El telescopio espacial James Webb ha captado la primera huella química en el infrarrojo medio de un objeto llegado de otra estrella. El visitante, el cometa 3I/ATLAS, ha revelado metano en su atmósfera en una proporción tan anómala que los astrónomos no encuentran equivalente en nuestro sistema solar.
Un cometa que no debería tener metano
El cometa 3I/ATLAS fue descubierto el 1 de julio de 2025 por el telescopio ATLAS en Río Hurtado, Chile, y pronto se confirmó su origen interestelar. Su trayectoria hiperbólica lo delata: no gira alrededor del Sol, sino que atraviesa el sistema de paso, procedente de una estrella desconocida. Es el tercer objeto de este tipo identificado, de ahí la ‘I’ de interestelar y el ‘3’ de su orden.
La sorpresa llegó cuando el James Webb apuntó su instrumento MIRI (Mid-Infrared Instrument) hacia él en dos fechas separadas. Los datos, publicados recientemente en The Astrophysical Journal Letters, mostraron la firma inconfundible del metano (CH4) en la coma del cometa. Un gas que, por su extrema volatilidad, no debería haberse conservado tanto tiempo a la vista.
El metano es altamente volátil, se sublima con facilidad, y su detección tardía obliga a pensar que estaba protegido. “La aparición retrasada del metano sugiere que se hallaba enterrado bajo la capa superficial del cometa y que solo escapó cuando el calor del paso cercano al Sol alcanzó las profundidades heladas”, explica el equipo en su artículo.
Lo que delata el metano enterrado
La cantidad de metano medida respecto al agua es extraordinariamente alta. “Hay pocos análogos en nuestro sistema solar”, aseguran los investigadores. Además, el Webb confirmó que 3I/ATLAS sigue emitiendo dióxido de carbono (CO2) en una proporción que también supera con creces la de los cometas locales.
Estas dos anomalías químicas pintan un retrato muy distinto. Los cometas de nuestro vecindario se formaron en las regiones frías del disco protoplanetario que dio origen al Sol, a distancias donde el metano y el CO2 se condensaban escasamente. El exceso registrado en 3I/ATLAS indica que su cuna fue mucho más fría o que la química de su disco natal era radicalmente diferente.

La proporción de metano respecto al agua es tan alta que desafía los modelos de formación cometaria que manejamos hasta ahora.
Un laboratorio químico de otro sistema solar
Este cometa no es un simple visitante: es una cápsula del tiempo de un sistema planetario ajeno. Su composición nos dice, sin necesidad de viajar años luz, qué materiales dominaban el disco en el que se gestaron sus mundos. Los resultados obligan a revisar la idea de que todos los cometas son químicamente similares y abren una ventana a la diversidad de entornos de formación planetaria.
No obstante, los propios autores llaman a la cautela. Solo hemos estudiado con este detalle un objeto interestelar. ¿Es 3I/ATLAS representativo o una rareza? No lo sabremos hasta que el Webb observe otros, algo que los astrónomos ya están solicitando. La información aportada por MIRI demuestra que el telescopio está preparado para extraer huellas químicas de los mensajeros del espacio profundo, y que cada uno traerá una historia distinta.
Lo que sí está claro es que el metano y el CO2 nos hablan de un lugar donde el hielo y la química jugaron a un juego distinto. Tal vez ese sistema lejano, cuyo nombre ignoramos, fue más generoso en carbono o se enfrió hasta temperaturas que nuestro disco nunca alcanzó. Cada nuevo cometa interestelar será una pieza de ese rompecabezas que apenas empezamos a armar.
🔬 Ficha del Descubrimiento
- Qué se ha descubierto: Metano en la atmósfera del cometa interestelar 3I/ATLAS, en proporciones mucho mayores que las de los cometas del sistema solar.
- Dónde: En la coma del cometa, observado mediante espectroscopía infrarroja por el telescopio James Webb desde su posición en el espacio.
- Institución responsable: Equipo internacional liderado por astrónomos que emplean el telescopio James Webb (NASA/ESA/CSA); los resultados se publican en The Astrophysical Journal Letters.
- Cuándo: Observaciones realizadas tras el descubrimiento del cometa en julio de 2025; el estudio se publicó en mayo de 2026.
- Impacto a futuro: Abre la puerta a la caracterización química de otros objetos interestelares y obliga a reconsiderar la uniformidad de los procesos de formación cometaria en la Vía Láctea.




