El último análisis de Juan Ramón Rallo me ha obligado a replantearme el tablero de la inteligencia artificial. Justo cuando OpenAI se sentía imbatible por su superioridad en centros de datos, SpaceX y Anthropic han cerrado una alianza que va a dar mucho que hablar. Rallo desmenuza los detalles y las implicaciones de este movimiento, y yo no puedo evitar verlo como una jugada tan lógica como desesperada.
Los tres actores en liza (y cómo Alphabet se queda al margen)
Rallo sitúa tres grandes contendientes en la carrera de los modelos vanguard: OpenAI, con ChatGPT; Anthropic, responsable de Claude; y SpaceX, que ha desarrollado Grok. Alphabet —con Gemini—, aunque tecnológicamente relevante, navega a su propio ritmo y siente menos presión competitiva por su tamaño. Con ella fuera del foco, las cartas quedan así: OpenAI combina un modelo muy potente con mucha capacidad de cómputo; Anthropic presume de tener el mejor modelo en variedad de funciones, según algunos expertos, pero sufre una limitación crítica de infraestructura; y SpaceX, por su parte, cuenta con un modelo mediocre de Grok pero con una enorme capacidad instalada de computación, fruto de sus inversiones previas.
La escala como ventaja definitiva: el memorándum filtrado de OpenAI
Hace un mes se filtró un memorándum que OpenAI envió a sus accionistas. En él, la compañía liderada por Sam Altman aseguraba que terminaría dominando el mercado precisamente por la brecha de cómputo. Rallo reproduce el mensaje central: «El cómputo es lo que decide la partida. La escala ahora es el diferenciador real.» OpenAI dejaba claro que Anthropic operaba en una curva de capacidad mucho más estrecha y que su ventaja se iría ampliando. Una confianza que se sustentaba en un dato demoledor: Dario Amodei, CEO de Anthropic, reconoció que habían previsto crecer diez veces y se encontraron con un incremento de ochenta veces. Su infraestructura, sencillamente, no daba abasto.
El acuerdo que duplica los límites de uso de Claude
Ayer, el terreno de juego dio un vuelco. Según Rallo, SpaceX y Anthropic cerraron un acuerdo histórico: la empresa de Elon Musk alquilará parte de su capacidad de cómputo a Anthropic para que pueda atender a muchos más clientes. La respuesta fue inmediata — Anthropic duplicó los límites de uso de Claude para todos sus usuarios. La complementariedad es evidente: SpaceX monetiza un activo infrautilizado (su modelo no atrae masas) y Anthropic resuelve su cuello de botella crítico.
“La capacidad de cómputo instalada hasta la fecha es un reparto de migajas frente a la distribución de la capacidad futura.”
— Juan Ramón Rallo
La inversión millonaria que lo cambiará todo
Más allá del movimiento táctico, Rallo pone el foco en lo que realmente definirá al ganador: la expansión de los centros de datos. Apoyándose en proyecciones de Goldman Sachs, más de 750.000 millones de dólares se espera que se inviertan solo en 2026, prácticamente el doble de todo lo acumulado entre 2022 y 2025. Para 2027 la cifra sube hasta el billón, y en 2031 alcanzaría 1,6 billones de dólares. La capacidad instalada actualmente es, en palabras de Rallo, “una nimiedad”. La verdadera batalla no la libran por la tarta de hoy, sino por asegurarse contratos de suministro a largo plazo.
El dilema financiero: ¿entrenar o facturar?
¿Por qué estas empresas no destinan el 100% de sus centros de datos a desarrollar el mejor modelo posible? La respuesta, explica Rallo, es financiera. Gastan ingentes sumas en infraestructura y entrenamiento, pero necesitan ingresos para no quebrar antes de salir a bolsa. Si solo entrenan, no facturan y los inversores huirán. Si solo sirven a clientes, se quedan rezagadas en innovación y desaparecen en meses. Equilibrar la inferencia (atender clientes) con el entrenamiento (mejorar el modelo) es la clave de supervivencia. Sin embargo la escasez de cómputo convierte esta decisión en un juego de suma cero que, hasta ahora, favorecía a OpenAI por su mayor colchón.
Eso explica, según Rallo, por qué las alianzas puntuales son tan importantes. No son simples acuerdos comerciales: son un seguro de vida. La sociedad de Anthropic primero con Alphabet y ahora con SpaceX busca contrarrestar la ventaja estructural de OpenAI mientras esperan que las rotativas de los centros de datos giren mucho más rápido.
Me cuesta ver esta alianza como algo más que un parche momentáneo. La carrera de la IA se juega en el medio plazo, y el músculo financiero de cada contendiente marcará quién se lleva el gato al agua. Como bien apunta Rallo, lo que hoy parece una guerra de trincheras quedará obsoleto cuando la inversión en centros de datos se multiplique. La pregunta es: ¿quién de los tres tendrá margen suficiente para esperar? Yo, francamente, no apostaría en contra de ninguna de estas fieras hambrientas de futuro.
Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de Juan Ramón Rallo:






