El amor es quizás el tema sobre el que más se habla y menos se comprende. Gabriel Rolón, psicólogo y psicoanalista, lleva décadas acompañando a personas que llegan a su consultorio convencidas de que amar debería ser suficiente. Su conclusión es que el amor solo nunca alcanza y sostener una pareja exige un trabajo que muy pocos están dispuestos a hacer.
Lo que distingue a Rolón de otros especialistas no es solo su formación sino su capacidad para decir verdades difíciles con una precisión que no hiere sino que ilumina. En su mirada el amor romántico está tan idealizado que muchas personas confunden la intensidad del vínculo con su calidad y terminan pagando un precio muy alto por esa confusión.
Por qué el amor solo no es suficiente para sostener una pareja

Uno de los conceptos que Rolón repite es que el enamoramiento inicial es técnicamente una ilusión, es decir una percepción deformada de la realidad. En esa etapa la pareja parece perfecta porque se la mira a través de un filtro que el tiempo va disolviendo inevitablemente. Lo que al principio era carácter después resulta ser mal humor y lo que parecía dulzura luego se convierte en indiferencia. Cuando esa ilusión cae comienza el verdadero desafío.
El problema no es que el amor desaparezca sino que la mayoría de las personas no está preparada para lo que viene después. Se le exige a la pareja que sea al mismo tiempo el mejor amigo, el mejor amante, el mejor confidente y el mejor compañero, y que cumpla todos esos roles todo el tiempo sin fallar nunca. Para Rolón esa expectativa no solo es irreal sino que es una trampa que destruye vínculos que podrían haber funcionado bien con un poco más de generosidad y menos perfeccionismo.
A esa exigencia desmedida se suma otra distorsión igualmente peligrosa: la tendencia a juzgar una relación entera por su momento final. Rolón recuerda el caso de una paciente que tras 25 años de matrimonio declaró que había sido todo para nada. El psicoanalista le devolvió sus propias palabras: ella misma había reconocido en múltiples ocasiones que su marido la había acompañado en los momentos más difíciles de su vida. Juzgar un vínculo solo por cómo termina es tan injusto como juzgar a un poeta únicamente por sus peores versos.
Lo que realmente separa a una pareja sana de una que solo resiste
Para Rolón las parejas que mejor funcionan no son las que nunca se pelean ni las que sienten una pasión arrolladora permanente. Son las que trabajan. Las que reconocen que el amor no es algo que se encuentra sino algo que se construye día a día mediante acuerdos, conversaciones, perdones y autocrítica genuina.
El amor que perdura también implica aceptar el dolor como parte del trato. En los mejores vínculos hay momentos que duelen y quien no esté dispuesto a atravesar esas incomodidades simplemente no debería enamorarse. El duelo por una pareja perdida es lo que Rolón describe como una batalla dolorosa porque la palabra proviene a la vez de combate y de dolor. Nadie sufre la pérdida de algo que no amó de verdad.
Hay otro elemento que Rolón considera fundamental y que suele pasarse por alto: el amor propio. Una pareja donde uno de los dos no se quiere suficientemente no puede funcionar de forma sana porque el amor que no se tiene para uno mismo tampoco puede darse al otro de manera equilibrada. El amor excesivo que ahoga y la indiferencia que abandona son dos formas del mismo desequilibrio.
Lo más revelador de su análisis es la idea de que todos vamos por la vida buscando inconscientemente ciertos rasgos aprendidos en la infancia. Esos rasgos pueden ser hermosos o pueden ser patológicos y repetirse en cada elección sin que la persona lo advierta. El trabajo del psicoanálisis en estos casos no es remover el pasado por curiosidad sino identificar qué se repite en el presente para poder interrumpir el patrón.
Una pareja que funciona está formada por dos personas que se conocen a sí mismas, que tienen un amor propio estable y que eligen construir juntos sin pedirle al otro que sea todo lo que necesitan. Eso no es resignación. Para él eso es lo más parecido a un milagro.





