He seguido con atención la llegada de Xi Jinping a Pyongyang esta mañana. El presidente chino no pisaba Corea del Norte desde hacía casi siete años. La imagen del Air China tocando tierra en el aeropuerto internacional de Sunan, con alfombra roja y guardia de honor, es el arranque de una visita de dos días que persigue un objetivo tan urgente como complejo: revitalizar unos lazos bilaterales que el pivot norcoreano hacia Moscú ha empezado a erosionar.
El protocolo ha sido impecable. Kim Jong-un y su esposa, Ri Sol-ju, recibieron a Xi y a Peng Liyuan en la plaza Kim Il-sung entre banderas, flores y una salva de 21 cañonazos. Las pancartas que flanqueaban a la multitud proclamaban una “amistad inquebrantable”, pero lo que subyace a esta cumbre es una lectura mucho más fría de la geopolítica regional.
Una alianza bajo tensión: comercio congelado, acercamiento militar a Rusia
Corea del Norte es el único aliado formal de China en virtud de un tratado de amistad y asistencia mutua que cumplirá 65 años el próximo mes de julio. Sin embargo, la relación se enfrió durante la pandemia, con un congelamiento virtual del comercio fronterizo. En paralelo, Pyongyang ha tejido una cooperación militar cada vez más estrecha con Rusia: más de 10.000 soldados norcoreanos combaten ya en Ucrania y en 2024 Moscú y Pyongyang firmaron su propio pacto de defensa mutua.
Las actas de la reunión, difundidas por la agencia estatal Xinhua, recogen la voluntad de Pekín de “ampliar la cooperación pragmática en economía y comercio” y aprovechar la reapertura total de los puertos fronterizos y la reanudación de los vuelos civiles. Xi fue taxativo:
“China apoya a Corea del Norte sin importar cómo cambie la situación internacional.” — Xi Jinping, comunicado oficial recogido por Xinhua, 8 de junio de 2026
El delicado triángulo Pekín-Moscú-Pyongyang
Lo que hace singular esta visita es el contexto diplomático que la envuelve. Hace menos de un mes, Donald Trump aterrizó en Pekín para una cumbre con el propio Xi. Aquel encuentro, aunque escaso en resultados tangibles, incluyó una conversación sobre Corea del Norte. La Casa Blanca aseguró que ambos líderes “confirmaron su objetivo compartido de desnuclearizar Corea del Norte”, pero Pekín nunca corroboró esa afirmación. De hecho, Kim Yo-jong, la hermana del líder norcoreano y figura con gran influencia en el régimen, tachó de “falsas” las versiones sobre cualquier mención a la desnuclearización.
La triangulación entre Xi, Kim y Putin es un ejercicio de equilibrio inestable. Los tres aparecieron juntos en un desfile militar en Pekín en septiembre pasado, proyectando una imagen de frente autocrático. Pero China, a diferencia de Rusia, necesita preservar un vínculo estratégico —al menos comercial— con Estados Unidos. “No quieren que la cercanía de Corea del Norte con Rusia supere demasiado sus lazos con China”, ha explicado John Delury, investigador sénior de Asia Society. Dentro de la propaganda norcoreana, añade Delury, la relación con Moscú se vende con una épica de guerra compartida, mientras que con Pekín el tono es más nostálgico.
La prioridad silenciosa de Xi: Japón y el noreste asiático
Los analistas consultados por The Guardian apuntan a que, para Xi, la cuestión nuclear norcoreana es secundaria en esta visita. La verdadera urgencia es la percepción china de un rearme japonés. Durante su encuentro con Trump y con el primer ministro británico, Keir Starmer, en enero, Xi mostró una inusual vehemencia al denunciar lo que Pekín califica de “nuevo militarismo” de Tokio.
Cualquier cooperación entre Pekín y Pyongyang en este frente, sin embargo, será probablemente retórica antes que operativa. La semana pasada, Corea del Norte mostró al mundo una nueva fábrica de producción de material nuclear y Kim ordenó una expansión “exponencial” del arsenal atómico. La desnuclearización no está sobre la mesa.
El impacto en España y Europa
Para un lector español o europeo, esta cumbre puede parecer lejana, pero tiene derivadas económicas concretas. El reequilibrio de alianzas en el noreste asiático influye sobre las rutas comerciales marítimas y las cadenas de suministro de semiconductores, materias primas y bienes electrónicos que llegan a Europa. Cualquier escalada de tensión en la península coreana o un endurecimiento de las sanciones internacionales contra Pyongyang —con el consiguiente bloqueo de puertos— dispararía los costes logísticos y añadiría presión inflacionista en la eurozona, justo cuando el BCE empieza a ver luz al final del túnel en los precios. Además, un mayor alineamiento de Pekín con regímenes sancionados complica la frágil distensión comercial que Bruselas busca con China en sectores como el vehículo eléctrico o los paneles solares. De momento, la visita de Xi es una pieza más de un tablero global que, en apenas unas semanas, ha visto desfilar por Pekín a Trump y a Starmer. La diplomacia del presidente chino, concentrada en su vecindario inmediato, confirma que el eje del poder mundial sigue girando hacia Asia.




