El PIB India 2026 crece un 7,8% pese a la guerra en Irán y desafía la desaceleración global

El gigante asiático mantiene un ritmo de expansión del 7,8% en pleno conflicto entre Washington y Teherán, y sus exportaciones de servicios tecnológicos refuerzan su papel en las cadenas globales.

Llevo semanas siguiendo la evolución del PIB India 2026 y el dato que ha publicado esta mañana el Ministerio de Estadística e Implementación de Programas (MoSPI) me confirma lo que muchos analistas sospechaban: la economía india ha vuelto a sorprender al alza. El producto interior bruto creció un 7,8% interanual en el trimestre que finalizó en marzo de 2026, equivalente al cuarto trimestre del año fiscal indio, a pesar de que el país ya empezaba a sentir los efectos de la guerra entre Estados Unidos e Irán. La cifra supera holgadamente las expectativas del consenso, que apuntaban a una desaceleración más pronunciada por la escalada del crudo y las tensiones en el estrecho de Ormuz.

El dato completo del año fiscal 2025-26 se sitúa en un 7,7%, frente al 6,5% registrado en el ejercicio anterior. Es el tercer año consecutivo en que la India mantiene un ritmo de expansión superior al 7%, algo que ni China ni ninguna otra gran economía emergente ha logrado en el mismo período. El motor principal sigue siendo el sector servicios —sobre todo exportaciones de TI y consultoría—, pero la producción industrial también ha dado señales de vigor, impulsada por los estímulos del Gobierno y la relocalización de cadenas de suministro desde China.

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Los datos, en detalle

El desglose que ha proporcionado el MoSPI muestra la fortaleza transversal de la economía india, aunque empiezan a aparecer señales de alerta en los precios:

  • Servicios financieros, inmobiliarios y profesionales: crecieron un 9,1% interanual, consolidándose como el pilar más dinámico del PIB.
  • Manufacturas: repuntaron un 6,8%, impulsadas por el programa Production Linked Incentive y por la apertura de nuevas plantas de electrónica y vehículos eléctricos.
  • Construcción e infraestructuras: avanzaron un 7,5%, reflejo del intenso gasto público en carreteras, ferrocarriles y vivienda asequible.
  • Sector agropecuario: registró un crecimiento modesto del 3,2%, lastrado por la volatilidad climática y el encarecimiento de los fertilizantes importados.

Sin embargo, lo que más inquieta a Nueva Delhi y a los bancos centrales de medio mundo es la inflación subyacente, que se ha situado en el 5,6% en marzo, muy por encima del objetivo del 4% del Banco de la Reserva de la India (RBI). La guerra entre Estados Unidos e Irán ha disparado la prima de riesgo del petróleo y ha encarecido las importaciones energéticas, que representan más del 80% del consumo indio de crudo. Esto podría erosionar el consumo privado en los próximos trimestres si el RBI se ve forzado a mantener los tipos de interés en el 6,5% —o a subirlos— para contener las presiones inflacionistas.

Una locomotora que desafía la desaceleración global

Lo que más me llama la atención de este dato es la velocidad a la que la India está ganando peso en el mapa de la inversión internacional. Mientras China se enfrenta a una crisis inmobiliaria estructural y a un enfriamiento de su demanda interna, la India ha conseguido atraer flujos récord de inversión extranjera directa en sectores tecnológicos, farmacéuticos y de defensa. Grandes fabricantes como Apple, Samsung o Tesla han acelerado sus planes de producción en el país, una tendencia que la guerra en Irán no ha frenado, sino que ha acentuado: las empresas occidentales buscan diversificar aún más sus cadenas de suministro fuera de zonas de conflicto.

El contraste con el continente europeo no puede ser más brusco. Mientras la eurozona apenas rozará el 1% de crecimiento en 2026 según las últimas proyecciones del BCE, la India avanza a un ritmo casi ocho veces superior, con una población joven que añade cerca de un millón de nuevos trabajadores al mes. La brecha de productividad se está cerrando a pasos agigantados, y mercados como el español —con fuerte presencia de empresas como Inditex, que ya fabrica parte de su colección en el país— notan el impulso en sus cuentas de resultados.

🌐 El efecto dominó en Occidente

Para el lector europeo, el crecimiento indio no es una mera anécdota estadística. Se traduce en tres consecuencias concretas:

  • Presión sobre los precios energéticos: Si la demanda india de petróleo sigue robusta a pesar de los precios altos —y todo indica que así será—, el Brent encontrará un suelo firme, alimentando la inflación importada en España y en el conjunto de la eurozona, justo cuando el BCE empieza a valorar nuevos recortes de tipos.
  • Oportunidades para las empresas europeas: La expansión de la clase media india, que ya supera los 400 millones de personas, abre un mercado de consumo masivo para bienes de lujo, automoción y energía renovable. Compañías del IBEX con exposición a infraestructuras o tecnología están incrementando sus inversiones en el subcontinente.
  • Competitividad de los servicios: La pujanza de las exportaciones de TI indias mantiene a raya los costes de la digitalización empresarial en Occidente, pero también expone a los trabajadores del sector a una presión salarial a la baja que puede tener implicaciones en el mercado laboral europeo.

El dato del PIB de hoy no resolverá la tensión geopolítica en Oriente Medio, pero subraya que la India ha dejado de ser una promesa para convertirse en un actor insoslayable del tablero económico global. La próxima reunión del RBI, el 28 de junio, será la siguiente parada: allí veremos si la institución cede al estímulo o se ata al ancla de la estabilidad de precios.


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