La reunión de la Fed arranca esta semana sin sorpresas previstas en tipos, pero con un mercado más nervioso de lo que aparenta. El cónclave del Comité Federal de Mercado Abierto coincide en el calendario con decisiones del Banco de Japón y con un Banco Central Europeo que ya marcó pausa hace semanas. Tres bancos centrales, tres velocidades, una misma pregunta: qué senda monetaria queda para lo que resta de 2026.
El consenso de Bloomberg y Reuters apunta a que Jerome Powell mantendrá el rango actual del tipo oficial. Lo interesante no es la decisión. Es el tono.
La Fed encara la reunión con el mercado descontando dos recortes más
La curva de futuros sobre fondos federales descuenta, según los datos de la herramienta FedWatch de CME Group, una probabilidad cercana al 70% de que la Fed mantenga tipos en esta reunión y de que aplique al menos un recorte adicional antes del cierre fiscal. La inflación subyacente PCE, el indicador favorito del banco central, sigue por encima del objetivo del 2%, aunque ha cedido respecto al pico de 2024.
El problema para Powell es doble. Por un lado, el mercado laboral estadounidense ha mostrado señales de enfriamiento más rápido de lo esperado en el primer trimestre, según los datos del Bureau of Labor Statistics. Por otro, la administración mantiene una política arancelaria que presiona los precios al alza de forma asimétrica. La Fed se mueve entre dos fuegos.
Yo creo que la clave de la rueda de prensa estará en el lenguaje sobre el balance, más que en los tipos. La reducción del balance — el conocido quantitative tightening — lleva meses en discusión interna. Cualquier matiz sobre su ritmo moverá más al mercado de bonos que el propio comunicado de tipos.
El Banco de Japón mira en dirección contraria
Mientras la Fed debate cuándo bajar, el Banco de Japón sigue evaluando cuándo subir. La decisión del BoJ esta semana llega tras meses de presión sobre el yen y con una inflación doméstica que, por primera vez en décadas, se asienta cómodamente por encima del 2%. Kazuo Ueda ha repetido que la normalización será gradual, pero el contexto le aprieta.
El diferencial de tipos entre Estados Unidos y Japón sigue siendo el motor del carry trade sobre el yen. Una sorpresa hawkish del BoJ podría desencadenar un movimiento brusco en divisas, como ya ocurrió en agosto de 2024. Aquel episodio costó caro a posiciones apalancadas en todo el mundo y obligó a Tokio a moderar su mensaje.
El consenso de analistas no espera subida en esta reunión. Sí espera, eso sí, una revisión al alza de las previsiones de inflación para el ejercicio fiscal japonés. El matiz importa.

Qué se juega Europa en esta semana de bancos centrales
El BCE no decide esta semana, pero el efecto arrastre es directo. Christine Lagarde dejó claro en el último comunicado que el ciclo de bajadas europeo está ya muy avanzado y que el margen para más recortes depende de los datos de servicios. Si la Fed retrasa su próximo movimiento, el euro tenderá a debilitarse frente al dólar, algo que el BCE no contempla con entusiasmo dadas las presiones importadas sobre energía.
¿Estamos ante una semana decisiva o ante un compás de espera más? Mi lectura es la segunda, con matices.
Tres bancos centrales, una misma incertidumbre sobre 2026
Lo que está ocurriendo no tiene precedente claro en el último ciclo. Tres de las cuatro grandes áreas monetarias del mundo — Estados Unidos, Japón y la Eurozona — se encuentran en fases distintas de su ciclo de tipos al mismo tiempo. Esa desincronización monetaria es algo que no veíamos desde mediados de los años 90, cuando la Fed de Greenspan endurecía mientras el Banco de Japón luchaba contra la deflación que arrastraría al país durante una década.
La diferencia es que ahora hay un componente fiscal explosivo. La deuda estadounidense supera el 120% del PIB según los datos del Tesoro, y el coste de financiarla se ha disparado con los tipos altos. Cualquier movimiento de la Fed tiene implicaciones presupuestarias inmediatas que no existían en ciclos anteriores. Powell lo sabe, y por eso su tono será probablemente más cauto que el de su última intervención pública.
El riesgo que veo es el de una sobreinterpretación. Los mercados llevan semanas posicionados para un giro acomodaticio claro y, si el comunicado se queda en territorio neutro, la corrección puede ser fea en bonos largos. Cabe recordar que en septiembre de 2024 una rueda de prensa interpretada como hawkish provocó la mayor caída diaria del Nasdaq del trimestre. La memoria del mercado es corta, pero los algoritmos no olvidan.
El hito a vigilar después de esta semana es la publicación del informe de empleo estadounidense del próximo viernes y, sobre todo, el dato de PCE de mayo. Ahí se decidirá si la Fed tiene de verdad margen para el siguiente recorte o si tendrá que volver a posponerlo, como ya hizo a finales del año pasado. Hasta entonces, prudencia en la curva larga.





