El día que Onda Cero rescató a Carlos Alsina después de que fuese marginado por Aznar

La decisión de Carlos Alsina de abandonar el tramo informativo de Más de uno no es únicamente un movimiento profesional dentro de la radio española. También supone el cierre simbólico de una etapa para uno de los periodistas más influyentes de las últimas dos décadas y reabre una vieja historia pocas veces recordada: el día en que Luis del Olmo rescató a Alsina después de haber sido apartado por una dirección de Onda Cero profundamente condicionada por el poder político del PP y la influencia de Telefónica.

«No estamos para tumbar gobiernos ni para ayudar a que llegue quien no ha sido capaz por su propio pie». La frase pronunciada este lunes por Alsina explica mucho más de lo que parece. Formalmente hablaba de su decisión de dejar el tramo político e informativo de las mañanas de Onda Cero para centrarse desde septiembre en el bloque de entretenimiento del programa.

Publicidad

Pero en realidad también dejaba entrever la incomodidad creciente de un periodista que observa cómo una parte del ecosistema mediático conservador intenta empujar a periódicos, radios y televisiones hacia una lógica de oposición militante al Gobierno de Pedro Sánchez.

Alsina, sin citar a nadie, lanzaba un mensaje bastante transparente: el papel de los medios no consiste en derribar gobiernos ni en construir mayorías políticas alternativas. Una afirmación especialmente significativa en un contexto donde determinadas terminales mediáticas llevan meses instaladas en una dinámica de agitación permanente contra el Ejecutivo, esperando que la presión mediática sustituya la incapacidad política del PP para construir una mayoría sólida.

El movimiento de Alsina tiene además un componente personal evidente. El periodista admitió sentirse «gastado» después de más de tres décadas dedicado a la actualidad política diaria. «Llevo 33 años haciendo programas de actualidad, salvo algún momento», explicó durante su intervención. Y ese «algún momento» remite precisamente a uno de los episodios más duros y menos recordados de su carrera profesional.

Porque hubo un tiempo en que Carlos Alsina fue prácticamente defenestrado de Onda Cero. Y el PP tuvo mucho que ver en aquella operación. Para entenderlo hay que regresar a los años de máxima influencia política de Telefónica, propietaria de la cadena en aquel momento, sobre los medios de comunicación españoles.

Durante la segunda legislatura de José María Aznar, la operadora ejercía un enorme poder empresarial y mediático. Onda Cero formaba parte de ese ecosistema de influencia donde las presiones políticas eran constantes y donde determinados perfiles periodísticos resultaban incómodos para el poder conservador.

Alsina era entonces una de las voces emergentes más prometedoras de la radio española, pero su estilo independiente y poco disciplinado con las consignas políticas no encajaba del todo en la lógica de aquel momento.

El periodista acabó siendo relegado a las madrugadas del fin de semana, un movimiento interpretado entonces en el sector como una marginación profesional en toda regla. Fue ahí cuando apareció Luis del Olmo.

El veterano comunicador, que ya era una leyenda viva de la radio española gracias a Protagonistas, decidió rescatar a Alsina y convertirlo en una de las piezas importantes de su proyecto radiofónico. Del Olmo vio en él algo que otros directivos no quisieron o no supieron valorar: talento, capacidad analítica y una personalidad radiofónica distinta al resto.

Aquel gesto resultó decisivo para la carrera posterior de Alsina. Gracias al respaldo de Del Olmo, recuperó peso interno y acabó convirtiéndose en jefe de informativos de Onda Cero. El veterano periodista no solo le devolvió visibilidad profesional, sino que además intentó llevárselo con él cuando fundó Punto Radio.

En 2004, Del Olmo le ofreció acompañarle en su nueva aventura radiofónica. Pero Alsina rechazó la propuesta. Prefirió quedarse en Onda Cero, donde terminaría siendo nombrado director de La brújula. Aquella decisión marcaría el inicio definitivo de su consolidación como una de las grandes voces de la radio española.

La historia pudo cambiar otra vez en 2008. Onda Cero se enteró entonces de que Alsina había alcanzado un acuerdo para copresentar Protagonistas junto a Luis del Olmo en Punto Radio. La cadena, ya entonces en manos de Planeta, reaccionó rápidamente y disparó su sueldo para evitar su salida.

El movimiento demuestra hasta qué punto la empresa había pasado de considerarle un perfil incómodo a entender que era uno de sus principales activos. A partir de ahí, la evolución de Alsina fue imparable. En 2015, tras la marcha de Carlos Herrera a COPE, asumió el control del tramo informativo de Más de uno.

Aunque entonces todavía mantenía ciertas reticencias hacia el entretenimiento radiofónico. Su perfil estaba asociado al análisis político y los editoriales de tono reflexivo, luego llegaría la moda de las entrevistas virales. El entretenimiento parecía quedar lejos de sus intereses. Sin embargo, con el paso de los años fue descubriendo otra faceta de la radio.

El salto de Carlos Alsina al entretenimiento

En 2018 asumió ya toda la mañana de Más de uno y comenzó a combinar información política con humor, divulgación y gastronomía. El resultado terminó consolidándole como probablemente el comunicador más influyente de las mañanas radiofónicas españolas. Paradójicamente, nunca lideró las audiencias.

Durante años quedó por detrás de la SER y de COPE. Pero su influencia pública iba mucho más allá de los datos del EGM. Sus monólogos matinales y sus entrevistas políticas marcan agenda constantemente. Alsina logró construir algo cada vez más raro en el periodismo español: una voz reconocible, incómoda para todos los partidos, aunque la izquierda ha recibido muchísimo más críticas de él en la última década, y relativamente impermeable a las trincheras ideológicas.

Precisamente por eso su mensaje de despedida del tramo político tiene tanta carga de profundidad. Alsina parece cansado no solo físicamente, sino también del clima político y mediático actual. La polarización extrema, la presión constante sobre los periodistas y la expectativa de que determinados comunicadores actúen como actores políticos han terminado desgastando incluso a figuras consolidadas como él.

Publicidad

Su frase sobre no estar «para tumbar gobiernos» refleja también una defensa implícita del periodismo frente a la creciente lógica de militancia mediática. En los últimos años, parte de la derecha mediática ha asumido abiertamente una estrategia de confrontación total con el Gobierno de Sánchez, alimentando la idea de que la presión periodística debe contribuir directamente a provocar un cambio político.

Alsina
Carlos Alsina.

Alsina, sin romper del todo con el espacio ideológico conservador, ha intentado mantener cierta distancia respecto a esa dinámica. Eso le ha generado tensiones. Especialmente porque muchos sectores esperaban de él una oposición más agresiva y explícita al Gobierno. Pero Alsina nunca terminó de aceptar del todo el papel de periodista militante.

Su estilo siempre fue otro: más analítico, más irónico y menos orientado a la consigna política. Ahora, al apartarse del tramo informativo y quedarse únicamente con la parte de entretenimiento de Más de uno, parece cerrar el círculo iniciado hace décadas, cuando el poder político intentó apartarle de la radio influyente y Luis del Olmo decidió rescatarle.

Aquella marginación acabó convirtiéndose en el origen inesperado de una de las carreras más sólidas del periodismo radiofónico español.


Publicidad