Western Union lanzará stablecoin para sustituir a SWIFT

El gigante de las remesas estudia emitir una moneda digital propia anclada al dólar para liquidar pagos internacionales en minutos y sin pasar por la red interbancaria tradicional. Juniper Research prevé 5 billones de dólares en pagos B2B con stablecoins en 2035.

Western Union está estudiando lanzar su propia stablecoin (una moneda digital cuyo valor se mantiene anclado al dólar u otra divisa estable) para mover dinero entre países sin pasar por SWIFT, la red interbancaria que conecta a casi todos los bancos del mundo desde hace medio siglo. Lo confirmó el consejero delegado de la compañía en declaraciones recogidas por CoinDesk, y la noticia tiene más calado del que parece a primera vista: si el gigante de las remesas da el paso, el sistema tradicional de pagos internacionales se enfrenta a una competencia que no tenía hace solo dos años.

La idea es sencilla de explicar y compleja de ejecutar. En lugar de que un envío de Madrid a Manila pase por varios bancos corresponsales encadenados (cada uno cobrando comisión y tardando entre uno y tres días en confirmar la operación), Western Union liquidaría la transacción internamente moviendo una stablecoin propia entre sus oficinas y socios. El cliente seguiría viendo dólares, euros o pesos. Por debajo, las tuberías cambiarían por completo.

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Qué ha dicho exactamente Western Union

El CEO Devin McGranahan reconoció que la empresa está evaluando emitir una stablecoin para liquidar transacciones globales sin depender de SWIFT, según la información publicada el 27 de abril. No hay todavía fecha de lanzamiento, ni jurisdicción elegida, ni un socio tecnológico anunciado de forma oficial. Lo que sí hay es una declaración de intenciones que coloca a Western Union en la misma conversación que PayPal, que ya emite su propia PYUSD desde 2023, o que Stripe, que el año pasado completó una de las mayores adquisiciones del sector cripto al comprar la infraestructura de stablecoins Bridge.

El contexto importa. Western Union mueve cada año decenas de miles de millones de dólares en remesas, gran parte de ellos hacia países donde la banca tradicional es cara o directamente inaccesible. Cada punto porcentual que la compañía consiga rebajar en costes de liquidación se traduce en margen operativo o en tarifas más bajas para el usuario final. Y SWIFT, por muy útil que siga siendo, no es barato ni rápido en corredores secundarios.

Por qué esto le importa al lector medio

Si alguna vez has enviado dinero al extranjero o lo has recibido, conoces el pellizco: comisiones de envío, comisiones del banco intermediario, tipo de cambio poco favorable y dos o tres días de espera. Una stablecoin bien diseñada puede recortar ese coste a céntimos y reducir el plazo a minutos. No porque la tecnología sea mágica, sino porque elimina intermediarios que hoy cobran por sumarse a la cadena.

Las cifras del sector apuntan en esa dirección. La consultora Juniper Research, especializada en análisis de mercados de pagos digitales, prevé que los pagos transfronterizos entre empresas (lo que se conoce como B2B) liquidados con stablecoins pasen de unos 13.000 millones de dólares actuales a 5 billones de dólares en 2035, un crecimiento superior al 37.000%. Es un salto difícil de digerir, pero indica hacia dónde miran las firmas de análisis: no a si los pagos B2B con stablecoins crecerán, sino a cuánto.

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Eso sí, conviene relativizar. Los 5 billones proyectados representarían todavía una fracción del volumen global de pagos transfronterizos, que según el Banco de Pagos Internacionales se mide en cientos de billones anuales si se incluye toda la actividad mayorista. Las stablecoins no van a sustituir a SWIFT mañana. Van a quitarle cuota poco a poco en los corredores donde el sistema actual es más ineficiente.

Lo que está realmente en juego: un cambio de tuberías

La última vez que vimos una empresa de servicios financieros tradicionales lanzar una stablecoin propia con vocación global fue PayPal con PYUSD en agosto de 2023. El movimiento generó mucho ruido y poco volumen al principio, pero abrió la puerta a que otros incumbentes se lo plantearan en serio. Hoy, casi tres años después, el ecosistema de stablecoins reguladas en Estados Unidos y Europa es muy distinto: el reglamento MiCA en la Unión Europea ya está plenamente operativo, y la SEC y el Tesoro estadounidense han ido perfilando un marco más predecible para los emisores.

Western Union juega con dos ventajas que ni los nativos cripto ni la banca tradicional tienen a la vez: una red física de cientos de miles de puntos de pago en países emergentes y una marca reconocible para el usuario que nunca ha tocado una billetera digital. Ahí está su carta. El riesgo, y conviene decirlo, es que el sector ya está poblado de stablecoins. Tether y Circle dominan con cuotas combinadas superiores al 85% del mercado, y cualquier nuevo emisor tiene que justificar por qué su moneda es preferible a las que ya funcionan, son líquidas y están aceptadas en todas partes.

Hay además una pregunta regulatoria de fondo: ¿qué jurisdicción elegirá Western Union para emitir? La decisión condicionará todo lo demás, desde las reservas obligatorias hasta el tipo de licencia y las restricciones de uso. Si opta por Estados Unidos, dependerá del avance de la legislación federal sobre stablecoins de pago. Si mira a Europa bajo MiCA, tendrá un marco más claro pero más exigente en capital. Y si elige una jurisdicción más laxa, perderá credibilidad ante los reguladores de los países donde precisamente quiere mover dinero.

La hoja de ruta de la compañía no se conocerá probablemente hasta el segundo semestre de este año, según fuentes del sector aún sin confirmación oficial. Hasta entonces, lo que tenemos es una señal: el negocio de las remesas, uno de los más estables y rentables del planeta, ha decidido que la siguiente década no se juega ya en SWIFT.


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