Hay cosas que hacemos en piloto automático. Abrir la puerta del coche es una de ellas. Llegas, aparcas, tiras de la manilla… y listo. Sin pensar demasiado. Como quien apaga la luz al salir de casa. Pero claro, a veces basta un segundo para que todo cambie. ¿Y si ese gesto tan cotidiano pudiera evitar un accidente?
La Guardia Civil lleva tiempo insistiendo en algo tan simple que casi cuesta creerlo: abrir la puerta “a la holandesa”. Una recomendación discreta, casi de sentido común… pero con un impacto enorme en la seguridad. Sobre todo para quienes van en bici o en moto, que al final son los más expuestos.
Un giro pequeño… y de repente ves más de lo que creías

La técnica no tiene misterio. O eso parece. Consiste en abrir la puerta con la mano contraria. Si estás en el asiento del conductor, usas la derecha para abrir la puerta izquierda. Y sí, al principio resulta raro. Pero en cuanto lo haces… lo entiendes.
Porque tu cuerpo gira. Sin darte cuenta. El hombro se mueve, el cuello acompaña… y acabas mirando hacia atrás casi sin querer. Como si alguien te hubiese dado un pequeño empujón invisible para que compruebes lo que pasa fuera.
Y ahí está la clave.
Ese segundo que marca la diferencia
Ese giro, que parece una tontería, lo cambia todo. De repente ves si viene un ciclista, una moto o incluso otro coche. Controlas el retrovisor, echas un vistazo al ángulo muerto… y decides abrir o esperar.
Porque ¿cuántas veces abrimos la puerta sin mirar de verdad? No “mirar por mirar”, sino comprobar.
De Holanda al mundo

El nombre viene de los Países Bajos, donde la bici forma parte del día a día. Allí no es una recomendación curiosa: es casi una norma de vida. Se enseña desde pequeños y en las autoescuelas lo tienen tan interiorizado que no hacerlo bien puede costarte el examen.
Con el tiempo, la técnica se hizo conocida como “Dutch Reach”, sobre todo después de que un médico en Estados Unidos la impulsara tras un accidente mortal en Boston. Y claro, los datos no ayudan a mirar hacia otro lado.
El llamado “dooring” (cuando alguien abre la puerta y golpea a un ciclista) provoca cientos de accidentes cada año. Solo en Reino Unido se superan los 700 casos anuales. En ciudades como Vancouver o San Francisco, puede representar hasta el 15 % de los accidentes urbanos con ciclistas. No es algo anecdótico. Es más habitual de lo que pensamos.
¿Y en España qué pasa con esto?
Aquí no es obligatorio como tal. Pero ojo, porque el Reglamento General de Circulación lo deja bastante claro en su Artículo 114: no puedes abrir la puerta si supone un peligro para otros.
¿La consecuencia? Multas que pueden llegar a los 260 euros.
Que no es poco. Pero más allá del dinero, está lo importante: evitar un accidente. Y en ese sentido, abrir “a la holandesa” es casi un atajo para hacer las cosas bien sin darte cuenta.
No es solo cosa del conductor

Aquí viene algo que muchas veces se olvida: los pasajeros. Sobre todo los de atrás. Ellos no tienen retrovisores. Van más “a ciegas”. Y por eso el riesgo es incluso mayor.
La recomendación es la misma: usar la mano contraria. Si estás en el lado derecho, abrir con la izquierda. Ese pequeño giro del cuerpo vuelve a hacer su magia.
Al final, todo se resume en algo muy simple. Un segundo más. Un gesto distinto. Una mirada que antes no estaba.
Y a veces eso es justo lo que evita que un susto se convierta en algo peor.




