El BCE mantiene tipos por séptima vez y alerta sobre Irán

El Consejo de Gobierno deja la facilidad de depósito en el 2,15% por séptima reunión consecutiva. Lagarde descarta el escenario de estanflación pero reconoce que el petróleo y los costes marítimos del conflicto en Oriente Medio están bajo vigilancia estrecha.

Séptima reunión consecutiva sin movimientos. El BCE mantiene los tipos de interés en el 2,15% pese al ruido geopolítico que llega desde Oriente Medio, en una decisión que confirma la pausa larga inaugurada el verano pasado y que el mercado ya descontaba con casi total unanimidad.

La presidenta Christine Lagarde compareció en Fráncfort para defender que la economía de la zona euro está aguantando mejor de lo previsto y que la inflación sigue anclada cerca del objetivo del 2%. La rueda de prensa, sin embargo, estuvo dominada por una palabra que nadie quería pronunciar: estanflación.

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Una pausa que ya dura un año y la sombra de Irán

Los tipos del euro llevan inmóviles desde la reunión de junio del año pasado, cuando el Consejo de Gobierno cerró el ciclo de recortes que arrancó en 2024. La cifra clave: 2,15% en la facilidad de depósito, el nivel que marca de facto el coste del dinero para la banca europea. La tasa de refinanciación principal queda en el 2,40% y la facilidad marginal de crédito en el 2,65%, según los comunicados oficiales del BCE.

Lagarde fue clara al rechazar el escenario más temido: ni recesión, ni inflación descontrolada. La inflación general de la eurozona se situó en el 2,1% en marzo, con la subyacente algo por encima, en el 2,4%. Crecimiento débil, sí. Estanflación, no. La presidenta insistió en que los datos no respaldan ese diagnóstico.

El conflicto entre Israel e Irán, escalado durante las últimas semanas, sí entró de lleno en la conversación. Lagarde reconoció que el BCE vigila el precio del crudo y los costes de transporte marítimo como las dos variables que podrían contaminar el escenario base. El Brent ha subido en torno a un 18% desde el inicio de la escalada, y los seguros de carga en el estrecho de Ormuz se han disparado.

Mercado de bonos y euro: reacción contenida

La reacción inmediata fue tibia. El bund alemán a diez años apenas se movió tras la decisión y el euro se mantuvo plano frente al dólar, en torno a 1,11. Los futuros sobre tipos del Euríbor descuentan ahora una probabilidad inferior al 30% de un nuevo movimiento antes de la reunión de septiembre, frente al 45% que se manejaba hace un mes.

¿Por qué tanta calma con un conflicto activo en Oriente Medio? La respuesta tiene dos capas. La primera, que los inversores descuentan que el BCE no actuará por shocks de oferta a menos que se filtren a la inflación subyacente. La segunda, que el mercado confía en que el suministro energético europeo, mucho menos dependiente de Oriente Medio que en 2022, resistirá un escenario de tensión prolongada.

Eso sí, los analistas de las principales casas europeas ya han revisado al alza sus estimaciones de IPC para el cuarto trimestre. Si el Brent se asienta por encima de 90 dólares durante el verano, el repunte podría llevar la inflación general de la eurozona de nuevo al 2,5%, un nivel que el BCE consideraría incómodo aunque manejable.

Lagarde estanflación

Lo que de verdad está en juego: credibilidad y munición

Aquí es donde el análisis se vuelve incómodo. Creo que la decisión de hoy no va de los tipos, sino de la posición negociadora del banco central. Lagarde necesita reservar munición para un escenario que aún no ha llegado, y por eso descarta moverse mientras pueda permitírselo.

El precedente histórico que a mí me viene a la cabeza es 2011, cuando Jean-Claude Trichet subió tipos dos veces justo antes de que la crisis de deuda soberana obligara a su sucesor, Mario Draghi, a deshacer todo el camino en cuestión de meses. Aquel error de timing pesó durante años en la credibilidad del BCE. Lagarde, que conoce bien esa historia, parece decidida a no repetirla. La pausa prolongada le da margen para reaccionar tanto si la energía dispara la inflación como si la guerra acaba enfriando aún más el consumo europeo.

Hay un riesgo, no obstante, que esta redacción no quiere pasar por alto: si el conflicto se prolonga y los mercados energéticos se tensan en serio, el BCE podría encontrarse en la peor posición posible —tipos demasiado altos para sostener el crecimiento, demasiado bajos para frenar una nueva ola inflacionaria—. Es el escenario que Lagarde se niega a llamar estanflación, pero que en privado más de un consejero del comité ya contempla.

La próxima cita marcada en rojo es la reunión de septiembre de 2026, cuando se publiquen las nuevas proyecciones macroeconómicas del personal técnico del BCE. Para entonces sabremos si la cautela de hoy fue prudencia o pérdida de tiempo. Mientras tanto, el dinero seguirá costando lo mismo que hace doce meses, y el mapa de Oriente Medio decidiendo más cosas que cualquier acta del Consejo de Gobierno.


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