He conocido esta mañana la investigación que acaba de publicar The Times y que expone una de las maniobras más silenciosas de la guerra económica: exmercenarios del Grupo Wagner protegen los petroleros de la flota fantasma rusa que desafía las sanciones europeas en el Canal de la Mancha. Los datos, recopilados por el Dossier Centre —un medio de investigación independiente ruso—, muestran que al menos 83 guardias con pasado militar o de inteligencia han participado en 189 travesías por aguas británicas desde 2023.
La UE sabe que esta red informal de buques, con opacas cadenas de propiedad, es el conducto por el que Moscú sortea el tope de precios al crude. Solo en 2025 movió entre 80.000 y 100.000 millones de dólares en petróleo.
Guardias de seguridad con pasado militar y de inteligencia
La nómina de tripulantes que ha destapado el Dossier Centre es una radiografía del aparato de seguridad del Kremlin. Entre los identificados figuran antiguos combatientes en Siria y Ucrania, exagentes del GRU y del FSB, y veteranos de la marina rusa. Todos aparecen en las listas de embarque bajo etiquetas tan vagas como ‘guardia de seguridad’, ‘guardia’ o simplemente ‘otros’.
- Viktor Aleksandrov, de la 6.ª Compañía de Asalto Wagner, estuvo en Siria en 2017 y entró en Ucrania tras la invasión de 2022.
- Nikolai Borozdin sirvió en el ejército ruso y después recaló en Moran Security Group, una empresa sancionada por la UE.
- Dmitri Savitsky pasó por Wagner, el Grupo de Seguridad Moran y el Cuerpo Eslavo, el embrión del grupo paramilitar.
- Ruslan Aksenov luchó con grupos prorrusos en el Dombás y luce en sus redes sociales la letra ‘Z’, símbolo de la guerra en Ucrania.
- Vladimir Gromov fue miembro de las fuerzas especiales Spetsnaz del GRU, con habilidades certificadas en ‘vigilancia’ y ‘seguridad de VIPs’.
Borozdin y Aleksandrov embarcaron en diciembre de 2025 en el petrolero Qendil para una ruta que terminó en la India. El 19 de ese mes, frente a las costas de Libia, un dron naval ucraniano impactó la nave. Sin armas a bordo, el conductor del buque no pudo hacer nada.
“El equipo no tiene motivos para usar armas. Desde luego, no nos protegerían de drones ni de algunos buques militares. Uno de los objetivos era monitorear, informar con prontitud y prevenir que el buque se desviara de su rumbo. Se realizan dos informes diarios sobre la ubicación, el estado, la velocidad y la dirección.”
— Nikolai Borozdin, guardia de seguridad del Qendil, en declaraciones a un periodista encubierto.
Una economía paralela que elude los controles
Lo que me parece más revelador de esta investigación es la naturalidad con la que el Kremlin ha integrado a los antiguos mercenarios de Wagner en la maquinaria de evasión de sanciones. Tras la muerte de Yevgeny Prigozhin en agosto de 2023, los activos y el personal del grupo se dispersaron. Ahora encontramos a sus hombres custodiando buques que transportan crudo por valor de hasta 100.000 millones de dólares al año, sin que el Reino Unido haya logrado interceptar ningún petrolero a pesar de que el primer ministro Keir Starmer anunció en marzo pasado que estaba dispuesto a abordarlos.
Los expertos advierten de que la mera presencia de estos guardias, aunque no lleven armas, dificulta cualquier intento de abordaje. “Si hay personal de seguridad ruso a bordo, podrían incentivar la falta de cooperación con los Estados costeros o facilitar documentación fraudulenta”, explica Gonzalo Saiz Erausquin, analista del Royal United Services Institute. La estadística lo confirma: en 2025, el 35% de los viajes de la flota clandestina se hicieron con un capitán no ruso, pero cuando había guardias a bordo, ese porcentaje se disparaba al 71%.
Moscú ha ingresado 239.000 millones de dólares gracias a este circuito en el Canal de la Mancha, y la interceptación de apenas una decena de buques en toda Europa da fe de la impunidad con la que opera la red.
🌍 El impacto en España y Europa
Bruselas ultima nuevas medidas contra la flota fantasma, y España, como socio de la UE con un importante sector de refino, seguirá las directrices comunitarias. El tránsito de estos petroleros sin seguro adecuado y bajo banderas de conveniencia eleva el riesgo de vertidos en el Mediterráneo y el Atlántico, y distorsiona los precios del crudo a escala global. Para el consumidor español, la presión alcista sobre el petróleo se traduce en un encarecimiento de los carburantes y puede retrasar el alivio de la inflación que espera el BCE. Además, el refuerzo de la vigilancia en los puertos europeos podría tocar a las navieras y aseguradoras españolas que operan en el Estrecho, en un momento en que el Euríbor sigue sensible a cualquier tensión geopolítica que alimente la prima de riesgo energética.




