Soraya Sáenz de Santamaría
Soraya Sáenz de Santamaría junto al general Félix Sanz Roldán, en un acto.

Méndez de Vigo es uno de esos apellidos notorios de España. Nobleza en la sangre, excelencia profesional y habilidad política. El más conocido es el ministro, Íñigo. Pero no hay que dejar de lado a Pedro, general de brigada en el órgano central Ministerio de Defensa, y mucho menos a Beatriz, número dos del CNI (secretaria General) hasta el pasado otoño. Soraya Sáenz de Santamaría ha contado con dos de los hermanos como aliados en su ejercicio de control de casi todos los resortes del poder del Ejecutivo durante el mandato de Mariano Rajoy. Íñigo, político en ejercicio y enormemente afable, fue designado como ministro portavoz y ha salido hasta bailando y cantando con Soraya. Beatriz, ahora destinada en Pekín, era otro de los apoyos de la ex vicepresidenta en el CNI, complementario al del director, el general Félix Sanz Roldán.

Soraya Sáenz de Santamaría, abogada del Estado, puede presumir de que casi le cabe el Estado en la cabeza, como se atribuía a Manuel Fraga. La candidata a las primarias del PP llegó a acumular hasta 12 cargos en el Gobierno, un hecho sin precedentes de concentración de poder en una sola persona. Soraya Sáenz de Santamaría fue a la vez, en 2014, vicepresidenta del Gobierno, ministra de Presidencia, portavoz del Gobierno, presidenta de cuatro comisiones delegadas –de las seis que había– (Inteligencia, Política Científica, Asuntos Culturales e Igualdad), vicepresidenta de la Comisión Delegada de Asuntos Económicos, presidenta de la Comisión General de secretarios de Estado y subsecretarios; y último, pero no menos importante, máxima responsable política del CNI. Además, por unos días, fue presidenta del Gobierno en funciones (por un viaje de Rajoy) y seguía siendo ministra de Justicia en funciones (tras la dimisión de Gallardón y antes del nombramiento de Rafael Catalá).

La pregunta que muchos se hicieron en el PP no era sólo por qué Rajoy delegaba semejante poder en una joven política desligada del aparato tradicional del partido, sino qué hacía Soraya con todo ese poder. Y aquí, las leyendas vuelan de cenáculo en cenáculo de la Villa y Corte.

Soraya Sáenz de Santamaría

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La primera señal de alarma de que algo extraño estaba pasando en el CNI y las esferas del poder monclovita asomó cuando surgió el caso del Pequeño Nicolás. Apareció como una noticia pintoresca en El Confidencial (un medio tradicionalmente aliado de Sáenz de Santamaría), un crío se hacía pasar por alto representante del Estado. Lo que era una noticia que generó infinidad de “memes” en la redes sociales tenía una raíz profunda. El joven Francisco Nicolás Gómez Iglesias era más conocido como Fran, y pasaba para buena parte de la sociedad madrileña por un enviado de la vicepresidenta del Gobierno. Varias fuentes explican que incluso era visto llegando a los actos en el coche oficial de la vicepresidencia del Gobierno.

Las pasadas de frenada del “pequeño Nicolás” destaparon una guerra interna entre los servicios secretos. Los bandos, el CNI y el general Sanz Roldán de un lado, Villarejo y su brigada mediática del otro. Empresarios y políticos por en medio. Fuentes de Moncloa aseguran que las visitas de Francisco Nicolás al complejo presidencial fueron asiduas. Sin embargo, el defensor de Francisco Nicolás ha sido el bando del comisario José Villarejo, en una batalla sin cuartel que delata desmanes en los servicios de inteligencia. El último rescoldo de esta pelea sin cuartel ha sido la publicación de cintas supuestamente grabadas por el comisario a Corinna Zu Sayn-Wittgenstein con supuestas componendas económicas del rey Juan Carlos I fuera de España. Sanz Roldán se ha visto obligado a dar explicaciones en la Comisión de Secretos del Congreso para controlar el escándalo.

CATALUÑA

Los servicios secretos, el CNI, era una de las herramientas con que ha contado Soraya Sáenz de Santamaría en el reto probablemente mayor que ha tenido en los siete años de Gobierno: la crisis de Cataluña. Rajoy la designó al frente de la oficiosamente llamada “Operación Cataluña”. Los resultados de la acción de Soraya en Cataluña son conocidos. Pero el momento culminante de los mismos fue el 1-0, el referéndum ilegal organizado por la Generalitat de Cataluña.

Ese domingo de infausto recuerdo fue la culminación de un fracaso de gestión. En lo político, porque la ex vicepresidenta estaba confiada a sus conversaciones con Oriol Junqueras. Fracasaron sin contemplaciones. Pero es que además el CNI fue incapaz de controlar los movimientos de las urnas, que fueron al cabo lo que determino la ficción de un referéndum que sirvió de escaparate interno del independentismo, e internacional, de una causa Catalana.

LA OPERACIÓN “UNIÒ”

Y no se puede decir que Sáenz de Santamaría no maniobrara en las sombras para este asunto. Según ha sabido Merca2, una de las cartas que jugó en ese escenario subterráneo, fue la escisión en las filas de Convergencia i Uniò (CiU), que acabó dando lugar al PDCat actual. Josep Antoni Duran i Lleida, histórico dirigente, se apeó del caballo independentista en plena crisis y pulso de Artur Mas. Este movimiento de desafección fue más que alentado desde Moncloa, e incluso jugó con el apoyo explícito de alguna gran empresa multinacional española. La operación Durán i Lleida acabó en la irrelevancia política de la vieja Uniò.

El último episodio fallido de este CNI controlado por Soraya Sáenz de Santamaría fue la detención de Carles Puigdemont durante su periplo europeo. La detención en Alemania parecía una buena opción, salvo que hubo un error. Primro, presumir antes de tiempo de la operación del CNI, necesitado de lavar su imagen tras el fiasco del 1-0. Segundo, que nadie en el Centro cayó en la cuenta de que el lugar de la detención, el condado de Schleswig-Holstein, vive bajo el recuerdo de su traumática separación de Dinamarca, y es el territorio alemán que más se puede solidarizar con una causa independentista. De ahí probablemente las decisiones de sus jueces, contrarias a las peticiones del juez Llarena.

SORAYA SÁENZ DE SANTAMARÍA Y EL USO DEL CNI

El Centro Nacional de Inteligencia es un instrumento del Estado que trabaja bajo estricto control de un juez y se ocupa de las situaciones que puedan comprometer la seguridad de España. El terrorismo, la delincuencia organizada, la ciberseguridad, la defensa de los intereses nacionales fuera de España, la contrainteligencia y la protección de las tropas desplegadas en el exterior sus son principales ocupaciones. Y, de hecho, lo son, es a lo que se ocupan sus abnegados profesionales. Pero no hay servicios secretos sin sospecha, y la proliferación de expedientes que aparecen espectacularmente en la prensa han hecho que las miradas se dirijan hacia la dirección política del mismo.

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Lo que sucede es que en el periodo de mandato de Soraya Sáenz de Santamaría esos expedientes han impactado mayoritariamente contra sus propios compañeros de partido. Los flecos de los “papeles de Panamá” que liquidaron al ministro Soria, por ejemplo, se interpretaron como una rara coincidencia de interés político y mágica aparición de expedientes.

José Manuel Soria, durante su etapa de ministro de Industria, se enfrentó a las decisiones de Soraya Sáenz de Santamaría, singularmente en lo referido a las fusiones de los canales privados de televisión. Estas fusiones, aprobadas al parecer sin su anuencia, propiciaron los dos grandes grupos televisivos, Atresmedia (Antena 3 más La Sexta) y Mediaset (Telecinco más Cuatro).

MANIOBRAS MEDIÁTICAS

A Sáenz de Santamaría se le atribuye también intermediación con los acreedores de PRISA, y otras maniobras en los medios de comunicación. La acusación entre los partidarios de Casado es que “siempre la tratan bien los medios de izquierdas”. Si fuera cierto esto, también habría que atribuir a la ex vicepresidenta la estrategia de dejar crecer a Podemos para laminar la potencia electoral del PSOE. Podemos ha crecido al amor de Jaume Roures y La Sexta, una de las grande beneficiadas por la estrategia mediática de Soraya.

Pero lo que más estupefacción ha levantado entre las filas del PP ha sido la destrucción de rivales internos en el partido. Como se puede ver ahora, en estas primarias, en la estrategia de poder de Sáenz de Santamaría, tras recibir la delegación plenipotenciaria de Mariano Rajoy en el Ejecutivo, le faltaba el control del partido, al que siempre ha sido ajena.

Y eso supone el poder territorial que, al final, supone el control económico del PP. En esta clave Sáenz de Santamaría ha ido interviniendo discretamente en sucesivos relevos de dirigentes territoriales, colocando candidatos y apoyando facciones, ante la estupefacción de la secretaria General, Dolores de Cospedal. Probablemente difuminada en demasiados frentes –la presidencia de Castilla-La Mancha, Defensa, el partido, la guerra con Bárcenas y la trama Gürtel–, Cospedal ha ido cediendo control territorial a Sáenz de Santamaría. En esa clave se entienden sucesos como los de la Comunidad de Madrid, La Rioja, Andalucía, Cantabria y otras traumáticas luchas en el PP.

En la lucha la vicepresidenta ha contado con el apoyo enorme y decisivo del fontanero oficial del PP, Javier Arenas, que mueve los hilos desde la parte más oscura de la tramoya. También con el vicesecretario Fernando Martínez Maillo. Y en alguna ocasión ha aparecido estelarmente la brigada mediática de Villarejo. Otra vez la sombra de los servicios clandestinos de inteligencia, que han derribado hasta a un presidente autonómico en ejercicio.

UN CONSEJO DE MINISTROS PELEADO

Lo que sucede es que Sáenz de Santamaría no ha logrado tanto control como para que estas primarias no estén aún abiertas. Su estrategia de poder lleva años levantado recelos en el mismo PP. Así es como surgió el grupo de oposición dentro del mismo Gobierno, el llamado G-8 de ministros liderado por el entonces titular de Exteriores, García-Margallo. Esta lucha se caricaturizó inicialmente como la eterna pelea entre los dos grupos de más élite de la Administración, los abogados del Estado y los Técnicos Comerciales del Estado. Soraya y su marido han pasado la más exigente oposición, la de abogados del Estado. Soria es un afamado “Teco”. Pero la pelea iba más allá.

Fruto de esa oposición, ayer se reunieron a almorzar ocho ex ministros de Rajoy en apoyo a Pablo Casado. Caídos Morenés, Margallo o Soria, figuras como Rafael Catalá, Cospedal, Dolors Montserrat, Juan Ignacio Zoido o García Tejerina han mostrado su nula simpatía hacia quien ha sido su jefa hasta hace poco

Soraya desde hace un año está a lo que está”, dijo amargamente Rajoy en los vapores de la tarde de la moción de censura en el restaurante Arahy. Sáenz de Santamaría estaba ajena a las confidencia del presidente, ocupaba su escaño, y su bolso el del Rajoy. Son muchas fuentes las que atribuyen a problemas personales la falta de acierto de Sáenz de Santamaría en el último año, que ha desembocado en el derribo de la era Rajoy.Mientras todo esto sucedía, “Rajoy miraba divertido los tortazos, pensando que mientras se dieran entre ellos a él no le iban a molestar”, explicaba un ex presidente autonómico del PP a Merca2.

Lo que es incontestable es que pocas personas han acumulado tanto poder y lo han perdido de una manera tan inesperada. El juego de patriotas de Soraya acabó con un repentino fundido en negro.

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