La sospecha planea sobre la familia De la Reina en la novela de Sueños de Libertad. La tragedia familiar ha sido transformada en un embrollo de engaños, movimientos furtivos y secretos enterrados. Damián, el cabeza de familia, está persuadido de una incómoda verdad: su hijo Jesús no se suicidó.
Begoña y Andrés siguen las pistas de un extraño pago a Ricardo Górriz, mientras ciertos personajes son tragados por las sucesiones de un pasado que se resiste a quedar olvidado. En el próximo capítulo se discuten las claves de una narración que enlaza crimen y traición, redención.
EL PAGO SOSPECHOSO

Begoña y Andrés han dado con un dato decisivo en Sueños de Libertad: Jesús había hecho un pago considerable a Ricardo Górriz poco antes de fallecer. Este hallazgo no es una mera casualidad, sino la punta de un iceberg que podría evidenciar una red de corrupción tras la cual, ambos sospechan que Jesús no era inocente en sus últimos días. Además, también se huelen que Górriz, un antiguo empleado con un pasado lleno de sombras, podría ser la pieza que necesita Andrés para poder entender qué fue lo que realmente pasó.
Cuando Andrés interroga a Irene, la hermana de Pedro, respecto a Górriz, el interrogatorio se convierte en algo sombrío, la incomodidad deviene cada vez más desnuda, cada pregunta la iría acercando más a un abismo del que no desea asomarse. «No sé nada de eso”, susurra, pero su tembloroso tono hace que de inmediato Andrés se percate de que su voz la delata. Lo que no sabe la mujer es que él ya tiene otra pista: un documento que pone a Górriz en conexión con operaciones financieras bastante poco lícitas en la empresa de mercadeo de Pedro.
Si eso llega a salir a la luz pública, no solo se manchará el nombre de Jesús; lo que le quede a la gente de su alrededor del último día de su existencia, también. Pedro, avisado por su hermana, se comporta con la frialdad de un hombre que está acostumbrado a enterrarle los problemas a la gente, llama a sus contactos y hace circular influencias. La guerra está declarada; y si Pedro tiene poder, Damián tiene algo más peligroso: el ímpetu de un padre que ya no tiene nada que perder.
LAS CONSECUENCIAS DEL ROBO

Robar la furgoneta fue un duro golpe para el proyecto que los De la Reina impulsaban para poner en marcha una venta a domicilio en Sueños de Libertad. Carmen acude a Don Pedro en busca de soluciones, pero se enfrenta a una respuesta inesperada por parte del empresario que declara muerto el proyecto; la desconfianza que muestra acerca de la viabilidad del proyecto deja a Marta y Tasio en una situación muy comprometida.
La tensión en el taller es muy fuerte y cuando Don Pedro se entera de que fue Claudia quien cometió el descuido que permitió el robo, estalla en cólera y lanza un “Esto no es un juego” a Marta, como si ella hubiera tenido también responsabilidad. Tasio, no obstante, no se da por vencido, sigue una pista que lo lleva hasta un almacén abandonado donde descubre la furgoneta y a alguien inesperado. El hallazgo comprobará lo que barajaba como hipótesis: el sabotaje fue intencionado y forma parte de una estrategia más amplia.
Fina es el refugio que busca Marta, entre las exigencias de Pedro y los problemas en casa. «Ya no sé cuánto más aguantar», confiesa, y la madre, Doña Clara, sigue criticando que no le hace caso y que siempre está haciendo otras cosas: «Nunca tienes tiempo para mí». Damián, de tanto recibir reproches, la corta de un soplido. Duelen las palabras, pero vale la pena. En esta casa es imposible fingir.
RELACIONES PELIGROSAS EN SUEÑOS DE LIBERTAD

Raúl, arrepentido por sus fallos en Sueños de Libertad, decide pedir perdón a María y solicitar la ayuda de Claudia para elegir un regalo, aunque esta, sospechando que para María no es más que un capricho, se rinde enseguida. A pesar de ello, pronto vienen a confirmarse las sospechas de Claudia: Raúl y María han vuelto a verse. Pero está vez se han quedado a solas en la cocina de los De la Reina como lo hacían antes. ¿Es amor de verdad o ha vuelto el juego del gato y del ratón?
Claudia los observa desde una distancia prudencial con una mezcla de preocupación y de rabia. Sabe que Raúl no es de fiar, pero también le parece que María disfruta con ese tipo de dramas. «No te metas donde no te ha llamado», le lanza Raúl en el momento en que se da cuenta de que los está observando. Pero Claudia no es la única que esté atenta. Manuela, la dueña de casa, escucha fragmentos de conversaciones y ve miradas furtivas. «Aquí huele a problemas», piensa, pero no dice nada. Después de todo, en esta casa, saber demasiado puede ser peligroso.
Andrés sigue avanzando con su investigación. Cuando llega a la parte donde halla un informe antiguo que relaciona a Górriz con sobornos y extorsión, Damián se queda pálido. «Jesús ha descubierto algo que no debía», murmura. La hipótesis se va fortaleciendo aún más: si Górriz fuese parte de una trama corrupta, y Jesús lo sabía, es factible pensar que su muerte hubiese podido ser un mensaje. «No fue un suicidio sino un asesinato», termina diciendo Damián, con los puños apretados. Pero demostrarlo significa enfrentarse a enemigos poderosos, enemigos que no son tales, y este vez, este una vez, no todos los De la Reina saldrán ilesos.

































































































