El mundo sénior puede comportar experiencias tan intensas como retadoras, y uno de los retos más silenciosos es el de la soledad no deseada. Cuando se desgastan las relaciones, cuando los amigos o la familia están lejos, cuando se modifican las rutinas, muchas personas mayores pueden encontrarse ante situaciones de aislamiento, aun viviendo rodeadas de gente. Es dentro de ese vacío emocional donde deviene urgente empezar a buscar alternativas habitacionales que no solo ofrezcan un techo, sino la posibilidad de establecer vínculos, de pertenecer a una comunidad y de mantener la dignidad.
VIVIENDA COLABORATIVA SÉNIOR

Cuando nos referimos al cohousing o comunidades colaborativas no lo hacemos únicamente en cuanto a compartir un espacio físico, sino en un nivel de generar una trama afectiva y a la vez funcional entre las personas sénior que comparten ese espacio, mayormente entre el público sénior. En el Estado español este modelo se está «popularizando» en los últimos tiempos: se habla de decenas de proyectos en marcha y algunos de estos proyectos son solo para personas mayores, mientras que otros son intergeneracionales.
Este modelo tiene una serie de ventajas. En primer lugar, trata de cómo se puede garantizar la autonomía personal, ya que toda persona tiene su vivienda privada, pero al tiempo parte de unos espacios comunes (cocina, zonas de estar, zonas verdes) a partir de los cuales se pueden generar encuentros; la convivencia dejará de ser simplemente una habitación más para pasar a ser una comunidad adrede, donde la parcelita del encuentro y el cuidado mutuo se encuentran en el centro del modelo comunitario.
Este modelo dirigido a los sénior también puede incorporar las adaptaciones necesarias, ya sea servicios básicos, accesibilidad, acompañamiento en algunos trámites, actividades conjuntas, etc. El modelo de cohousing no vendrá a sustituir una residencia asistida, pero sí puede evitarnos que las personas mayores tengan que acabar en una institución porque no hay alternativas. Habitar en comunidad no significa dejar de ser dignos, sino significar aumentar la solidaridad y el cuidado mutuo.
MÁS ALLÁ DEL COHOUSING

Un sistema de compartir piso o vivienda entre personas mayores que, por necesidad o afinidad, deciden convivir; la complementariedad es clave: quien necesita compañía aporta compañía; quien tiene un ritmo de vida más activo puede aportar ayuda puntual, y entre ambos se establece un equilibrio de reciprocidad. En ciudades como Tarragona, hay iniciativas privadas que han creado viviendas compartidas para personas mayores en las que se prioriza el bienestar emocional y la convivencia.
Diferenciarse y conectar generaciones es otra alternativa: una persona mayor acoge como inquilino a una persona más joven (o a una familia) en espacios cedidos o compartidos, con acuerdos de convivencia solidaria. De este modo, se intercambian compañía, ayuda, apoyo, y ambas partes se benefician. En Madrid, por ejemplo, con el programa “Compartiendo casa, compartiendo vida”, se promueven estos intercambios entre personas mayores de 65 años y familias con situación de vulnerabilidad.
Este modelo tiene el poder de reconstituir tejido social: hace desaparecer la barrera generacional, hace visible a la persona mayor al mismo tiempo que le ofrece una opción de vivienda a aquellas personas que la requieran. Obviamente, precisa de acompañamiento institucional, de mediación, y de seguimiento para que la convivencia sea placentera, respetuosa y equilibrada.













































