“Sueños de libertad” se mantiene en plena ebullición, construyendo un sinfín de emociones, traiciones y giros inesperados que mantienen al público con la preocupación en la mente y el corazón. Cada capítulo es un torbellino de sentimientos encontrados, en el que los personajes bailotean entre el amor, la venganza y la redención. En el episodio del martes 15 de julio, las tensiones han ido in crescendo: desde los poderes de formas de la familia Merino, hasta los corazones que palpitan a una en la sombra. Sin duda, es la conexión entre Damián e Irene la que acapara la atención, haciendo la pregunta que siempre está presente: ¿Cuánto llegará esta conexión?
DAMIÁN E IRENE, UNA ALIANZA PELIGROSA

La conexión entre Damián e Irene es innegable en Sueños de Libertad. Pero ¿qué hay tras las miradas compinches y las confidencias entre ambos? En un entorno en el que la soledad es la nota dominante del paisaje, ambos han encontrado en el otro un refugio inesperado. Tras su enfrentamiento con Andrés, Damián decide cambiar de estrategia y se aproxima a Luis, aunque su actitud genera suspicacias en Digna.
Y, por otro lado, Irene afianzada por la figura de Cristina, parece encontrar en Damián a la persona que la escucha. Sus confesiones pueden ser el preludio de una relación amorosa o la semilla que da pie a una traición futura. En Sueños de Libertad, las emociones nunca se retratan en la simpleza, y esta relación resulta ser una de las tramas más volátiles de la temporada.
La imagen del café que ambos comparten en la plaza del pueblo no es en absoluto casual: las palabras que pronuncian están llenas de dobles sentidos, como si ambos estuvieran queriendo tantear al otro en la conversación, mientras que Damián expresa «empezar de nuevo», Irene aguanta la mirada mezclando expectación y cautela. ¿Llegará este momento a ser el instante de cruzar la frontera de la amistad? O bien, al contrario, ¿aquel momento está siendo una pugna en la que cada uno intenta medir los puntos de fuerza de un combate repleto de intenciones o de dobles juegos?
La afirmación de que Digna ha avisado a Luis acerca de las «buenas intenciones» de Damián aumentan y avivan el fuego del que ya se va haciendo eco, a lo que se añade: ¿está precisamente ella avisando y protegiendo a su familia, o por el contrario se siente celosa, en el sentido de estar desconfiada de que en su sobrino se gesta una nueva complicidad con Irene? La tensión entre los Merino y las gentes del pueblo hacen estallar el momento de un enfrentamiento, y Damián se está convirtiendo en el centro de la atención.
En caso de que lleguen a ser amores, nos toparemos con una guerra silenciosa a la que se le unen los momentos en que las dos familias más poderosas del pueblo se encontrarán. Pero hay un hecho que no hay que perder de vista: la imagen de cómo sonríe Irene cuando Damián no la mira. Ésta es una sonrisa genuina, de esas que no se pueden fingir.
UN TRIÁNGULO CARGADO DE TENSIÓN

Gabriel pone en marcha una pequeña campaña silenciosa en Sueños de Libertad para ganar el corazón de Begoña al defender a Diosdado, el atracador del dispensario. Aunque Don Pedro rechaza la retirada de la denuncia, la jugada no pasa desapercibida para Begoña, que comienza a advertir en Gabriel un aliado inesperado. Sin embargo, Andrés no está dispuesto a quedarse de brazos cruzados. Los celos le llevan a confrontar a Begoña y a acusar a Gabriel de tener segundas intenciones.
La reacción de Begoña es significativa, defiende a Gabriel con un grado de firmeza que deja a Andrés sin palabras. Sabemos que Andrés sufre por eso, pero ¿está naciendo entre ellos algo más que amistad o solo gratitud? ¡Pero es que, además, Don Pedro le encarga a Marta que indague sobre Gabriel, siempre envuelto en el misterio! En el procedimiento de las apariencias, un paso en falso puede desencadenar un terremoto emocional.
La escena del paseo de Gabriel con Begoña para ver caer la tarde como lo hacen las olas sobre la orilla del río es un momento importante. Este habla de las segundas oportunidades y ella, por primera vez desde hace semanas, comienza a bajar la guardia. Hay un silencio que es incómodo, pero cómplice a la vez, como si ambos supieran que estaban jugando con fuego.
Don Pedro, por su parte, no es un ser humano que actúe a su libre albedrío. Si ha solicitado a Marta que se ponga a indagar sobre Gabriel, es que lo presiente sospechoso. ¿Estará el pasado de Gabriel más oscurecido de lo que se muestra? Begoña, “la mujer atrapada entre dos hombres”, y sometida a las sombras de sus propias dudas, tendrá que decidir pronto entre uno u otro hombre.
Lo más curioso de todo ello es que Gabriel parece interesado en Begoña, pero por los métodos que utiliza puedes llegar a pensar que no es capaz de amar sin manipular. La respuesta a esa pregunta puede llegar a sentenciar no ya sólo su futuro, sino el de toda la gente que le rodea. Ahora por lo pronto el triángulo Gabriel-Begoña-Andrés se está convirtiendo en una bomba de relojería y el próximo capítulo nos llevará aún más hacia su explosión.
BELTRÁN Y CRISTINA EN SUEÑOS DE LIBERTAD

Beltrán vuelve a la carga con la clara intención de rescatar a Cristina. Sin embargo, su manera de actuar no tiene nada de romántica, ya que en el momento en el que él le pide que ella le perdone a él, lo que utiliza es su propia manipulación dentro de esta relación, en la que Cristina, en la que tiene especialmente a Irene apoyándola, acaba dando una respuesta que puede marcar el rumbo de su vida.
Este enfrentamiento no solamente hace que se defina el futuro de la pareja, sino que reafirma, evidentemente, la amistad entre Cristina e Irene, porque en un mundo en el que los hombres se convierten en los dominadores que intentan controlar, en Sueños de Libertad las mujeres comienzan a alzar la voz, ya que mientras Luz vive las frustraciones de la vida laboral, Gema sufre la rebeldía de Teo.
Todo lo que explica lo que hace que Cristina lo mire en el instante en el que Beltrán le pide perdón es testimonio de que: no hay amor en su mirada, sino únicamente cansancio, ya que ella ya no es la chica que había creído en sus promesas. En la puerta, Irene contempla la escena con una mezcla de orgullo y preocupación.
Al ser inaceptado, Beltrán utiliza su última visión: la culpa. «Sin mí, no vales nada», le dice. Es un viejo truco, aquí funciona, y durante unos segundos Cristina se detiene. Sin embargo, es Irene quien la rescata recordándole que el valor no depende de un hombre. Este momento puede ser el detonante en la historia de Cristina e incluso la de muchas mujeres del pueblo que han vivido en la resignación.
El desenlace del capítulo acaba en un interrogante inquietante: ¿qué hará Beltrán sin el control? Un hombre como él tiene un ego herido; será capaz de lo que sea a medida que se va sintiendo acorralado. Cristina e Irene deberán estar preparadas porque la guerra apenas empieza.





















































































