China y Japón venden 95.700 millones en bonos de EE.UU.: el análisis de Marc Vidal

Las dos mayores economías asiáticas reducen su exposición a la deuda estadounidense en plena tensión geopolítica. Marc Vidal analiza si estamos ante un movimiento táctico o una reconfiguración silenciosa del sistema financiero global.

Escrutando los datos del Tesoro estadounidense, Marc Vidal ha puesto el foco en una cifra que muchos titulares despachan como mero movimiento técnico: en marzo, China y Japón vendieron 95 700 millones de dólares en bonos del gobierno de Estados Unidos. En su último análisis desde Londres, el popular analista advierte de que lo que parece otra marea financiera esconde un reajuste silencioso del orden monetario global.

El ciclo del ‘privilegio exorbitante’

Durante décadas, cuenta Vidal, el mercado de deuda americana fue el activo más seguro del planeta. Cuando un país exportador como China acumulaba dólares, no los guardaba bajo el colchón: los reinvertía en bonos del Tesoro, cerrando un ciclo en el que Estados Unidos consumía, el mundo producía y el ahorro volvía a financiar a Washington. El economista Michael Pettis bautizó esa ventaja como el privilegio exorbitante: endeudarse en la propia moneda casi sin límites porque no había alternativa.

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Esa convención, subraya Vidal, es la que hoy se está cuarteando. Las cifras del sistema TIC de marzo muestran que Japón, el mayor acreedor extranjero, redujo sus tenencias en 47 700 millones; China, por su parte, liquidó otros 41 000 millones y situó su posición en mínimos desde 2008. El total de desinversión neta de tenedores externos en ese mes alcanzó los 138 400 millones, equivalente al PIB anual de Bulgaria o Paraguay evaporado en treinta días.

Dos países, dos lógicas bajo el mismo titular

Para Marc Vidal, la clave está en que Tokio y Pekín comparten titular pero no motivación. Japón, explica, vende por mecánica, no por hostilidad. Tras dos años normalizando los tipos de interés —el bono nipón a 30 años acaba de marcar máximos de 21 años—, el capital japonés encuentra ahora razones para volver a casa. Fondos de pensiones y aseguradoras que antes huían de la rentabilidad cero del yen ahora ven atractivo en la deuda local; es pura matemática financiera, no ideología.

China, en cambio, actúa con una política de Estado deliberada: la desdolarización. Desde su pico de 1,3 billones en 2011, Pekín ha reducido sus tenencias a la mitad. El analista recuerda que, al observar cómo Rusia perdió el acceso a sus reservas en dólares tras las sanciones de 2022, Pekín concluyó que mantener el ahorro nacional en activos denominados en la moneda de tu adversario potencial es una vulnerabilidad estratégica. Cada bono vendido, afirma Vidal, es un paso hacia la independencia financiera china.

«Estamos al principio del fin de su hegemonía, y eso es algo completamente distinto»

— Marc Vidal

El matiz que los datos del Tesoro ocultan

Sin embargo, el creador del canal advierte de que las cifras oficiales no cuentan toda la historia. Durante varios ejercicios, apareció Bélgica —sede de Euroclear— como uno de los mayores compradores de deuda estadounidense. Lo que el sistema TIC registraba como “Bélgica” era, en realidad, China comprando a través de intermediarios europeos. Es lo que los analistas llaman shadow holding, tenencias enmascaradas en países custodios. Vidal insiste en que Pekín podría tener más exposición de la declarada, lo que la haría más vulnerable a una ruptura de lo que sugieren sus posiciones oficiales. Y cuando reduce sus números en las tablas, a veces solo está reorganizando dónde custodia los títulos, no liquidándolos del todo.

Esta ambigüedad estadística, aclara, marca la diferencia entre una simple tendencia y una verdadera alarma. La cifra de 652 300 millones de dólares que China mantiene declarados es real, pero no completa.

¿Quién compra lo que venden los grandes?

Para entender qué sostiene el mercado, Vidal señala que en marzo el Reino Unido sumó casi 30 000 millones, las islas Caimán otros 16 000 y Alemania 3 700. Son compradores privados, fondos y vehículos financieros, no bancos centrales con horizonte a décadas. El tipo de comprador está mutando de estable político a volátil y financiero.

Ese cambio de perfil, razona, alimenta una duda incómoda: si los tipos tienen que subir para atraer a esos nuevos inversores, el déficit americano (superior al 6 % del PIB) se encarece aún más. Se genera un bucle en el que menos demanda exterior impulsa tipos más altos, que a su vez disparan el coste de financiar la propia deuda. Vidal rescata a Keynes —“los mercados pueden permanecer irracionales más tiempo del que tú puedes permanecer solvente”— para recordar que la confianza puede mantenerse incluso cuando los datos dejan de acompañarla.

La erosión que cambia las reglas para todos

El divulgador no cree que el dólar vaya a perder su corona de la noche a la mañana: será la principal moneda de reserva en 2030 y probablemente en 2035. Pero el margen —la distancia entre “no hay alternativa” y “es la mejor opción entre varias”— se está estrechando. Inspirándose en el economista Barry Eichengreen, Vidal describe una erosión gradual que un día se hará visible de golpe.

¿Qué significa esto para el ahorrador? Si los tipos americanos suben por la caída de la demanda externa, el dinero se encarece globalmente: hipotecas, créditos empresariales y deuda emergente en dólares sienten la presión. Y si el dólar pierde peso en el comercio de materias primas o en las reservas de los bancos centrales —Vidal recuerda que el oro lleva tres años batiendo récords y que los bancos centrales lo acumulan a un ritmo no visto desde los setenta—, las reglas del juego se reconfiguran a cámara lenta. «Tenemos tiempo», concluye, «no para salir corriendo de ningún sistema, pero sí para diversificar y no asumir que el sistema de ayer será el de mañana sin mirar los datos».

Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de Marc Vidal en YouTube.

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