Laboratorios Rovi perdió un 21% de su valor bursátil en apenas dos sesiones. Un correctivo que pilló a muchos inversores con el pie cambiado. La rebaja de las previsiones de crecimiento para 2026, comunicada a la CNMV a principios de mayo, reavivó todos los temores sobre la capacidad de la farmacéutica para trazar un rumbo rentable más allá de la era de las vacunas.
Un recorte de previsiones que agrava la desconfianza
Hasta el lunes, la cotización ya acumulaba una caída del 48% desde los máximos de la pandemia. El nuevo hachazo deja a Rovi en niveles no vistos desde 2020. Todo porque la compañía moderó su objetivo de ingresos para el presente ejercicio, señalando una menor contribución del negocio de fabricación para terceros y un entorno de precios más ajustado en algunos de sus productos hospitalarios.
Las cifras bailan: el consenso de analistas situaba los ingresos de 2026 cerca de los 1.200 millones de euros, pero la guía actualizada apenas apunta a un crecimiento plano respecto a 2025. El mercado castigó la falta de catalizadores inmediatos y la dependencia de un hilo tan fino como el contrato con Moderna.
El nuevo plan estratégico: diversificar para sobrevivir al fin de la era Covid
En la documentación remitida al supervisor, la compañía desglosa un plan que pivota sobre tres patas. La primera, consolidar su negocio de especialidades farmacéuticas con foco en biosimilares y en el área de heparinas. La segunda, relanzar su división de CDMO (fabricación por contrato) capturando nuevos clientes, más allá de Moderna. Y la tercera, reforzar la apuesta por las terapias basadas en ARN mensajero, un campo con enorme potencial pero todavía sin horizontes comerciales masivos.
Los inversores están pendientes de cualquier señal concreta. Los analistas de Jefferies destacan la solidez del balance y la generación de caja, pero advierten que la credibilidad del plan se medirá en los contratos que se cierren en los próximos nueve meses. De momento, la compañía ha confirmado un acuerdo para desarrollar una vacuna contra el hantavirus con financiación pública, lo que apuntala la narrativa de innovación.
Entre la oportunidad del ARNm y la presión de los genéricos
Aquí es donde la historia se vuelve interesante. Rovi tiene probablemente una de las mejores plataformas europeas de producción de ARNm, fruto de su alianza con Moderna. Sin embargo, esa ventaja competitiva se diluye a medida que la demanda pandémica se evapora y nuevos actores –desde Lonza a WuXi– compiten por un pastel que aún no ha madurado. La gran pregunta no es si la tecnología es válida —lo es—, sino si Rovi puede monetizarla en los plazos que exige el mercado.
Personalmente, creo que el castigo bursátil ha sido excesivo en la magnitud, pero comprensible en el fondo. La acción descuenta una rentabilidad por dividendo atractiva, un balance sin deuda y una caja superior a los 400 millones de euros. Son mimbres sólidos. Pero el mercado hoy exige narrativas de crecimiento, no solo fortaleza financiera. Y ahí es donde la farmacéutica española tiene que afinar.
La salida pasa por demostrar, contrato a contrato, que la transición hacia una cartera más diversificada y de mayor margen es real. Si en el próximo semestre no se anuncian alianzas relevantes en biosimilares o se firma un gran pedido de ARN mensajero, la paciencia de los inversores institucionales podría agotarse antes de lo esperado. Mientras tanto, la volatilidad seguirá siendo la compañera de viaje de un valor que, a día de hoy, cotiza más por su pasado que por su futuro.





