ING lanza una suscripción bancaria con Disney+ y Prime Video al estilo neobanco

El banco holandés introduce un plan de tarifas planas que incluye acceso a plataformas de vídeo bajo demanda y paquetes de viajes. Con cuotas desde 9,99 euros al mes, persigue a los clientes que abandonaron la banca tradicional.

ING ha irrumpido en el mercado español de la banca por suscripción con un plan que integra Disney+ y Prime Video, emulando la estrategia que Revolut y N26 llevan años perfeccionando. La entidad holandesa, pionera en la digitalización del sector, da un paso más allá del clásico paquete de comisiones cero y lanza una oferta ‘a la carta’ que los clientes pueden modular según su consumo de ocio digital, viajes o seguros.

Según ha comunicado la entidad en su página oficial, los nuevos planes de suscripción se estructuran en varios niveles. El más básico mantiene la cuenta sin comisiones y añade descuentos en comercios. Los superiores incluyen suscripción completa a Disney+ y a Amazon Prime Video, coberturas de viaje ampliadas y líneas de crédito preaprobadas con condiciones preferentes. El precio final varía entre 9,99 y 19,99 euros al mes, dependiendo del pack contratado.

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El movimiento copia sin disimulo la fórmula de los neobancos. Revolut, que ya supera los 4 millones de clientes en España, monetiza sus planes Ultra y Premium con servicios de streaming, VPN y seguros de vuelo. N26 ofrece paquetes similares en su nivel Metal. ING, con una base de clientes más veterana —y enormemente fidelizada—, aspira a retener a los que empiezan a mirar hacia las fintech mientras rejuvenece su cartera.

La suscripción a la carta: streaming, descuentos y paquetes personalizables

El nuevo modelo de ING Rompe con una década de banca gratuita estandarizada. Ahora, cada cliente elige qué servicios quiere y paga una cuota fija mensual a cambio de ventajas que van más allá de lo puramente financiero. La inclusión de Disney+ y Prime Video es el gancho, pero la apuesta estratégica está en la recurrencia de ingresos y en el aumento del ticket medio por usuario.

Internamente, el banco denomina a esta modalidad ‘banking-as-a-service’ interno: una plataforma sobre la que se integran servicios de terceros, desde plataformas de vídeo hasta seguros de viaje, sin que el cliente salga de la app de ING. La facturación se unifica en un solo recibo, lo que simplifica la gestión doméstica y aumenta el contacto diario con la aplicación, la métrica que todos los bancos persiguen.

La iniciativa se despliega primero en España, uno de los mercados clave para ING fuera de Países Bajos, y se replicará progresivamente en las demás geografías del grupo. La entidad ya testó el concepto en su país de origen durante 2025, aunque con una combinación de servicios diferente, más orientada a la movilidad compartida.

La presión de los neobancos: Revolut y N26 marcan el ritmo

La pregunta inevitable es por qué un banco con 25 años de trayectoria digital y una de las cuentas naranja más populares de Europa necesita copiar a unos rivales que, en conjunto, aún no alcanzan el 5 % de cuota de mercado en España. La respuesta está en la fuga de los segmentos jóvenes. Según datos del Banco de España, los menores de 35 años representan ya el 23 % de las altas en plataformas no bancarias, y su principal requisito no es la ausencia de comisiones, sino la integración de servicios de estilo de vida.

Revolut y N26 han entrenado a una generación a esperar más de su banco. Si la cuenta de toda la vida es un commodity, lo que añade valor es la suscripción a servicios cotidianos. ING, que llegó a liderar la recomendación entre los jóvenes hace una década, había perdido ese músculo. Con esta jugada intenta demostrar que también sabe bailar al ritmo de las superapps.

La batalla ya no es por la cuenta gratuita, sino por ver quién convence al cliente de que su suscripción mensual merece más la pena.

Análisis: ¿el modelo de suscripción define al banco del futuro?

La evolución de ING es reveladora porque señala hacia un sector que abandona la venta cruzada agresiva para abrazar los ingresos recurrentes. Si un cliente paga 14,99 euros al mes durante tres años por un pack que incluye finanzas y ocio, el banco no solo genera un flujo predecible, sino que crea echadero. La tasa de cancelación de estos planes suele ser inferior al 4 % anual, la mitad que la de una tarjeta revolving tradicional.

Con todo, el riesgo no es pequeño. La oferta de streaming es un arma de doble filo: si Disney+ o Amazon deciden renegociar los contratos al alza, el banco absorberá el coste o se verá obligado a subir la cuota, justo lo que desgasta la relación con el cliente. Además, el movimiento puede ser replicado por Santander o CaixaBank en semanas, banalizando la ventaja competitiva. Lo relevante no será quién lo haga primero, sino quién construya la plataforma más abierta y con mejor experiencia de usuario.

Creo que ING acierta al elegir el momento. La banca por suscripción ha madurado lo suficiente como para que un actor regulado, con balance sólido y reputación de transparencia, la convierta en un producto masivo. Pero necesitará algo más que series para retener a un cliente que, dentro de un año, podrá acceder al mismo pack desde tres aplicaciones distintas. El campo de batalla se ha trasladado de la oficina al teléfono. El próximo paso será ver quién integra seguros de salud y energía en el mismo plan. Ahí se jugará la verdadera fidelización.


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