ASML invierte 954 millones en Taiwán y contrata 1.000 personas por la demanda de chips de IA

La planta de Nueva Taipéi estará operativa antes de final de año y empleará a 2.000 personas en su fase inicial. TSMC, el mayor fabricante de chips del mundo, acelera la expansión con pedidos masivos de litografía ultravioleta para IA.

ASML, el fabricante neerlandés de máquinas de litografía, invertirá 954 millones de dólares en una nueva planta en Taiwán y contratará a 1.000 personas este año. La demanda de chips avanzados para inteligencia artificial desborda todas las previsiones y empuja al gigante europeo a reforzar su presencia en la isla.

La compañía neerlandesa, que monopoliza el mercado de litografía ultravioleta extrema (UVE), ha visto cómo el auge de la inteligencia artificial dispara la demanda de chips avanzados. Taiwán se ha convertido en el epicentro de su negocio, no solo por ser el hogar de TSMC, sino también por su red de proveedores y centros de servicio.

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Claves de la operación

  • ASML revisa al alza su contratación prevista en Taiwán. Pasó de 600 a 1.000 nuevas incorporaciones en 2026 por la demanda de chips para IA.
  • Nueva planta en Nueva Taipéi con 954 millones de inversión. Estará operativa a finales de año y albergará hasta 2.000 empleados en su fase inicial.
  • TSMC, el principal cliente, acelera la dependencia. Genera una cuarta parte de los ingresos de ASML, 8.300 millones de euros, y construye fábricas en tres continentes.

TSMC, el cliente que dicta el ritmo de ASML

ASML no solo vende máquinas a Taiwán; la relación con TSMC es estructural y casi simbiótica. El mayor fabricante de semiconductores del mundo representa aproximadamente el 25% de la facturación global de la compañía neerlandesa, lo que equivale a 8.300 millones de euros al año. Esa dependencia convierte a Taiwán en el centro de gravedad industrial de ASML, por encima incluso de su sede en Veldhoven.

La expansión de TSMC con nuevas fábricas en Japón, Alemania y Estados Unidos exige más máquinas de litografía de ultravioleta extremo (UVE). Y solo ASML las fabrica. Este año, ASML ha tenido que revisar al alza su plan de contratación en Taiwán, pasando de 600 a 1.000 nuevos empleados. Grace Wang, directora general de la filial taiwanesa, lo atribuye a una demanda insaciable de chips para IA. Las CPU, GPU y memorias HBM que alimentan los centros de datos salen de equipos ASML.

La isla ya alberga 4.500 empleados de la compañía y concentra funciones clave: en Linkou se reacondicionan equipos y se producen manipuladores de retícula; en Tainan opera el mayor centro de atención a clientes del mundo. La nueva planta de Nueva Taipéi, con sus 954 millones de dólares de inversión, añadirá otra capa de capacidad. Aunque ASML no ha detallado las tareas de la instalación, se espera que combine producción de de componentes, ensamblaje y soporte, todo ello orientado a TSMC.

Taiwán no es solo un cliente para ASML; es el único lugar donde puede mantener el ritmo de innovación que TSMC exige. De ello depende buena parte de la cadena global de semiconductores.

Nueva Taipéi: un proyecto de mil millones con implicaciones geopolíticas

La inversión de 954 millones de dólares en la nueva instalación de Nueva Taipéi, que estará lista antes de fin de año, subraya la apuesta de ASML por blindar su presencia en la isla. La planta podrá albergar 2.000 empleados en su fase inicial, y aunque la compañía no ha detallado sus funciones exactas, todo apunta a que combinará producción de componentes, ensamblaje y soporte, con TSMC como destinatario prioritario.

Sin embargo, esta concentración geográfica no está exenta de riesgos. Las tensiones entre China y Estados Unidos, las sanciones a los chips y la vulnerabilidad de las cadenas de suministro son cada vez más acuciantes. ASML ya no puede vender sus equipos más avanzados a clientes chinos, lo que añade presión para mantener el volumen con otros mercados como Taiwán.

El cuello de botella europeo que sostiene la cadena de chips mundial

ASML ocupa una posición única en la industria. Es la única empresa del mundo capaz de fabricar máquinas de litografía UVE, necesarias para producir chips por debajo de los 7 nanómetros. Eso la convierte en un cuello de botella imprescindible, pero también en un activo estratégico disputado por potencias globales. Europa y Estados Unidos intentan reducir su dependencia de Asia, pero la realidad es que ASML depende de Asia, y especialmente de Taiwán, para sostener su crecimiento.

El debate sobre la deslocalización de la producción de chips pasa por alto que las máquinas no se trasladan fácilmente. Aunque TSMC construya fábricas en Arizona o Dresde, seguirá necesitando los equipos de ASML, y la compañía neerlandesa seguirá apostando por Taiwán como su base de operaciones en Asia. El reciente anuncio de 1.000 contrataciones y la la nueva planta de Nueva Taipéi confirman esa tendencia.

En España, el PERTE Chip aspira a atraer inversiones y fortalecer la capacidad de diseño y producción de semiconductores. Pero el cuello de botella de la litografía UVE está fuera del alcance de cualquier plan nacional. ASML, con su valoración estratosférica y su cartera de pedidos hasta 2028, demuestra que la batalla por los chips se juega en un tablero donde unos pocos mueven ficha. La duda es si esa concentración de poder industrial terminará siendo insostenible.


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