España supera los 56.000 puntos de recarga eléctrica pública en mayo

La red de acceso público crece un 12,36% interanual, con especial impulso de los cargadores ultrarrápidos. Las ventas de vehículos eléctricos se dispararon un 43% en el mismo periodo, pero la brecha entre infraestructura y demanda sigue siendo un reto.

La red de puntos de recarga eléctrica de acceso público en España ha superado en mayo los 56.000 puntos operativos, un incremento del 12,36% respecto al mismo mes del año anterior, según datos del sector. Este avance, impulsado especialmente por la expansión de la carga ultrarrápida, llega en un momento en que las ventas de vehículos eléctricos se disparan un 43% en el mismo periodo, reavivando el debate sobre si la infraestructura podrá seguir el ritmo de la demanda.

El despliegue se acelera . La carga ultrarrápida —de más de 150 kW— ha ganado peso en los últimos doce meses, reduciendo los tiempos de espera y haciendo más viable la ruta interurbana. Según fuentes del sector, el ritmo de instalación mensual se ha duplicado frente a 2024, aunque aún persisten desequilibrios regionales importantes.

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56.000 puntos y subiendo: el despliegue se acelera

La cifra de mayo confirma una tendencia que se mantiene desde principios de 2026: la inversión en puntos de recarga pública ya no es un cuello de botella exclusivo de los grandes operadores. Tanto compañías energéticas como fabricantes de automóviles están volcando recursos en ampliar la red, especialmente en corredores de alta demanda. Los cargadores ultrarrápidos, aunque todavía minoritarios en términos absolutos, crecen a un ritmo superior al 30% interanual.

Sin embargo, los expertos advierten de que el número de puntos, por sí solo, no cuenta toda la historia. La fiabilidad de la red, el tiempo medio de reparación y la disponibilidad real —cuántos cargadores están en servicio y no averiados o fuera de cobertura— siguen siendo asignaturas pendientes. La patronal de concesionarios, Anfac, ha reclamado en repetidas ocasiones un sistema de certificación que garantice al usuario una experiencia de carga sin sobresaltos.

En paralelo, los planes de ayudas públicas como el Moves III y las deducciones fiscales han acelerado la adopción de vehículos enchufables. Pero la demanda de energía sobre la red eléctrica en hora punta empieza a tensionar algunas zonas urbanas, un factor que obligará a redimensionar la infraestructura de distribución en los próximos años.

Ventas de eléctricos: un 43% más en mayo, un pulso a la brecha

Las matriculaciones de vehículos eléctricos puros e híbridos enchufables crecieron un 43% en mayo, según los datos de Anfac. Este repunte sitúa la cuota de mercado de los enchufables cerca del 18%, muy por encima del 12% que registraban un año antes. La oferta de modelos más asequibles y la llegada de marcas chinas están democratizando un segmento que hasta hace poco estaba reservado a rentas altas.

La pregunta que sobrevuela el sector es si la ratio de vehículos por punto de recarga público está mejorando o empeorando. Aunque no hay una cifra oficial actualizada, las estimaciones apuntan a que seguimos en torno a los 12-13 vehículos por cargador, lejos de la recomendación europea de 10 a 1. La brecha no se ha ensanchado, pero tampoco se cierra al ritmo deseado.

En los últimos meses he hablado con varios gestores de flotas empresariales y todos coinciden en lo mismo: el problema no es encontrar un punto, sino que esté operativo y no tenga una cola de espera en hora punta. Esa experiencia de usuario, más que las grandes cifras, determinará la velocidad real de la transición.

El verdadero reto no es cuántos cargadores instalamos, sino cuántos funcionan cuando el conductor los necesita.

¿Empieza a cerrarse la brecha? Un análisis necesario

La mejora simultánea de la oferta de recarga y de las ventas de eléctricos dibuja un escenario en el que ambas curvas crecen, pero a velocidades distintas. Si la demanda sigue disparándose al 40% anual mientras la infraestructura avanza al 12%, la brecha, lejos de cerrarse, puede incluso ampliarse en términos absolutos. Basta hacer un cálculo rápido: con unos 600.000 vehículos enchufables circulando ya por las carreteras españolas, cada punto de recarga público debe atender a más de diez vehículos potenciales.

A mi juicio, el nudo gordiano está en la distribución geográfica y en la calidad del servicio. Las grandes ciudades concentran la mayoría de los puntos rápidos, mientras que las zonas rurales y las vías secundarias apenas reciben inversión. Si no se corrige ese desequilibrio, el discurso triunfalista sobre los 56.000 puntos se quedará en un eslogan vacío para los conductores que viven fuera de las grandes urbes. La electrificación no será justa si deja atrás a media España.

Habrá que seguir de cerca los próximos hitos: el Plan de Infraestructuras de Recarga 2027 que prepara el Ministerio de Transportes y la esperada actualización del barómetro de electromovilidad de Anfac, previsto para septiembre. Solo con datos de fiabilidad real podremos saber si esta aceleración es sólida o un espejismo estadístico.


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