¿Alguna vez has viajado y te ha dado la sensación de ir tan deprisa que no estás disfrutando del viaje? Hoy en día, por el afán de querer “ver todo”, es habitual que se organicen los viajes con muchos itinerarios y en ellos impere una prisa constante. Por eso, ante esta tendencia, ha surgido otra que propone todo lo contrario: los viajes slow.
¿Qué son los viajes slow?
Los viajes slow han surgido en contraposición a la manera habitual de viajar. El propio término de slow, en inglés, significa pausado o despacio, aunque esta tendencia consiste en algo más que viajar a nuestro ritmo.
Cuando se trata de viajes slow nos referimos no solo a elegir menos destinos o permanecer más tiempo, sino también a realizar viajes más sostenibles. Los viajeros slow, por tanto, se detienen para disfrutar por completo de la experiencia, conviviendo durante un tiempo con los locales.
Viajar sin prisas permite conectar con el entorno
Uno de los atractivos de los viajes slow son su funcionalidad. En este sentido, son perfectos para reducir el estrés y centrarnos en nosotros mismos. Así, viajar de forma pausada se convierte también en una terapia para el viajero, que no sufre el estrés de tener que cumplir horarios estrictos ni de no llegar a todo.
De hecho, una de las ventajas de estos viajes es que permiten que desconectemos por completo, o lo que es lo mismo, que nos tomemos nuestro tiempo para descansar y recargar energía.
Un tipo de viaje más sostenible
Los viajes slow, entre otras, ofrecen la posibilidad de interactuar col la gente local. Bien sea comprando en sus negocios o participando en eventos o festividades, gracias a tomarnos nuestro tiempo en cada destino, podemos aprender de su cultura y, sobre todo, aportar a la economía local.
Por eso se trata de un tipo de viaje sostenible, ya que promueve un turismo respetuoso. Algunas instituciones como Turespaña ponen en valor este tipo de turismo y proporcionan información muy útil para aquellos viajeros que quieran disfrutar al máximo de la experiencia.
Asimismo, en los viajes slow, al no haber esa necesidad constante de estar en todos los sitios en el menor tiempo posible, se reducen los desplazamientos. Incluso, se contrapone al turismo masivo, con las implicaciones que esto tiene tanto para los residentes como para el medio ambiente.
Empezar a viajar slow es sencillo
Empezar a hacer viajes slow no resulta complicado, lo único que hay que hacer es cambiar el concepto que solemos tener de “viaje”. Por ejemplo, cuando vamos a viajar lo primero que hacemos es planificar todos los sitios que vamos a visitar, dónde vamos a alojarnos, dónde comeremos… Para viajar slow, en cambio, lo que debemos hacer es lo contrario, no planificar en exceso y permitirnos improvisar.
Aparte, también debemos dejar a un lado el pensamiento de “aprovechar el tiempo”. El viaje hay que disfrutarlo, por lo que no hay que pretender verlo todo, sino más bien, lo que vayamos a ver, hacerlo a conciencia.
Del mismo modo, para viajar más tranquilos, también es una buena idea buscar alojamientos menos saturados, como apartamentos en lugar de hoteles. La idea es pasar tiempo de calidad en el destino en el que nos encontremos, conviviendo con los locales o, incluso, haciendo planes low-cost.
Viajar menos, pero viajar mejor
En definitiva, los viajes slow consisten en viajar menos, sí, pero también en viajar mejor. Estamos acostumbrados a querer visitar multitud de lugares en poco tiempo, lo que se traduce en disfrutar poco de nuestros viajes. En cambio, viajar slow nos invita a todo lo contrario, a saber elegir dónde ir o qué visitar y tomarnos nuestro tiempo, sin estrés, sin prisas.
Viajar menos no es sinónimo de desaprovechar los viajes. Todo lo contrario. Es vivir la experiencia y practicar un turismo que no solo nos viene bien a varios niveles (físico y mental), sino que también beneficia a la población local.




