Desde el comienzo de su andadura, la serie en la cadena Antena 3, ‘Sueños de libertad’ ha sabido aplicar una fórmula que mezcla el carácter íntimo, el drama humano con secretos, sorprendentes giros argumentales, y los entrañables personajes que los protagonizan. Sin embargo, cuando guardábamos la esperanza de que algunas heridas empezaban a curar, la historia vuelve a retemblar con una nueva noticia que ha puesto sobre aviso a sus seguidores más fehacientes: el retorno de Santiago Ojeda, al que da vida Gabriel de Mulder, ahora para volver a abrir una de las etapas más oscuras de la historia de Fina y, por si no fuera suficiente, marcar el rumbo emocional de los capítulos por venir.
EL REGRESO DEL MIEDO DE SANTIAGO EN «SUEÑOS DE LIBERTAD»

Cuando un personaje tan “desestabilizador” como Santiago regresa a escena, lo hace con una intención clara de tipo narrativo: traer del pasado y/o alterar el presente. Santiago no es un simple antiguo vendedor de Perfumerías de la Reina; Santiago es la representación de un trauma que supuso un antes y un después para la vida de Fina. Su obsesión, sus amenazas, la violencia ejercida sobre Fina y la complicidad del entorno social, etc. dejan su marca en el imaginario colectivo de la audiencia.
Desde que lo había dejado atrás en Toledo -marchándose por culpa de Damián mediante un bocado y amenazas- la serie había eludido el nombrarlo directamente, aunque su sombra no haya llegado a desaparecer jamás. En cada momento de vulnerabilidad de Fina, en cada iniciativa de Marta a favor de su protección, hay un momento de Santiago como un fantasma latente. Su regreso pone de manifiesto miedos que las protagonistas pensaban no tener.
El personaje de Santiago se erigirá en su momento en «Sueños de Libertad», al igual que contaba la denuncia con relación a Fina por su relación con otra mujer en una sociedad tan condenada a la desolación, en una figura opresiva, en el plano personal e igualmente como símbolo de la opresión vigente y de una represión social. La denuncia por parte de Santiago con consecuencias de prisión y de agresión y el proceso de su denuncia contra la violencia, en cuanto a la ruptura de la esperanza y de la violencia cotidiana en forma de intriga social, sería finalmente una herida que se vuelve a abrir.
Pero lo más inquietante del personaje de Santiago al respecto es saber el misterio de por qué llega a salir, regresa y vuelve a presentarse. ¿Lo hace por venganza?, ¿lo hace por chantaje?, ¿lo hace por redención o por una relación de fuerza?, ¿o se trata de poca cosa con una pieza más de una partida de poder?, ¿de algo que se mueve en la sombra? Las respuestas llegan en relación con los siguientes capítulos, como lo de la tensión o la servida.
UNA LÍNEA FINA ENTRE LA LUZ Y LA SOMBRA DE SU PASADO

Hasta ese momento, la evolución de Fina en la serie representaba un verdadero ejemplo de fortaleza de carácter. Tras haber pasado por lo indecible, su narración parecía encontrar un equilibrio: lejos del entorno tóxico que había dejado atrás, centrada en su pasión por la fotografía y acompañada del amor incondicional de Marta, empezaba a construir su futuro desde la luz. La entrada de Santiago, en cambio, puede hacer que se desplome de una manera repentina ese frágil equilibrio conseguido.
La fotografía se había transformado no solo en su salida en «Sueños de Libertad», sino en una vía posible de profesionalización; es una verdadera metáfora de la reconstrucción. Para Fina, captar la realidad con su cámara era la manera de reinterpretar el mundo desde su propia mirada, una mirada libre de violencia, sin que sintiera miedo. Pero esa libertad, frágil y reciente, puede florecer, romperse de nuevo cuando regresa, el que la hizo expropiarse totalmente en el pasado.
La marcha temporal de Fina, que será justificada en el guion por esa nueva amenaza, es una muy buena salida que al mismo tiempo representa algo más, símbolo de que las heridas necesitan más tiempo para curar, que incluso aquellos personajes bastante fuertes necesitan separarse para poder vivir.
EL AMOR REFLEJADO A UNA NUEVA EMBESTIDA

Marta y Fina han sido, quizás, las más valiosas de las historias que constituyen la narración de Sueños de libertad. Un amor que se forja en las tinieblas, se afianza en la adversidad y se protege a sí mismo bajo el disfraz de un matrimonio de conveniencia con Pelayo. Esta historia, por supuesto, ha subvertido las convenciones de las costumbres y de la época. Pero todo amor, por fuerte que sea, puede tambalearse y ser puesto a prueba cuando el pasado alcanza repentinamente la fuerza de un huracán.
La llegada de Santiago, que en su momento desencadenó la detención y maltrato a Fina, no solo amenaza con activar los traumas pasados de la pareja, sino que puede hacer tambalear la fortaleza emocional de Marta, que la ha sostenido hasta entonces. ¿Podrá mantenerse en pie una vez más cuando el miedo asalte la puerta con los metales desgastados de un bombardeo? ¿Qué sucederá con la relación? ¿Qué devenir tendrá después de esta crisis, de esta prueba? ¿Qué sucederá con su compromiso? ¿Con su deseo de futuro?
Las escenas que vendrán —obviamente tensas y emocionalmente tensionadas— no dejarán de ser una prueba para la madurez de todas ellas. Tantas y tantas cosas vividas… Las espectadoras se preguntan: ¿están listas las dos para enfrentarse de nuevo a su mayor adversidad? No solo como pareja, sino como personas que han aprendido a sobrevivir a costa de renuncias muy importantes.























