El proyecto del euro digital ha superado uno de sus obstáculos legislativos más persistentes. La Comisión de Asuntos Económicos y Monetarios del Parlamento Europeo (ECON) votará el próximo 23 de junio a favor de elevar el paquete legislativo al pleno de la Eurocámara, según han confirmado a este diario fuentes comunitarias. El movimiento, que cuenta con un consenso político casi total, allana el camino para que la Eurocámara adopte su posición en la primera quincena de julio y se inicien las negociaciones finales con el Consejo de la UE.
Un desbloqueo muy trabajado
Las mismas fuentes explican que el proceso para desatascar el paquete legislativo del euro digital ha sido ‘muy trabajado’ y ha requerido cesiones por todas las partes implicadas. Gracias a ese esfuerzo, señalan, se ha alcanzado el consenso necesario para impulsar la votación en una comisión que hasta ahora había mostrado reticencias. Quedan por cerrar los últimos flecos en forma de revisiones y detalles de los anexos, pero la confianza en el voto favorable es completa.
La tramitación de la normativa que dará cobertura legal al euro digital se alarga ya más de tres años. El proyecto ha sorteado varios escollos técnicos y políticos, entre ellos la postura inicial del ponente de la Eurocámara, partidario de lanzar solo la modalidad offline para no pisar el terreno de las aplicaciones privadas como Bizum. Finalmente, el pleno votará la adopción del euro digital en su esquema completo: tanto para uso online como offline.
Próximos pasos: del voto en comisión al pleno y los trílogos
Una vez que ECON dé luz verde el 23 de junio, la votación en el pleno de la Eurocámara, con todos los eurodiputados presentes, se celebrará entre los días 6 y 9 de julio. Si el pleno respalda el texto, se levantará la última barrera parlamentaria. A continuación, se abrirán los trílogos: la Comisión Europea actuará como mediadora entre el Parlamento y el Consejo —que reúne a los ministros de los Estados miembros— para negociar la aprobación definitiva.
La confianza en los círculos comunitarios es alta. Si no hay demoras extraordinarias, el respaldo final al euro digital podría producirse antes de que acabe 2026. El Parlamento votará también, en esa misma sesión de julio, la propuesta de Reglamento sobre el curso legal del efectivo en euros, una norma paralela que blinda la aceptación del dinero físico y garantiza que no desaparecerá.
El euro digital no es un experimento tecnológico: es la respuesta de Europa al dominio de los sistemas de pago privados y a la falta de una alternativa pública en el entorno virtual.
Análisis: soberanía monetaria y espacio para la banca privada
El avance del proyecto, que el Banco Central Europeo detalla en su web sobre el euro digital, va más allá de la mera digitalización del efectivo. Supone una apuesta por la soberanía monetaria europea en un escenario donde los pagos electrónicos están dominados por proveedores no europeos. La decisión de incluir la modalidad online desde el inicio, pese a las reservas iniciales, refleja una estrategia que no quiere dejar ese espacio solo al sector privado. A la vez, el BCE asegura que el euro digital no competirá directamente con los bancos, sino que se integrará con sus aplicaciones.
A mi modo de ver, el equilibrio alcanzado —sacrificando la limitación offline que pedía el ponente— es pragmático. Sin la capa online, el proyecto nacía cojo y habría dejado toda la innovación en manos de gigantes tecnológicos o de sistemas cerrados. La clave estará en los detalles del reglamento que se negocie en los trílogos: el límite de tenencia por ciudadano, la remuneración de los saldos o las salvaguardas de privacidad decidirán si el euro digital es realmente una alternativa útil o un brindis al sol. Las fuentes consultadas insisten en que hay voluntad de cerrar la tramitación antes de fin de año, pero conviene recordar que los trílogos son impredecibles.
Para el inversor en el ecosistema financiero europeo, la señal es clara: la UE apuesta por una infraestructura pública de pagos que convivirá con el dinero bancario. Las entidades que ya se han ofrecido a testar el euro digital —Unicaja, Abanca, Ibercaja, Cecabank y Bizum— indican que la banca española quiere estar preparada. El próximo 23 de junio será el primer paso firme de un calendario que, si todo sale según lo previsto, hará del euro digital una realidad normativa pocos meses después.




