En el competitivo mapa de la restauración alicantina, FORTY Group acaba de mover ficha con un lanzamiento que ha generado más expectación de la prevista. La Bienservida, su nuevo espacio en la Playa de San Juan, abre sus puertas los días 11 y 12 de junio con las entradas para la primera jornada agotadas en pocos días. Una respuesta que no es casual: el proyecto combina gastronomía, coctelería y ocio nocturno en un mismo recinto, y lo hace sobre el solar que durante años ocupó el mítico Torre Mauro, ahora completamente renovado.
Un espacio sin prisas: gastronomía, cócteles y club en un solo recorrido
El nuevo local se asienta en un lugar con peso emocional para muchos alicantinos, la antigua sede de Torre Mauro en la avenida Historiador Vicente Ramos. La intervención ha respetado la memoria del enclave pero lo ha llevado a una identidad más mediterránea y orgánica, con materiales naturales, madera y piedra recuperada que generan una sensación de bienestar inmediata.
La propuesta de La Bienservida se aleja del restaurante convencional. Está concebida como un recorrido que va del aperitivo en la barra a la cena en el restaurante, la sobremesa en la terraza, los cócteles y la noche en el club. “De todo menos prisa”, resume el grupo, y la carta refrenda ese espíritu con platos de cocina española y mediterránea pensados para compartir: brasas, arroces, carnes maduradas y picoteo bien resuelto.
La acogida del público ha sido inmediata. Las entradas para la inauguración del 11 de junio volaron en cuestión de días, lo que obligó a abrir una segunda velada el 12 de junio. A partir de las 20:30 horas, ambas citas incluyen cena cóctel con bebida, Dj y varias sorpresas que el equipo prefiere no desvelar. La recogida de invitaciones se gestiona a través de las redes sociales del espacio y la plataforma Fourvenues.
De Torre Mauro a un oasis mediterráneo: la transformación del local
Quienes conocieron el antiguo Torre Mauro encontrarán ahora un local completamente distinto, aunque reconocible. La reforma ha apostado por una puesta en escena cálida y atemporal, donde la luz natural y los materiales nobles construyen un ambiente que invita a quedarse. No hay estridencias; cada rincón parece diseñado para que el cliente alargue la visita sin esfuerzo.
Esa sensación de confort es, precisamente, uno de los ejes sobre los que pivota la estrategia de FORTY Group. El grupo alicantino lleva años tejiendo un entramado de locales con personalidad propia, capaces de reunir cocina, experiencia y ocio bajo un mismo techo. La Bienservida no es una excepción: busca convertirse en un destino recurrente, un lugar al que volver porque se come bien, el ambiente acompaña y siempre existe la posibilidad de que la tarde derive en noche.

La Bienservida no vende solo comida: propone un recorrido de horas que empieza con un aperitivo y termina con DJ.
El ocio experiencial como vector de crecimiento: el análisis de Merca2
La llegada de La Bienservida a la Playa de San Juan no es un hecho aislado. En los últimos tres años, varios grupos de hostelería han reforzado su presencia en la primera línea del litoral alicantino con formatos híbridos que diluyen la frontera entre el restaurante, la terraza y el club. El movimiento tiene una lógica comercial clara: el cliente ya no reserva solo por la calidad del arroz; reserva por la promesa de una experiencia completa que puede estirarse sin tener que cambiar de local.
FORTY Group entiende bien esa dinámica y ha colocado a La Bienservida en un punto estratégico: el antiguo Torre Mauro, un activo con valor simbólico para los alicantinos. Al reabrir ese solar, el grupo no solo suma metros cuadrados de terraza, sino que se apropia de una referencia emocional que puede traducirse en clientela fiel desde la primera semana. El riesgo, como en cualquier proyecto de este calado, está en la ejecución diaria: una carta que descuide la consistencia o un servicio irregular pueden diluir rápidamente la expectativa generada.
Creo que La Bienservida acierta al apostar por un concepto flexible y sin reloj. Sin embargo, la competencia en la zona es feroz y la temporada alta concentra el negocio en apenas tres meses. La verdadera prueba de fuego llegará cuando el verano termine y el local tenga que demostrar que también funciona entre semana y fuera de la canícula. La plaza alicantina tiene músculo para absorber propuestas ambiciosas, pero la clave no estará en llenar el 11 de junio, sino en hacerlo un martes cualquiera de noviembre.




