Con la llegada de verano tomamos muchas más cerveza, tintos y sobre todo refrescos, de cola o no. Pensamos que nos va a quitar la sed, pero lo único que hace es crearte más. Un chollo para los bares y restaurantes. Sin embargo, con la revolución light muchos piensan, centrándonos en la Coca-Cola, que si la tomamos light o Zero estamos libres de azúcares y por tanto de repercusiones en nuestra salud. Nada más lejos de la realidad. Si tomas un una light tu organismo vaya si lo nota, y te contamos cómo, justo una hora después de hacerlo, que es cuando se muestran todas sus consecuencias en el cuerpo. ¿Por qué una hora y no 15 minutos o 3 horas? Ahora te lo contamos.
¿POR QUÉ UNA HORA DESPUÉS?

No es que sea una cifra clave dentro de un proceso al tomar una Coca-Cola light, sino la temporalidad que escogió el farmacéutico Niraj Naik, en un estudio e infografía que se volvió viral en 2015. Mostraba cómo afectaba esta bebida más baja en azúcar y por tanto supuestamente sana en una persona en la primera hora posterior a su ingestión. Veamos los efectos, sabiendo que hay impacto a los 10, 20, 40 y 60 minutos.
LA COCA-COLA LIGHT AFECTA DENTRO PERO TAMBIÉN HACIA AFUERA

De hecho, a la hora de haber tomado una Coca-Cola light son tus dientes de los primeros que lo sufren, ya que sus componentes han atacado al esmalte de tu dentadura. Pero, como hemos apuntado, las consecuencias empiezan a llegar unos minutos después. Veamos: en los primeros 10 minutos el ácido fosfórico ataca el esmalte de los dientes mientras que los edulcorantes artificiales como el aspartamo atacan a nuestro organismo. El aspartamo puede activar los receptores del gusto y engañar al cuerpo para que piense que acaba de procesar azúcar. Luego llegan ya las consecuencias en otras partes de tu organismo…
UN PROCESO PAULATINO Y EN VARIOS PUNTOS

Avancemos otros 5 minutos. Hasta los 20 minutos de beberla, el farmacéutico comenta que nuestro cuerpo cambiaría a “un modo de almacenamiento de grasa” al desencadenarse la insulina.
A los 40 minutos, el estudio señala que la combinación de cafeína y aspartamo da como resultado «un subidón a corto plazo» señalando que si se bebe de forma regular, las excitotoxinas liberadas podrían hacer que el cerebro se agote y se sobreestimule.
Y llegando a la hora de haber ingerido la Coca-Cola light, el receptor se quedará más hambriento y sediento que antes y que es probable que acabe buscando comida basura o incluso otro refresco igual.
Pero, ¿entonces da igual tomar una Coca-Cola normal que una light o Zero? Veámoslo y comparemos…
¿CUÁNTO AZÚCAR TIENE UNA COCA-COLA NORMAL?

La Coca-Cola original, ahora conocida por todos como la versión normal de la marca, alejada de sus otras variedades, light y Zero, llama la atención por las grandes cantidades de azúcar que contiene.
Para hacernos una idea, una lata de 33 cl tiene en su interior 35 gramos de azúcar. En otras palabras, unos 5 sobres de la misma de los que usamos para el café. Esto hizo que la marca tuviera que adaptarse y crear nuevas variantes.
¿Y LA COCA-COLA LIGHT Y ZERO?

Coca-Cola Light, Coca-Cola Zero, Coca-Cola sin cafeína, Coca-Cola Zero sin cafeína, Coca-Cola Zero-Zero… E incluso Coca-Cola de café, aunque solo se comercializa en Japón. La variedad de refrescos de Coca-Cola que podemos encontrar en el mercado es enorme. Pero la light es la más habitual, sobre todo para aquellos que no quieren ingerir azúcares.
Y no, la light no tiene azúcar, pero si lo tiene. Y es que precisamente para sustituirla, se hace uso de edulcorantes, con lo que al final las consecuencias son parecidas, aunque eso sí, con algo menos de calorías. Pero muy lejos de bebidas verdaderamente sanas y sin azúcar como el agua o una infusión.
¿PEOR EL REMEDIO QUE LA ENFERMEDAD?

Por supuesto es mejor tomar una Coca-Cola light que una normal, pero insistimos en que incluso puede ser peor si al ser light te piensas que no tiene nada malo para tu cuerpo y tomas muchas más que si fueran normales. Y es que esos edulcorantes que le siguen dando el sabor dulce e irresistible contienen aspartamo y el acesulfamo potásico (del que luego hablaremos).
Es cierto que los edulcorantes no tienen aporte calórico ni nutritivo y por tanto no acumularemos grasa, pero los edulcorantes alteran la flora microbiana intestinal. Son compuestos no asimilables por los microorganismos que cambian la estructura de sus poblaciones, las cuales son vitales para mantener nuestro cuerpo saludable.
CUIDADO QUE DA MÁS HAMBRE

Es otro tema a tener en cuenta y que tiene que ver una vez más con los edulcorantes y la insulina. Y es que estamos engañando a nuestro cerebro. Cuando él nota que comemos algo dulce, cree que se trata de azúcar, por lo que envía señales al páncreas de la necesidad de producir insulina, que cuando llegue al torrente sanguíneo, verá que hay menos glucosa de la que el cerebro creía, haciendo que se lleve la poca que hay y dejándonos con unos niveles de azúcar demasiado bajos.
Por ello, nuestro apetito aumentará y pediremos comer más. Además, estamos forzando al páncreas a producir insulina cuando esta no es necesaria. Puede ocurrir al final que el remedio sea peor que la enfermedad si no nos controlamos, comiendo más, aumentando de peso y volviendo a la casilla de salida.
LA COCA-COLA LIGHT Y EL ACESULFAMO K

Al hilo de lo dicho anteriormente, los últimos estudios esclarecen que los edulcorantes artificiales podrían también contribuir al desarrollo de diabetes y obesidad. Una de las claves es el acesulfamo K. Es conocido como E.950 y se trata de un compuesto químico de 200 veces aproximadamente más dulce que el azúcar.
Está presente en la mayoría de las bebidas sin azúcar, además de en las versiones originales de muchos de ellos, principalmente de la compañía, como Fanta, Coca-Cola, Nestea, Aquarius y Sprite.


























































































