El informe Defence Deployment de Colliers pone de relieve que la expansión de la defensa europea no es únicamente un fenómeno militar, sino también industrial, tecnológico e inmobiliario.
Por este motivo, Oriol Gual, I&L National director de Colliers, señala que la clave para capturar una nueva ola de inversión ligada a defensa, tecnología e infraestructuras críticas para el sector inmobiliario será comprender dónde crecerán los clusters, qué perfiles de empresas dominarán y qué tipologías de activos demandarán.
La idea clave del informe es que la industria de defensa europea está entrando en una fase de expansión estructural impulsada por dos factores simultáneos: por un lado, el deterioro del contexto geopolítico y el aumento del gasto militar. Por otro lado, la transformación tecnológica del sector hacia modelos más digitales, autónomos y basados en software.
El resultado es un ecosistema de defensa mucho más amplio, descentralizado y orientado a la innovación que el modelo tradicional centrado únicamente en grandes fabricantes de armamento.
Si bien los equipos tradicionales de gran escala para fuerzas terrestres, aéreas y navales siguen siendo centrales, la industria está ampliándose cada vez más hacia capacidades avanzadas como las operaciones cibernéticas y los sistemas no tripulados y autónomos, incluidos los drones de pequeño tamaño. En conjunto, el ecosistema de defensa se está volviendo más distribuido, impulsado por la innovación y centrado en la tecnología.
Esto se refleja en las decisiones de los gobiernos europeos de destinar financiación tanto a los fabricantes de armamento convencional como a las empresas de defensa tecnológica y start‑ups emergentes. Esta asignación expansiva de 800.000 millones de euros en gasto en defensa redistribuirá capital hacia múltiples localizaciones geográficas y distintos tipos de activos inmobiliarios necesarios.
En términos de localización y requisitos inmobiliarios, los fabricantes de armamento convencional presentan, por lo general, necesidades muy diferentes a las de las empresas modernas de defensa tecnológica.
La fabricación tradicional de defensa suele ubicarse en localizaciones (a menudo remotas) históricamente vinculadas a emplazamientos industriales tradicionales, debido a su dependencia de grandes instalaciones industriales pesadas, o en bases de las fuerzas armadas nacionales.
En cambio, la defensa tecnológica está expandiéndose en ubicaciones con una alta concentración de talento tecnológico, acceso a financiación para el crecimiento, sólidos ecosistemas de apoyo y marcos regulatorios favorables.
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Inmobiliario: defensa tecnológica y sus necesidades específicas
El crecimiento de la defensa tecnológica también está influyendo en el tipo de activos inmobiliarios requeridos, orientándolos hacia espacios híbridos que combinan laboratorios, oficinas de ingeniería e instalaciones industriales ligeras. El espacio de oficinas es esencial tanto para las empresas de defensa tradicional como para las de defensa tecnológica; el formato preferido es un entorno seguro que combine oficina y I+D, en lugar de oficinas convencionales.
Determinados países y ciudades europeas atraen de forma recurrente a fundadores ambiciosos y empresas tecnológicas de rápido crecimiento. En el primer nivel de la defensa tecnológica se sitúan los líderes europeos: Reino Unido, Alemania, Francia y Turquía. Un segundo nivel lo forman países altamente especializados y tecnológicos como Suecia, Italia, España, Polonia y Noruega. Por último, un tercer nivel incluye mercados emergentes con rápido crecimiento como Finlandia, Estonia y Ucrania.
Se han identificado 38 clusters clave de defensa tecnológica en Europa, cada uno con características y fortalezas propias. Estas diferencias, entre otros factores, condicionan y determinan los requisitos específicos de los edificios y de las infraestructuras necesarias para apoyar las actividades dentro de cada cluster.
Para el sector inmobiliario, es fundamental comprender cómo la expansión del sector de defensa está influyendo en las necesidades inmobiliarias de los usuarios finales, tanto en términos de localización geográfica como de requisitos técnicos de los edificios.




