¿Renta fija segura? Las 5 verdades y mentiras que todo ahorrador debe saber

La inflación en España ronda el 3,5% mientras los fondos de renta fija apenas superan el 1% de rentabilidad en el último año. Los depósitos bancarios vuelven a pagar por encima del 3%, pero la pérdida de poder adquisitivo es la trampa que muchos olvidan.

El ahorrador español clásico compraba deuda pública como quien juega a la lotería, con la certeza de que nunca fallaba. Hace dos décadas, era la apuesta más arriesgada que se permitía. Hoy, esa costumbre persiste en la memoria de muchos, pero los números desmontan, uno a uno, los mitos sobre la renta fija y obligan a replantear lo que supuestamente creíamos seguro.

Cuando los fondos de inversión popularizaron el acceso a los mercados, las carteras conservadoras se llenaron de activos de esta clase. Basta recordar que productos como los FondTesoro llegaron a acaparar el 90% del patrimonio en fondos de renta fija. Ahora esa proporción ronda el 40%, pero la inercia mental sigue: para el ahorrador español, renta fija sigue siendo sinónimo de seguridad ciega.

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El mito del refugio eterno

Sin embargo, ese refugio es más espejismo que búnker. El analista Marcelo Casadejús lo expone con crudeza: si los tipos de interés suben —y varias previsiones apuntan a que lo harán—, quien tenga fondos con duración media verá cómo la valoración de su cartera mengua. Es un riesgo de mercado que muchos no contemplan, anclados en la imagen de un valor que siempre está ahí.

Los bancos pagan más, ¿pero gano yo?

La respuesta inmediata y cómoda es el depósito. Muchas entidades ofrecen ahora remuneraciones superiores al 3% a plazos cortos, una cifra que triplica la rentabilidad de los fondos de renta fija en el último año (apenas un 1% según los datos de Expansión). Sin embargo, el espejismo del 3% se desvanece al mirar el IPC. La inflación en España ronda el 3,5%, lo que convierte cada euro ahorrado en un euro que pierde poder de compra. Ganas nominalmente, pierdes en términos reales. Y ese es el único termómetro que importa.

El veneno de la duración: el riesgo que nadie ve

Si ya tienes un fondo de renta fija, conviene leer la letra pequeña. La duración —la sensibilidad del precio a las variaciones de tipos— castiga con fuerza cuando el banco central se pone duro. Un movimiento al alza de un punto porcentual en los tipos puede recortar varios puntos del valor liquidativo de un fondo con duración media. Para quienes arrastran la herencia de los FondTesoro, con carteras muy largas, la amenaza es real y silenciosa. La subida de tipos no solo afecta a los nuevos bonos: los antiguos pierden atractivo y, con él, valor.

El ahorrador conservador se enfrenta a una paradoja: lo que no arriesga en bolsa lo pierde por la puerta de atrás, mordisco a mordisco, año tras año.

Una verdad incómoda y cinco lecciones

Llevo años repitiendo que la renta fija ha dejado de ser el ancla que era. La caída de los tipos desde 2008 hasta 2022 anestesió a toda una generación de ahorradores; hoy, el péndulo va en la otra dirección y las reglas han cambiado. Quienes insisten en llenar la cartera de deuda pública a largo plazo sin estrategia están comprando billetes para una montaña rusa cuyo recorrido no conocen.

Primera verdad: la renta fija de alta calidad sigue amortiguando la volatilidad, pero no la elimina. Segunda, la diversificación sigue siendo necesaria, pero hay que saber qué duración se asume. Tercera, los depósitos a corto plazo son un buen parking, no una inversión. Cuarta, la inflación es el enemigo silencioso que devora los ahorros sin hacer ruido. Quinta, y más incómoda: para ganar al IPC no queda más remedio que asumir riesgos en los mercados de acciones, siempre con cabeza y horizonte temporal. Y, como dice el viejo refrán chino que cita Marcelo Casadejús, lo que no puede ser, no puede ser, y, además, es imposible.


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