondicionado. La AEMET confirma que junio, julio y agosto de 2026 registrarán temperaturas en el tercil superior en toda España, con especial intensidad en el norte peninsular, el Mediterráneo y Baleares.
El problema no es nuevo, pero este año el golpe es doble: la carga fiscal aumenta justo cuando el consumo estival va a dispararse. Según datos de la OCU, un aire acondicionado funcionando cuatro horas diarias puede sumar entre 36 y 70 euros al mes según la zona climática. Ese es el gasto que las familias con criterio han aprendido a recortar a la mitad con gestos que no cuestan nada.
Qué está pasando con la factura de luz este verano
El punto de partida importa: la luz en España nunca ha sido tan cara en términos fiscales como ahora mismo. El fin de las rebajas temporales del IVA y del IEE, aplicadas durante la crisis energética, se ha producido justo en el arranque de la temporada más exigente del año. Ese doble golpe —más impuestos más más consumo— es lo que convierte junio en el mes más peligroso para el bolsillo energético de muchos hogares.
Los datos de Red Eléctrica de España señalan que julio y agosto concentran algunos de los mayores picos de demanda del año, y 2026 no va a ser la excepción. Con un verano que la AEMET califica como probablemente más cálido que el de 2025 —ya de por sí el más caluroso de la serie histórica—, el consumo de climatización podría superar cualquier referencia anterior.
El truco de la luz que marca la diferencia en el recibo
La clave que separa a quienes controlan su factura de luz de quienes se sorprenden cada mes no es apagar el aire, es saber usarlo. Y el primer paso, como explica la OCU, es revisar la tarifa contratada: muchas familias siguen pagando una tarifa que ya no se ajusta a sus hábitos de consumo, especialmente los que han cambiado desde que teletrabajan o pasan más tiempo en casa en verano.
El segundo paso es el termostato. El IDAE (Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía) calcula que cada grado que se baja por debajo de 24 °C supone entre un 7% y un 10% más de consumo. Poner el aire a 20 grados no enfría más rápido, simplemente hace trabajar al compresor mucho más tiempo. Mantenerlo entre 24 y 26 °C es el estándar de las familias que salen bien del verano.
Los hábitos que más reducen el gasto de luz en casa
Cerrar persianas durante las horas centrales del día puede reducir la temperatura interior entre 4 y 6 grados sin coste energético, lo que significa que el aire trabaja menos desde el principio. La ventilación nocturna, cuando las temperaturas bajan, permite refrescar la vivienda de forma gratuita y retrasar la primera hora de uso del climatizador al día siguiente.
El mantenimiento del propio equipo también tiene un impacto directo y medible. Un filtro sucio obliga al aparato a consumir entre un 5% y un 15% más de electricidad, según datos del sector. Una limpieza básica de los filtros, que cualquiera puede hacer en diez minutos, puede suponer un ahorro de varios euros mensuales a lo largo de toda la temporada.
Cómo funciona la tarifa por horas y por qué cambia todo
La gran mayoría de los hogares con PVPC —el precio regulado de la luz— está en una tarifa con tres franjas horarias: punta, llano y valle. El periodo valle, de madrugada y los fines de semana, tiene el precio de la luz más bajo del día. Las familias más ahorradoras han aprendido a programar electrodomésticos de alto consumo en esas franjas, pero también a anticipar el enfriamiento de la vivienda en horas baratas para no tener que forzar el aire en las horas más caras.
¿Cuándo conviene encender el aire?
Lo ideal es aprovechar la tarifa valle, habitualmente de medianoche a las ocho de la mañana, para bajar la temperatura de la vivienda y cerrar bien puertas y ventanas. Si la casa está fresca a las ocho, la sensación de confort se prolonga hasta el mediodía sin necesidad de encender el aparato.
¿Merece la pena cambiar de tarifa?
Según datos de varias comparadoras, una familia media puede ahorrar entre 120 y 250 euros al año simplemente ajustando su tarifa al perfil de consumo real, sin cambiar de compañía. Dedicar veinte minutos a revisar el contrato antes de que llegue julio puede ser la decisión más rentable de todo el verano.
Cuatro gestos que las familias ahorradoras repiten cada día
Los hogares que mejor gestionan su factura de luz en verano comparten cuatro hábitos concretos:
- Programan el aire acondicionado para que se apague 20 minutos antes de salir, aprovechando el frío residual.
- Usan el modo eco o dry del climatizador en las horas de menor calor, reduciendo el consumo hasta un 20%.
- Revisan la potencia contratada y la ajustan si han sumado o quitado electrodomésticos de alto consumo en el último año.
- Combinan ventilador de techo con el aire para distribuir el frío y subir el termostato dos grados sin perder sensación de confort.
Qué viene después: tecnología e inteligencia para pagar menos luz
El horizonte no es pesimista. Los termostatos inteligentes ya permiten programar el aire según las franjas horarias de la tarifa sin intervención del usuario, y los sistemas de autoconsumo fotovoltaico residencial han bajado de precio un 40% en los últimos tres años. Para quien tiene orientación sur en el tejado o la terraza, este verano puede ser el punto de partida para generar parte de su propia energía durante las horas de mayor demanda.
A corto plazo, sin inversión, el camino más eficaz sigue siendo el mismo que han encontrado las familias más ahorradoras: conocer cómo funciona la tarifa, adaptar los horarios al precio de la luz y no maltratar el termostato. Con el calor que viene, quienes lleguen a septiembre sin sobresaltos en el recibo serán los que empezaron a actuar en junio.







